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Valencia descongelada: la leyenda de la Fábrica de Hielo entra en calor 

Uno de los edificios icono, pura historia industrial en la Valencia marinera, da sus primeros pasos para recuperar un viejo esplendor.

5/03/2016 - 

VALENCIA. La calle Eugènia Viñes allá, la calle de Pescadores atravesando por allí, la de Pavía aquí. Paso a la Fàbrica de Gel, aka la Fábrica de Hielo, peñón industrial que se deshacía como el tabaco. A primera vista un hangar congelado. Al ponerle el ojo fresco se concluye rápido que se trata de todo un diamante en bruto con la que la Valencia del salitre tenía pendiente ajustar cuentas.

“Podía estar en Shoreditch”, irrumpen quienes lo descubren. “Es un espacio muy berlinés”. Pero la realidad, siempre oriunda de la verdad, sentencia: la Fàbrica de Gel es paisaje del Cabanyal, sintetiza muchos fragmentos de su pasado y, da la impresión, va a servir de ejemplo para la historia por hacer.

La Fàbrica rememora la era del hielo. Un tiempo frigorífico en el que se troceaban las barras y los carros iban por la calle trasladando el frío a su destino. Pero sobre todo es una huella poderosa de una ciudad pesquera, echándole las redes al mar. Todo un entrenado formado por la lonja, donde la “peixcateria”, la Casa dels Bous y en las proximidades los astilleros donde se ensamblan las barcas sobre la arena de la playa antes de salir hacia las aguas. Abrir la Fàbrica al pueblo es normalizar la memoria del Cabanyal como un núcleo en el que la industria auxiliar para la pesca dominaba sobre todas las cosas.

“Era en la Fàbrica del Gel donde se producía el hielo necesario para el negocio del pescado -cuenta el escritor y periodista Felip Bens, hombre de los pueblos marítimos-, tanto el que necesitaban las barcas grandes que estaban fuera durante semanas y conservaban el pescado con hielo en las bodegas, como el que necesitaban las pequeñas, que faenaban a diario y ponían el pescado en cajas de hielo para la venta”.

Un dispensario de frío. Irrita que un legado tan bullicioso, bajo el lema ‘de la barca a casa’, quede tan disociado de la ciudad, que la estética marinera solo aparezca como un souvenir comprado de Oporto. “Hasta ahora mucha gente -dice Bens- había reparado en el modernismo popular del Cabanyal, pero hay un enorme patrimonio industrial marítimo por descubrir, relacionado con la pesca, en paralelo a la playa, en el Grau, sobre todo pequeños almacenes de principios de siglo”. Comercio portuario.

“La Valencia que viene”, le leo al artista gráfico Esteso al instagramear una foto del lugar. “Me parece lamentable que un lugar como la Fábrica de Hielo haya permanecido tantos años en el olvido, cerrada y en riesgo de derribo”, me introduce la arquitecta Sonia Rayos; en unas semanas y junto a Silvana Andrés desarrollará allí una actividad para niños a propósito de las cúpulas geodésicas del visionario inventor Bucky Fuller. “La intervención que se ha hecho me parece respetuosa, dota al edificio de una imagen moderna, ligera, donde el protagonista es la luz y se mantiene la esencia de lo que fue. Usar los contenedores marítimos es una buena opción económica, deberían contar con fondos públicos para rehabilitarse, son parte de nuestra historia”.

La imponente nave de hielo se ha armado de estancias cálidas. Rincones donde brota una pequeña actuación musical, teatral, una proyección… rodeado de un entorno industrial que cualquier emblema de la modernidad elegiría para su decoración. Solo que en este enclave viene de serie. “Nuevos lugares”, leo en otra foto. Tan y tan nuevos que estuvieron siempre.

“Llevan trabajando en el proyecto dos años, por lo menos, y por fin ve la luz”, explica uno de los impulsores de Cabanyal Íntim, Jacobo Julio. La iniciativa privada de unos enamorados del escenario ha hecho que la Fàbrica comience a gatear, preparando con cuidado su arranque. “Es fundamental la recuperación de estos espacios como contenedores culturales por parte de la iniciativa privada”, retoma Felip Bens, “pero debería ser supervisada por las instituciones para garantizar que se respeta la estructura arquitectónica -en este caso se ha respetado- y para que permita conocer la historia del recinto, dentro del contexto”.


Hace pocos meses la diseñadora de interiores Luna Alba ganaba uno de los premios del colegio de interioristas valencianos con el proyecto ‘Fábrica de Hielo. Residencia para la producción artística’. Alba, prendada por las posibilidades de esta otrora nave del fresquet, vio que había que aprovechar su ubicación, “tan cerca de la Universitat Politécnica, de Tarongers, con buen acceso de transporte público, a pocos pasos de la playa… Con mucha fuerza para volcar la ciudad al mar y reactivar culturalmente el Cabanyal”.

- ¿Y por qué residencia para la producción artística?

- Juntar residencia y taller de artistas es un concepto muy extendido en todo el mundo, en Valencia hubo un espacio similar en l’Albufera. Tiene todos los condicionantes para la captación de artistas internacionales. El uso que se le está dando ahora, como espacio socio-cultural, se aproxima bastante al proyecto. Es muy buen principio para hacerlo resurgir. Con muy poco presupuesto se ha logrado un espacio auténtico y con carácter. Un edificio con esta historia merece un trato a su altura.

Las barcas preparadas para salir al mar, el pescado bullendo en la lonja, el hielo enfriándose en la fábrica. El latido del frío que un día fue buscando la reactivación, cultura mediante.



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