X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información
GRUPO PLAZA

LOW 2016 

Low Festival: cómo reinterpretar el modelo de la gallina de los huevos de oro  

Una nueva edición del Low Festival se celebra este fin de semana en Benidorm con Suede, Los Planetas, 091 o Hot Chip como principales atractivos

28/07/2016 - 

VALENCIA. Hubo un tiempo en el que era síntoma de lúcida brillantez alzar la voz y denunciar que, salvo honrosas excepciones, todos los festivales de este país estaban, no sólo cortados, sino concebidos, diseñados, fabricados y presentados por el mismo patrón; lo que, por otro lado, convertía al consumidor en una amalgama fácil de satisfacer. Bien, ahora ya lo sabemos todos. Y nos da igual, al parecer. Al final, todo se asemeja bastante a la filosofía de baratillo del Joker de Christopher Nolan: nadie se alarma cuando las cosas salen según lo planeado, aunque el plan sea aterrador. A la española. Si la mayoría de los votantes de este país eligen hasta dos veces (y quién sabe si tres) lo malo conocido ante cualquier otra opción, no es difícil adivinar que ocurre algo muy similar en el apartado del ocio cultural.

Hacer alguna concesión mínima al riesgo o, peor aún, echar mano de boutades disparatadas como único síntoma de cambio en el plan de actuación son dos de las tendencias que se empiezan a identificar como parte del procedimiento de perpetuación del sistema. El Low Festival, que este fin de semana celebra una nueva edición en Benidorm, opta por la primera de las opciones; su cartel, que últimamente sigue una línea en la que aparentemente trata de alejarse con sensatez, pero sin excesos, del tonto el último festivalero, ofrece algún que otro atractivo diferente entre las manidas piezas del negocio de los festivales en verano.

Extraños compañeros de cama: 091, Marky Ramone… y Love of Lesbian

“No es la política la que crea extraños compañeros de cama, sino el matrimonio”, decía Groucho Marx. Más extraños los crean carteles como el del Low este fin de semana. Resulta especialmente desconcertante observar un cartel en el que 091 comparte tamaño y coordenadas con Vetusta Morla y The Kooks; no hablemos de lo que sufren las córneas si recorren la distancia que hay entre los granadinos y Love of Lesbian, por ejemplo. El grupo de los Lapido y compañía ha vuelto de las tinieblas de los noventa y, en su regreso a los escenarios, han decidido que los festivales son un entorno tan bueno como cualquier otro para tocar.

Entre las anacronías vitales del Low destaca también la presencia de Marky Ramone y su Blitzkrieg: 40 years of punk. Acompañado lujosamente por Ken Stringfellow (R.E.M., The Posies, Big Star), el batería ya estuvo presentando las mismas canciones de siempre -es decir, las de los Ramones- en el Azkena Rock de esta temporada. En Benidorm le tocará defender su set el mismo domingo en el que también se suben al escenario Miss Caffeina y Carlos Sadness; no tiene pinta de que le vaya a costar demasiado hacerlo. Desde luego, atendiendo a su setlist, no tendrá los problemas que sufrió Kiko Veneno en el último SOS. Tampoco es desdeñable la coincidencia vital de Black Lips, representantes norteamericanos del garage-punk asilvestrado, con los murcianos Second.

Belako y la vida inteligente del indie

No hay que perder la esperanza. Bajo la lógica nietzscheiana, vivir es sufrir y sobrevivir es encontrarle significado al sufrimiento. En este caso, el significado para sobrevivir a tanto sufrimiento de corte fordista son algunas de esas concesiones alejadas del radicalismo indie mercantil. Entre todos esos nombres, destaca especialmente la presencia de Belako. Con sólo dos discos publicados, la jovencísima banda de Bizkaia ha pasado de alegre promesa a realidad indiscutible: existe vida inteligente en el indie nacional (sobre todo si se mezcla acertadamente con post punk).

Junto a los vascos, hay una notable representación que abunda en la misma agradable esperanza. Encabezada por Pablo Und Destruktion, cuyas dos últimas referencias discográficas lo sitúan en la zona más recomendable de la etiqueta indie (si es que existiera esa zona más allá de Radio 3 y de la FNAC), hay una representación más que notable del buen producto español; junto al cantante asturiano destaca la presencia de algunos de los mejores directos nacionales del momento, cada uno de su madre y de su padre, tales como los de León Benavente, El Último Vecino, Juventud Juché o Los Nastys

Cabezas de cartel: no surprises

En el otro extremo, lejos de Belako o Los Nastys, rebosantes de descarada juventud, se encuentran los grandes nombres del Low; siguiendo la nueva medicina del FIB (y hay que agradecerlo si tenemos en cuenta cuál ha sido la alternativa estos años), el festival de Benidorm tira de máquina del tiempo para copar la zona noble del cartel. Sólo Hot Chip, que en 2015 editó uno de los mejores discos del año pero se perdió su presentación en directo por cuestión de fechas, y Suede (que defenderán también sus ultimas canciones) pueden ostentar, además del atractivo de lo predecible en su mejor acepción, el del presente.

Y no es que Belle & Sebastian no lo tengan; su último disco data de 2015 y, de hecho, existía en él una encomiable pero fallida intención de romper con su propia marca a base de disco. Sin embargo, su caso se enmarca en la tendencia general a hinchar los carteles de veteranía contrastada y/o previsibilidad: otra vez, el Joker a la española. En estos casos, cualquier tiempo pasado sí fue mejor, y se cumple también con sus acompañantes. Los conciertos de Love of Lesbian, Vetusta Morla y Los Planetas no ofrecen ninguna duda a este respecto; más allá del conocido guadianismo de los últimos, que sí admiten el riesgo, la reiterada hoja de ruta de este tipo de conciertos está publicada en el BOE y echan mano del clásico de Radiohead: no surprises.

El caso de The Kooks es, sin embargo, el peor de todos; con cada nuevo disco desperdician la oportunidad de mejora que les brinda un pasado que sólo fue mejor un rato hace ya diez años. Su presencia en festivales españoles es un misterio que en el Reino Unido debe de haber alcanzado ya la condición de broma: “es, muy posiblemente, lo peor que escucharás este año”, concluía el crítico Derek Robertson en el análisis de su último disco.

Acertada representación valenciana

Por fortuna, el mismo domingo en el que tocan The Kooks también lo harán Badlands. Sin el dogmático sello de calidad británico, la aportación valenciana a este Low siempre será infinitamente más recomendable que el expediente X de los ingleses de la sintomática ‘Naive’. Lejos del chovinismo, la realidad es que la selección de grupos valencianos en el cartel del Low es bastante apreciable en su acierto; la lista está encabezada indudablemente por La Habitación Roja, pero algunos de los grupos que completan el catálogo ofrecen un interesante corte transversal del panorama local y regional de las bandas jóvenes más exportables en el negocio de los festivales.

De manera indiscutible, Badlands se encuentra al frente de esa nómina de grupos; el proyecto, llamado a demostrar de una vez por todas la prosperidad del country-rock en el siglo XXI, se encuentra además en la plataforma de despegue, por lo que es muy probable que regresen de Benidorm con más seguidores que cuando llegaron. Junto a ellos, compañeros tangibles de escena como La Hora del Té o Holy Paul (últimos ganadores del concurso Movistar Vinilo Valencia y presentes en el Primavera Sound de 2015), y coetáneos como el grupo de la valiosísima Xàtiva, Testarosa.

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email