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Un proyecto de Bartolomé limón

Sexo, cuero y bordados: los protagonistas anónimos de 'Cruising'

29/06/2021 - 

VALÈNCIA. “El homosexual promiscuo es un revolucionario sexual. En cada momento de su existencia prohibida se enfrenta a leyes represivas, a morales represivas. Parques, callejones, túneles subterráneos, garajes, calles… son los campos de batalla”. Estas palabras las firma el autor John Rechy en The Sexual Outlaw, una aproximación al mundo del cruising a finales de los años 70. Los encuentros sexuales en el espacio público, principalmente entre hombres, han sido históricamente un lugar de conexión para aquellos que vivían en los márgenes, especialmente cuando, no hace mucho, las leyes no estaban de su parte. Más bien todo lo contrario, y así sigue siendo en gran parte del mundo. Los hombres homosexuales hicieron de las grandes ciudades su refugio y, a partir del sexo, construyeron un modo de vida radical, que chocaba frontalmente con todo lo que plantea la sociedad tradicional. Aunque esta práctica no es ni mucho menos reciente, la palabra pasó a ser mainstream en el año 1980, cuando William Friedkin estrenó Cruising (A la caza), un thriller policíaco en que Al Pacino interpreta a un agente de policía que se infiltra en los locales gay leather de Nueva York para cazar a un asesino y destripador en serie de homosexuales que practican el sadomasoquismo. La cinta, cómo no, estuvo rodeada de polémica.

-El 90% de los tíos que hacían de extras en esas escenas estarán muertos ahora.
-Seguro que sí, y algunos miembros de mi equipo murieron también de sida poco tiempo después.

Este intercambio de palabras entre William Friedkin y el periodista Alex Simon, en una entrevista publicada por Venice Magazine, es el punto de partida del nuevo proyecto artístico del Bartolomé Limón, que presenta durante la semana del Orgullo el proyecto expositivo Elegy for Cruising, que se podrá ver hasta el 2 de julio en el local situado en el número 6 de la calle Carrasquer (anteriormente la galería The Blink Project). La pregunta que se plantea es: ¿Qué fue de los extras de Cruising, los que Friedkin da por fallecidos? En este proceso Limón busca hacer protagonistas a esos personajes secundarios, en un proyecto que forma parte de tantos otros trabajos de reconstrucción histórica a partir de aquellos colectivos invisibilizados, historias que han quedado en los márgenes del relato oficial pero que conforman el verdadero relato de una sociedad que ahora solo se había contado desde un prisma. En este caso, Al Pacino ni pincha ni corta.

Para ellos Bartolomé Limón ha indagado en la identidad de aquellos hombres anónimos que ocupaban los bares que refleja la película, aunque no se trata tanto de una identidad individual sino de grupo. Para ello pone el espejo en esas escenas en las que se presentan aquellos personajes sin voz que, sin embargo, son vitales para adentrarse en ese universo, un viaje a través del que el creador ha extraído distintos fotogramas que ha bordado a mano sobre una pieza de cuero. “Es un homenaje a las personas y, también, a los espacios”, explica en conversación Culturplaza. Y es que estos espacios fueron clave para el desarrollo de una cultura e identidad homosexual, unos espacios donde el sexo era político.

"La teorías más actuales plantean que lo queer es lo que tiene que ver con pulsiones que no se entienden y hace falta un tiempo [para entenderlo]. Lo queer es lo pasado. Tiene que ver con el defundamiento del deseo, con algo que no se puede catalogar. Es muy interesante reivindicar estos espacios que desaparecieron con la llegada del sida", explica el artista. Y es que en este proyecto se fusiona la reflexión sobre lo que representa el film y, también, sobre la propia película, una cinta que se estrenó rodeada de polémica y malas críticas y que, años después, se considera una obra de culto. Tanto es así que en 2013 el actor James Franco y el director avant-garde del cine porno gay Travis Matthews firmaron Interior. Leather Bar, un proyecto de docuficción que trata de recuperar los 40 minutos no incluidos en su versión final por su alto contenido sexual.

Elegy for Cruising es una fotografía del pasado y, también, un homenaje, un proyecto pertenece genealógicamente a la tipología de los memoriales que conmemoran muertes masivas, esos homenajes al soldado desconocido, a aquellos muertos anónimos en la crisis sanitaria del sida. “El espacio más queer de todos es el vacío, y el sida nos ha hecho vivir en ese vacío, esa ausencia, esa pérdida… No es un espacio queer en el que ninguno de nosotros quisiera vivir, pero muchos se han visto obligados a hacerlo suyo”, relata el autor Aaron Betsky, en una declaración recogida por Alex Espinosa en Cruising. Historia íntima de un pasatiempo radical. Esos vacíos están ahora reflejados en un gran mosaico de tejidos cuyas teselas representan cada una a una víctima diferente, una pieza que Bartolomé Limón compone en un tono ambivalente, como un deleite triste o un llanto gozoso. "Funciona, por tanto, dentro de los parámetros de ambigüedad y mezcla de placer y dolor, similares a los que rige la práctica del S&M. Los extras que pudieron fallecer víctimas del sida son conmemorados desde la reivindicación de sus vidas, celebrando lo que les hizo buscarse y gozar", relata el profesor de arte Miguel Caballero.

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