entre bambalinas y catacumbas

Un viaje a los infiernos de ‘Orfeo ed Euridice’ en Les Arts

27/02/2024 - 

VALÈNCIA. ¿Para qué sirve un mito? El término, del griego mythos, se refiere a un relato en el que se intenta, a través del cuento, dar explicaciones sobre el mundo en el que vivimos. Los mitos tienen la labor de explicar lo inexplicable, de bajar a tierra historias sobre dioses, héroes y villanos que, con sus hazañas, dan forma a los sentimientos más universales tales como el amor, los celos y la ira. Este tipo de cuentos buscaban desvelar las motivaciones del ser humano y dar forma al mundo, lo que exige imaginación y magia, tanto en su creación como en su representación. El próximo mes de marzo -los días 3, 4, 5, 7 y 9- Les Arts invoca el famoso mito de Orfeo ed Euridice, una ópera de que habla sobre el amor, la vida y la muerte a través de dos universos.

Con su magia, y a través de su música, esta adaptación de la obra de Christoph Willibald Gluck embelesa al espectador con trucos que no se ven desde la butaca, pero que quedan al descubierto bajo su escenario. Junto a Louis Medina, jefe de escenario de esta ópera, Culturplaza desciende a los infiernos de la historia de estos dos enamorados que se desnudan ante el público para contar su tragedia. Tan solo acompañados por unas leves notas de piano, el equipo completo de Orfeo ed Euridice se presta al ensayo de antepiano, en el que se prueba por primera vez el vestuario y donde el director de escena, Robert Carsen, se pasea y observa cada detalle para ver si necesita hacer retoques o modificaciones sobre las tablas. Todo tiene que quedar perfecto para el estreno. 

Sobre el escenario, un coro compuesto por 32 personas -16 hombres y 16 mujeres- acompaña a Orfeo (interpretado por Carlo Vistoli) y Euridice (Francesca Aspromonte)En el primer acto, Orfeo llora desconsoladamente por la muerte de su amada, Euridice, a quien enamoró con su canto. Para intentar recuperarla hace un pacto con la diosa Amore, a quien le da vida Elena Galitskaya, quien le propone un viaje a los infiernos para recuperarla. Deberá usar el poder de su música para superar las amenazas del camino, y deberá ascender a la tierra con su amada sin mirarla a los ojos, de lo contrario volverá a matarla. Gracias al poder de la música, y desvelando los trucos de este ascenso y descenso, Medina arroja luz sobre este mito de amor.

Entierro de Euridice (Fotos: DANIEL GARCÍA-SALA)

Acto I: salto al vacío

El escenario de Les Arts se transforma en una montaña rocosa llena de gravilla y rocas estratégicamente colocadas para el entierro de Euridice. El escenario “con un aspecto lunar” y estratégicamente cuidado cuenta con una rampa trasera que permite que los protagonistas y el coro bajar y subir de los laterales para llorar su muerte. Medina explica que para dar un aspecto más lúgubre el escenario se ilumina solo por abajo y a través de un foquista que pende del cielo, quien persigue a Orfeo con su luz. 

La superficie del escenario cuenta "un espacio que asciende y desciende para enterrar a Euridice, para simular que la están enterrando realmente. En ese momento de descenso, todo el coro hace un círculo alrededor de la tumba e impide que se vea como la tumba se cierra”, añade Medina. 

La plataforma en la que descienden tanto Orfeo como Euridice (Fotos: DANIEL GARCÍA-SALA)

Descendiendo por la rampa -hacia los incendios- se ve como este “elevador” tiene varias posiciones de seguridad en las que desciende el cuerpo para que pueda acceder a la parte baja del escenario. Eurídice baja en el entierro y Orfeo salta para recuperarla en una posición de seguridad para controlar su caída: “Orfeo salta cuando llegamos a una marca clave, es ahí cuando vamos al primer cambio rápido".

"Tenemos que bajarle a él, retirar el túmulo de piedras y subir el elevador lo más rápidamente posible para que se vuelva a aplanar el escenario. Es un montaje en el que se juega constantemente con la verdad y la mentira escénica”, aclara Medina. La idea es que el público, gracias a la magia de la escenografía, no sienta esta bajada de los protagonistas, que vuelven a aparecer en escena después de que se cierre el telón durante apenas un minuto y medio. En este breve lapso de tiempo todo el coro tiene que desaparecer, introducirse en unos sudarios y tumbarse en el suelo para recibir a Orfeo en el averno, el calurosísimo infierno.

El coro completo se introduce en los sudarios en apenas un minuto y medio (Fotos: DANIEL GARCÍA-SALA)

Acto II: el averno

Ese un minuto y medio es el más complejo de este montaje, en el que tiene que suceder toda la magia. La ópera, de tan solo una hora y media de duración, no tiene pausa intermedia, por lo que este cambio se tiene que hacer a gran velocidad. Tal y como lo explican desde el coro de mujeres, este es el momento de la ópera que más tensión les genera, por la complejidad de la vestimenta.

“Es como una camisa de fuerza, la complejidad es meter todo el cuerpo y buscarte la vida para abrochar todo bien porque a contraluz se ve todo”, añade una de las mujeres del coro, “luego además tenemos que ponernos firmes y conseguir no caernos, mantener el equilibrio con todo el cuerpo y buscarse la vida para no caerse bajo ningún concepto”. Además, en el averno también está presente el fuego a través de unos boles prendidos al escenario para dar esa sensación de calor de los infiernos. 

Medina explica que, en este montaje, idean otra plataforma metálica para acercar todos los boles al escenario, ya preparados con un material inflamable para que en este minuto y medio puedan prenderse. “El momento del fuego puede ser uno de los más impactantes de este montaje, teníamos que pensar cómo llevarlo a escena de una forma veloz y que funcione.

"Inventamos estas parrillas para que se pueda agilizar en el momento del cambio. Entrar y salir del escenario para traer el fuego ralentiza mucho, y necesitaríamos mucha más gente de la que tenemos para disponerlos”, añade Medina, quien con su equipo idea como bajar los boles, prenderlos y disponerlos en sus marcas amarillas para que Orfeo llegue directamente al infierno con todo el coro en los sudarios. 

La parilla del infierno (Fotos: DANIEL GARCÍA-SALA)

Acto III: vuelta a tierra

Los ensayos y la entrega del equipo técnico de Les Arts estrechan al mínimo el margen de error: los boles se diseñan con una inclinación clave para mantenerse rectos de cara al público, las rocas cuentan con marcas para situarse en un punto exacto y hay montones y montones de grava para cubrir todo el escenario en cualquier momento. Lo más complejo es, según el coro de hombres, manejarse por la colina rugosa y llena de piedra, arrastrarse con el sudario por el suelo y cantar con este puesto.

Fotos: DANIEL GARCÍA-SALA

"Tenemos una coreografía delicada y precisa, como la de un bailarín. Eso implica un altísimo nivel de concentración y un enorme trabajo por nuestra parte”, añade uno de los componentes del coro. 

Desde el patio de butacas, el director artístico de Les Arts, Jesús Iglesias Noriega, comprueba que todo está a punto para el estreno en apenas unos días. “Es fabuloso poder trabajar con Carsen en el escenario, el montaje tiene muchos elementos sencillos pero fascinantes que dan vida a esta historia". 

"Es crucial traer uno de estos grandes clásicos de la ópera a València, para ir ganando terreno con este nuevo repertorio en el que la belleza de la música y la estética se acompañan”, añade Noriega, quien considera que en lo sencillo está la magia de este cuento. Este descenso a los infiernos deja algunas claves del mito al descubierto, algunos detalles que acercan al espectador a un relato universal sobre el amor y la manera de explicarlo… si es que eso cabe en una sola función. 

Fotos: DANIEL GARCÍA-SALA

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