VALÈNCIA. Pocos intuían la magnitud de la nevada que dejó incomunicada la mansión Monkswell, aquel antiguo palacete reconvertido en pensión. Tampoco lo que pasaría después. Bueno, nadie no, sí lo esperaba el asesino y su creadora, ¿adivinan quién? Un puñado de huéspedes encerrados, un misterio por resolver… ¿les dice algo? Para qué andarme con rodeos, no soy yo muy bueno en esto de los acertijos y seguramente ya sabéis —como hay confianza, mejor os tuteo— que hablo de La ratonera de Agatha Christie.
No sé si fue casualidad o no, pero “ratonera” fue la palabra exacta que utilizó el jefe de servicio de Proyectos Técnicos de la Diputació de València para definir en qué se podría haber convertido el Teatro Principal de València en el caso de que hubiera tenido lugar un incendio. Las personas allí congregadas se habrían encontrado puertas de emergencia boqueadas, un telón cortafuegos obsoleto y un edificio lleno de grietas. Por suerte para todos, empleamos el condicional y no el presente. De la ficción a la realidad hay un tiempo verbal.

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- Foto: KIKE TABERNER
Comentando estos días con unos y otros personajes secundarios, aquellos que habitan el teatro de manera más o menos habitual y casi siempre de forma sigilosa, todos concluían lo mismo: el teatro está hecho una birria y eso no era ningún secreto para nadie. Que se veía venir, vaya, ni Agatha Christie ni Agatha Christo. El Plan Director —el de 2023, que ya alertaba de años de abandono y falta de mantenimiento— y el informe pericial —el de 2026, más de lo mismo— aportan la necesaria concreción, pero del día a día también saca uno información y cualquiera que haya visitado el teatro, muy especialmente quien lo habita diariamente, sabe que su rehabilitación era para ayer.
Lo saben también sus responsables, aquellos que recibieron el Plan Director, un tirón de orejas en toda regla, y los que en este tiempo ya hablaban de la rehabilitación, primero por fases y luego en conjunto. También los que en 2024 se reunieron para abordar la colaboración entre instituciones —para ver quién aportaba pasta, vaya— y pospusieron la alarma. Todos estos temas se han vuelto a poner sobre la mesa esta semana, parece que ahora hay prisa por encontrar nuevas fórmulas de gestión, involucrar al Ministerio de Cultura y hasta cambiar la propiedad del inmueble. Pero esos actores secundarios llevan más razón que un santo: se llega tarde y mal.
Esto no va de ser capitán a posteriori, de hacerse el listillo de la clase, sino de coger las pistas y seguir su rastro. Y todas llevaban al mismo desenlace. Quizá por eso a muchos trabajadores, agentes culturales y lectores de este diario les resulta incomprensible que se haya tardado tanto en actuar, que haya sido así, un día después de presentar la programación del Institut Valencià de Cultura y con las funciones del Escalante ya iniciadas. También les desconcierta el silencio de la Conselleria de Cultura, pareciera que la cosa no va con ellos.

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- Foto: KIKE TABERNER
En todo caso, y ahora que ya vemos los primeros estiramientos para lanzar pelotas a tejados ajenos, conviene recordar que aquí lo que toca es actuar. Rápido y bien, a poder ser. Mayúscula vergüenza es que el gran teatro público de la ciudad haya llegado a esta situación, ese teatro que debía haber cerrado hace muchos años con toda la dignidad para acometer unas obras programadas, con total normalidad, como sucede en otras ciudades con sus teatros históricos.
Por desgracia, en València parece que los sustos son marca de la casa, vivimos en un Halloween perpetuo. También nos sobresaltamos con el cierre de la histórica sede del Escalante, la caída del techo del Palau de la Música o la clausura de La Mutant en su día, también aquellos centros culturales que se quedan descabezados cada poco tiempo. Seguro que se os ocurren más ejemplos, hay donde elegir.
Previsión y presupuesto para lo importante, aunque no dé grandes titulares, debería ser una cuestión de mínimos, siendo el mínimo evitar que se caiga una cornisa y que la puerta de emergencia esté como toca para evitar una tragedia. A ver con qué cara apoquinan ahora los millones para Sorolla con este percal. Aunque esto último sí que da grandes titulares, bien bonitos. Y ahora a esperar a ver cuál es la próxima urgencia. Pito, pito, gorgorito...