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James Rhodes: “Bach y Beethoven fueron los Bob Dylan o los Mick Jagger de su época”

14/06/2018 - 

VALÈNCIA. El 24 de mayo de 2018 está marcado a fuego en la memoria del pianista James Rhodes (Londres, 1975). No se trata de la fecha de publicación de su último libro ni de la velada en la que celebró un concierto especialmente exitoso, sino del día en el que descubrió la existencia de la merienda, tema al que incluso acaba de dedicar un extenso artículo. “Es maravilloso, resulta que puedo comer siete veces al día, no solamente tres. Aunque mi favorita es la recena, ¡una segunda cena! Es increíble”, explica entusiasmado a Cultur Plaza. Y es que, el también escritor y divulgador musical se aproxima con la misma pasión a la La Chacona de Bach y Busoni - composición que según confiesa le salvó la vida- que a los pequeños descubrimientos sobre la cotidianeidad madrileña que lleva realizando desde que se instaló en la capital española hace aproximadamente nueve meses.

Considerado actualmente uno de los máximos renovadores de la música clásica, Rhodes aborda este género desde una perspectiva rebelde, desenfada y carente de convencionalismos. Así, a través de sus multitudinarios conciertos, trata de despojar a esas melodías que tanto le apasionan de los corsés formales que a menudo las sitúan a 309.785 kilómetros del gran público. 

El amor incondicional que siente hacia la música clásica quedó patente en su primer y exitoso libro Instrumental (Blackie Books, 2015) una desgarradora biografía en la que relata su experiencia como víctima de abusos sexuales durante la infancia y desvela cómo esa melomanía tan especial que profesa le ayudó a sobrellevar las secuelas físicas y psicológicas que las agresiones le habían provocado. Porque para este londinense las piruetas sonoras de Brams, Schubert o Chopin son sinónimo de empaparse de vida. ¿Y quién no desea que la existencia le cale hasta los huesos? De momento, sus fans valencianos están de enhorabuena, pues James Rhodes acaba de anunciar que actuará el próximo 15 de noviembre en el Palau de les Arts Reina Sofía. 

-En la actualidad, te has convertido en uno de los grandes divulgadores de la música clásica. ¿Crees que cualquiera puede llegar a amar este tipo de melodías si les da una oportunidad? ¿El hecho de que no haya más aficionados se debe simplemente al desconocimiento?
-Todo el mundo, ya sean niños o adultos, debería escuchar más este tipo de composiciones. Desde mi punto de vista, el proceso tendría que empezar en los colegios, pero no hay suficiente dinero para invertir en educación musical. Siempre digo que la música clásica en sí misma es maravillosa, es la presentación la que resulta un desastre. 

-Al tratarse de un campo tan vasto y diverso quizás parece algo abrumador para un recién llegado a esos lares sonoros.
-Es que, tal y como está planteada la música clásica en la actualidad, es muy difícil saber cómo empezar con ella, cómo acercarse. Por eso, una de las cosas que siempre intento es hacer que mis conciertos resulten acogedores y tan accesibles como sea posible, que los espectadores se sientan bienvenidos incluso aunque nunca hayan estado en un espectáculo de este tipo. Quiero que cuando vengan puedan relajarse y simplemente cerrar los ojos y desaparecer durante unos minutos mientras escuchan la música”.

-Parte de tu labor divulgativa se basa en abordar distintos episodios vitales de los músicos más relevantes, explicar sus motivaciones y desvelar sus éxitos o tragedias personales. ¿Conocer mejor a estos artistas, para nosotros lejanos en el tiempo, constituye una vía para crear vínculos con su obra, de despertar cierta complicidad?
-Claro, si aportas algo de contexto, si haces que los compositores resulten más cercanos y familiares a la gente es mucho más fácil establecer lazos con ellos. Estos tíos fueron las estrellas del rock originales, lo digo en serio. Liszt, Bach o Beethoven fueron figuras revolucionarias, fueron los Bob Dylan o los Mick Jagger de su época y vivieron vidas asombrosas. 

-En alguna ocasión anterior has comentado que tu objetivo es lograr que la música clásica deje de ser tan elitista. ¿Crees que estás alcanzado esa meta?
-Es difícil cambiar algo tú solo, siempre se necesita ayuda y, de nuevo, la educación musical resulta esencial para ello. Pero creo que los profesionales de la industria musical podrían hacer mucho más. Por ejemplo, yo estuve tocando en el Sónar hace un par de años y también he actuado en otros festivales porque pienso que este tipo de intervenciones pueden marcar la diferencia. Por supuesto, me encantaría lograr que la música clásica fuera mucho menos elitista,ojalá... En mi opinión, la forma en la que podemos hacer esto es eliminar algunas de las normas que rigen los conciertos de música clásica: qué ropa debes vestir, cuándo debes aplaudir, en qué lugares se puede actuar y en cuáles no… Es necesario que traslademos estos ritmos a cualquier tipo de evento, que los artistas podamos interpretar llevando pantalones vaqueros, por ejemplo, que interpelemos a la audiencia e interactuemos con ella. Se trata, esencialmente, de conseguir que la música clásica se vuelva más inclusiva.

-Una puede ser aficionada al pop, al rock o al country sin considerarse a sí misma una experta, simplemente como una forma de pasar el tiempo libre. Sin embargo, está muy extendida la visión de que para disfrutar de verdad de la música clásica es necesario ser más o menos especialista en ella.
-Hay que reivindicar con toda la fuerza que sea posible que la música clásica pertenece a todo el mundo, igual que el pop. No es necesario ser un experto para escucharla o incluso amarla. 

-En otros géneros es habitual que los intérpretes creen sus propias canciones. ¿Te planteas el componer melodías clásicas o te sientes cómodo únicamente con la interpretación?
-De momento únicamente me veo a mí mismo interpretando obras de otros, tocando el piano, pero quién sabe más adelante, quizás algún día… No voy a decir que nunca vaya a componer mis propios temas, pero, al menos, no todavía. 

-Desde hace años hablas de una forma muy abierta sobre los problemas relacionados con la salud mental, pero ¿crees que esta cuestión todavía constituye un tabú para la mayor parte de la población?
-Lamentablemente sigue siendo así, aunque está yendo a mejor. Considero que sí que se está volviendo cada vez más sencillo hablar de algunos aspectos relacionados con la salud mental, por ejemplo, mucha gente empieza a compartir en público que sufre depresión o ansiedad. Pero otras cuestiones, como las autolesiones o el suicidio, siguen siendo un tabú. Deberíamos ser capaces abordar estos asuntos de un modo mucho más abierto.

-En tu último libro, Fugas (Blackie Books, 2017), abordas esos momentos en los que la vida diaria se vuelve insoportable y creemos que nada vale la pena. ¿Cómo se logra sobrevivir a esos instantes?
-Bueno, todos tenemos esa clase de momentos, ¿no es cierto? Cada uno de nosotros ha experimentado alguno de esos días en los que la vida nos parece demasiado difícil. La verdad es que no sé cómo es posible sobreponerse a ello y seguir adelante, supongo que simplemente hay que aguantar y confiar en que la oscuridad se vaya, porque siempre acaba yéndose. Hay que mantener la esperanza.

-A raíz del caso de La Manada, en los últimos meses se ha vivido en España un debate colectivo en torno a la cultura de la violación y la criminalización de las víctimas de abusos sexuales. ¿Consideras que se está avanzando en estos temas o todavía queda un largo camino por recorrer?
-Sin duda, aún falta mucho por hacer. Es más, creo que todo el sistema parece apoyar esa criminalización de la víctima: las leyes, los jueces, los abogados…todo el sistema legal en su conjunto. Se tienen que producir cambios enormes en ese estamento, pero la mentalidad de la sociedad también debe evolucionar. 

-Según defiendes tú mismo, no es necesario aspirar a la perfección basta con ser suficientemente buenos, pero vivimos en una sociedad que constantemente nos empuja a buscar esa perfección…
-En efecto, es terrible, ¿verdad? Especialmente si hablamos de redes sociales…Creo que hoy en día debe de ser muy complicado ser adolescente, no sé cómo lo consiguen: tienes que estar delgado, en forma, tu vida debe parecer perfecta, has de llevar la ropa adecuada…Resulta insano. A menudo tratamos de simular en Instagram que nuestro día a día es maravilloso, pero no es cierto, la existencia humana es imperfecta, desastrada y confusa…Debemos aceptarlo y dejar de fingir lo contrario.

-Del mismo modo, a veces parece que no tengamos derecho a estar tristes o desanimados, se impone por decreto ser felices y productivos. 
-¡Exacto! Es una locura, las personas no estamos preparadas para vivir de esa manera…Sinceramente, creo que la única solución para cambiar esa tendencia es que los seres humanos seamos capaces de actuar de una forma más honesta con nosotros mismos y con los demás. 

-Hace algunas semanas, publicaste un artículo en El País en el que loabas los pequeños placeres cotidianos de tu vida en Madrid. El texto, que destilaba optimismo, causó bastante revuelo: muchísima gente lo alabó, pero también hubo quien te criticó por dar una visión demasiado edulcorada de nuestra realidad.
-La verdad es que esa polarización me sorprendió, no sé por qué motivo sucedió…Pero creo que siempre va a haber ‘ofendiditos’. Incluso si hubiera escrito lo contrario, seguro que esa gente que protestaba por mi texto habría protestado igual. Todo lo que yo quería era explicar lo mucho que amo, no sólo Madrid, sino también España. La gente puede sentirse molesta cuando yo escribo algo, por supuesto, pero la verdad es que me resultó bastante extraño.

Lo cierto es que yo me siento mucho más relajado en España que en otros lugares: la cultura, las rutinas, las costumbres… todo ello me ayuda a estar a gusto, siento que para mí funciona. Así que, ¿por qué no iba a querer formar parte de ello? Pienso que en Inglaterra y Estados Unidos se han tomado sendas muy equivocadas, pero aquí parece mucho más sencillo vivir. No sé por qué sucede, pero es así. 

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