Restorán de la semana

RESTORÁN DE LA SEMANA

L’incontro

El restaurante inicia una nueva etapa en manos de Riccardo Manzanares y Rubén Falcone que, sin perder la esencia que marcó la etapa de Enzo, la actualizan poniendo el acento en el producto valenciano.

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Lejos del epicentro de València y de las modas pasajeras, Enzo abrió en 1997 L’Incontro y durante tres décadas consolidó una propuesta de cocina italiana que lo convirtió en un referente para una clientela fiel, dispuesta a cruzar la ciudad hasta la avenida Tres Cruces para disfrutar de sus pastas frescas. Podría haber quedado en el olvido o convertirse en una barbería o una tienda de uñas —hay muchas por el barrio—, pero tuvo una mejor suerte: Riccardo Manzanares y Rubén Falcone tomaron las riendas del restaurante en septiembre. La decisión no fue impulsiva: conocían su historia, su clientela, y tenían la experiencia necesaria para dar el salto.

 

Los dos jóvenes son de Italia —Riccardo de Milán y Rubén de La Puglia—, vivieron en el extranjero y trabajaron en distintos proyectos hasta que el destino los trajo a València, donde coincidieron en Santa Rita. Riccardo estaba al frente de la cocina y Rubén de la pizzería. Allí no solo consolidaron su técnica, sino también una forma de entender el oficio basada en el control del producto y el ritmo de la cocina y el servicio. Esa experiencia, aseguran, fue clave para afrontar su primer proyecto propio: “Sabíamos que teníamos el potencial y la preparación para hacerlo bien. Venimos de muchos años de experiencia y de gestionar cocina, así que no era algo improvisado”.

 

Decidieron construir algo propio, pero el reto no era sencillo: suponía continuar el legado de un restaurante con más de treinta años de trayectoria. No se trataba de romper con el pasado ni de perpetuarlo sin más, sino de apostar por una evolución gradual en la que su impronta quedara reflejada. “No puedes hacer un cambio radical. Tiene que ser poco a poco. Mantienes la línea y vas introduciendo pequeños cambios hasta que el cliente los percibe”, explican. En su propuesta no buscan una cocina excesivamente elaborada, sino que apuestan por una cocina reconocible y cercana. “No queremos una cocina demasiado gourmet. Queremos que la gente venga a comer como si estuviera en casa de su abuela”. Por ello, las raciones son abundantes, los sabores reconocibles y el ambiente cercano.

 

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Italia con acento valenciano

Sobre esa base, Riccardo y Rubén han empezado a definir una cocina italiana que dialoga con el entorno. La carta habla italiano, pero con cierto acento valenciano. De esta forma, alcachofa, tomate, gamba, trufa, guanciale y prosciutto se combinan en recetas que reinterpretan grandes clásicos y aportan nuevos matices. Así, se puede probar pasta con alcachofa y guanciale; pasta con setas y trufa, que se termina en sala mantecada en queso; orecchiette —típica del sur de Italia, especialmente de Puglia, de donde es Rubén— o su carbonara, que elaboran con crema de yema, pecorino, pimienta y trufa.

 

A diferencia de la anterior etapa, aquí la pizza adquiere un protagonismo importante. Con una quincena de variantes, sigue la misma lógica que las pastas, pues combinaciones menos habituales y propuestas fuera de carta amplían el repertorio clásico. Por ejemplo, su pizza de mozzarella, patatas al horno, longaniza, cacio y pimienta negra. Además, según el producto de temporada, tienen otras propuestas.

 

Entre esas nuevas incorporaciones destaca el padellino —que en carta presentan como focaccia—, una masa de larga fermentación elaborada con prefermento de biga y más de 48 horas de reposo. El resultado es una base ligera y digestiva que les permite explorar combinaciones como alcachofa y guanciale o burrata con trufa. “Es un producto que requiere mucho control y tiempo, por eso no es habitual verlo”, explican. Lo cierto es que funciona como un buen punto de partida para la comida junto a sus carpaccios, como el de pulpo o el de gambas con guacamole cítrico y vinagreta. ¿Y para terminarla? Su tiramisú, un clásico que en sus manos adquiere nuevos matices: la receta ha sido trabajada, ajustada y compartida entre ambos hasta encontrar una versión propia. Otra opción son los helados, que ellos mismos elaboran.

 

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Trato familiar y cercano

Más allá de la carta fija, el restaurante se revela a través de sus propuestas fuera de carta. Cada semana —y casi cada día— se adaptan al producto para ofrecer platos que llevan su impronta y esa nueva chispa que define a esta etapa de L’Incontro. “Nos gusta cambiar, sorprender. Así el cliente siempre encuentra algo nuevo”, comentan. Es ahí donde se percibe con mayor claridad la personalidad del proyecto, que a medida que pasan los meses se hace más evidente, siempre desde una evolución natural. También en los pequeños gestos: una pasta terminada en sala, una recomendación directa del camarero, una conversación que va más allá de la elección del comensal. Aquí hay cercanía y hospitalidad. “Queremos que la gente se sienta como en casa de su abuela”, vuelven a insistir. Por ello, la oportunidad de seguir el legado de Enzo fue idónea: “No queríamos estar en un sitio de paso. Aquí la gente viene, se sienta, disfruta y valora el trabajo”.

 

Riccardo y Rubén llevan pocos meses al frente y su proyecto está en proceso, pero los cimientos están claros y la dirección también. Han decidido crecer con calma, rodearse de una clientela fiel y ser fieles a una cocina honesta, técnica pero sin exhibicionismo, y a una idea muy concreta de lo que significa salir a comer: disfrutar de una cocina italiana honesta, llena de matices y rica en sabor en un entorno relajado.

 

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Av. de les Tres Creus, 79. 46014 València

Telf: 963 77 04 87

Menú mediodía (de lunes a viernes): 20 euros (bebida a parte)

Precio a la carta: 20-30 euros

 

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