GRUPO PLAZA

ALGUNES NOTES SOBRE ART CONTEMPORANi

Voces que cuidan: Flor, Elena, Carol, Santi, Antonia, Mari Carmen, Astrid, Pepa, Gala, Viki, Cris…

21/08/2021 - 

VALÈNCIA. Desde hace cosa de treinta años Ecuador se ha convertido en uno de los países más importantes en la producción de rosas cortadas. Desde la ciudad de Pedro Moncayo, se extienden, a través de las tierras de Tabacundo y Cayambe, los campos de esta planta ornamental. Las rosas cortadas se recolectan y son enviadas a Holanda para, que desde las bolsas de las flores, se vendan y distribuyan por todo el mundo. La popularidad del gesto romántico de ofrecer una rosa, y la economía que lo sustenta, ha producido el cambio en la flora y paisaje de Pedro Moncayo, el valle del Rift en Kenia o el departamento de Cundinamarca en Colombia. 

Colombia, Kenia y Ecuador se han convertido, después de Holanda, en las fábricas de la flor romántica. Manteniendo las dinámicas coloniales, hay una serie de países que siguen sosteniendo las economías e, incluso, los gestos románticos de las antiguas metrópolis. Las dinámicas políticas y económicas siguen estableciendo unos roles en los cuales se mantienen los países periféricos como sustento material, afectivo y, también, exportadores de las manos y cuerpos que atienden a los cuidados de los países ricos. 

Flor Rodriguez emigró desde Ecuador a España hará unos años. Durante su establecimiento en València pasó por diferentes trabajos, todos ellos cuidando o administrando casas y personas. Hace unos meses vio en un grupo de migrantes de Facebook una invitación a colaborar en un proyecto que se llamaba Voces que cuidan. Flor hace tiempo que sabe que estos grupos son necesarios para la gente migrante, son una manera de construir red, algo necesario para encontrar tu espacio y establecer contacto con tus iguales. Suele apuntarse a estos proyectos consciente de que su experiencia puede ayudar a otras personas. En los noventa cuando ella llegó, estas redes eran más frágiles, las redes sociales han ayudado a su difusión. 

A Flor le llamó la atención aquello de Voces que cuidan, y decidió apuntarse. Era un proyecto aún por definir, en el que se pretendía crear un grupo de conversación en torno al trabajo de los cuidados. El grupo se organizó y una de las actividades fue visitar una exposición de arte contemporáneo. En ella había una rosa fotografiada. Flor al ver aquella instantánea supo que esa rosa había sido cultivada en Ecuador y pensó: “que lindo, hasta aquí llegamos dando rosas”. 

Voces que Cuidan es un proyecto que salió de unas conversaciones entre Elena Sanmartín y Santiago Fernández. Durante el CIC, un programa de investigación de la colección del IVAM (coordinado por Sergio Rubira y Sandra Moros), Santi y Elena leyeron un texto de Paul B. Preciado en el que se hablaba de los y las subalternas del museo. Así empezaron a pensar en el papel de las trabajadoras de la limpieza en la institución. 

Vinculadas al arte contemporáneo, las personas encargadas de la limpieza de los museos, suelen aparecer en noticias sensacionalistas del tipo: “las trabajadoras de un museo de no sé donde confunden una obra de arte contemporáneo y la tiran a la basura”. Con estas noticias suele haber un doble desprecio, en primer lugar: el arte contemporáneo es cualquier cosa irreconocible que puede acabar en la basura. Pero en segundo lugar, y de una manera menos visible, el desprecio a la persona que cometió el error, remitiéndola a una posición de desconocimiento de aquello en lo que trabaja. En realidad, lo que evidencian esta noticias, no es tanto, lo críptico que es el arte contemporáneo, sino la falta de contacto entre las instituciones y el personal que cuida de ellas.  

Proceso de trabajo, Voces que cuidan

“En un principio el proyecto surgió de querer trabajar con las limpiadoras del museo. Nos parecía interesante escuchar la voz de la persona que trabaja dentro de la institución pero que no participa de ella, más allá de la cuestión de la higiene”, recodaba Santi. Esto fue el inicio de unas conversaciones que la pandemia y el confinamiento parecía que iban a enterrar, pero que de hecho, reforzaron la propuesta, poniendo sobre la mesa el papel fundamental de las y los trabajadores de la limpieza. 

La pandemia también había puesto en relieve las condiciones precarias de todas las trabajadoras del hogar. Las instituciones estaban cerradas y no podíamos trabajar de forma fácil y directas con trabajadoras de museos. Nos parecía más fácil y accesible trabajar con trabajadoras de los cuidados en general que con trabajadoras de museos”. Así explica Elena como de un caso de estudio más centrado en el museo sus conversaciones les llevaron a querer trabajar con las trabajadoras de los cuidados también fuera de la institución artística. 

Elena y Santi contactaron, entonces con AIPHYC (Asociación Intercultural de Profesionales del Hogar y de los Cuidados). AIPHYC es una asociación estatal con una fuerte presencia en València y que trabaja por la visibilidad y la lucha por los derechos y las condiciones de los y las profesionales del hogar y los cuidados. Fue a través de esta asociación que Flor encontró a Santi y a Elena. Como mediadores del proyecto, Elena y Santi, entendían que su posición debía ser cercana y de escucha con las participantes por ello cuentan que “quedamos con las participantes y fuimos a la playa para que nos dijeran que pensaban ellas de que era importante hablar. Queríamos hacerlo lo más horizontal posible, que los contenidos se adecuaran a sus necesidades. También entender su realidad, porque nosotros no estábamos en ella, y ver desde dónde abordar el proyecto junto y desde sus vivencias”.

En esa quedada Santi y Elena empezaron a entender y proyectar Voces que cuidan. “Queríamos trabajar con el relato oral y el registro sonoro” cuenta Elena. Esto junto con las opiniones de las participantes les llevo a pensar en un formato más cercano al podcast. Como mediadores trabajarían como facilitadores y dinamizadores de unos encuentros en los que se haría un registro de las conversaciones y las intervenciones de las participantes. 

Y así se constituyó el proyecto. En un principió se proyectaba con algunas actividades manuales que permitían charlar tranquilamente mientras se hacía una tarea común. Un estar como cuando cocinas con gente, un ejercicio manual que permite perderte en la actividad y brindar un espacio temporal de cercanía y sosiego. Santi y Elena pensaban en una serie de actividades de grupo, pero la realidad se interpuso: 

Proceso de trabajo, Voces que cuidan

El horario de sus trabajos y de los nuestros imposibilitaba quedar y eso frustraba, pero esto también revelaba la precariedad en la que vivíamos ambas partes. La colisión de realidades complicaba el proyecto. Pero esto, nos sirvió para ver como articular el discurso, y entender las realidades de cada una. Esto también desarrolló que muchos de los contactos con ellas fuese por audios de WhatsApp, cosa que por nuestras apetencias a hablar desde un formato oral se favoreció. Al final la metodología también asumió estos gestos y les pedíamos audios sobre algún tema que nos interesase”.

“Recolectamos mucho material de audio, muchos de ellos no tenían ni relación entre sí. Pero tampoco queríamos que fuese unas conversaciones guionizadas, sino ir charlando y ver qué sacábamos”.

Estos materiales acabarían recolectados en la web: https://www.vocesquecuidan.com. A partir de ellos se visibilizan experiencias y necesidades del sector de los cuidados. Un sector que ha vivido su mayor cuota de visibilidad con la llegada de la pandemia, pero que sin embargo, sigue manteniendo problemáticas estructurales. A partir de los testimonios de Vicky, Flor o Carol se van contando testimonios que te llevan a entender las dificultades de un sector al que se el suma, muchas veces, la cuestión migrante de sus trabajadoras. Pese a las reformas laborales y tributarias, los cuidados siguen siendo un espacio de precariedad basado, demasiadas veces, en la vulnerabilidad de los cuerpos que lo constituyen. Entrar en el archivo de sonido de Voces que cuidan te aproxima a una realidad, que parece cercana, pero que la sociedad no conoce, ni reconoce. 

Elena y Santi presentaron Voces que cuidan a una serie de convocatorias. Al final el proyecto recibió la subvención: “Residències artístiques i culturals” del Ayuntamiento de València. Esta ayuda permitió que el archivo se convirtiera en una web, costear los gastos y necesidades y recibir honorarios por el trabajo. Como parte del sistema cultural a Santi y Elena no les quedaban muchas más opciones que trabajar des del formato de la convocatoria. Un paraguas público que permite dotar de dinero a un sector falto de recursos, pero que es insuficiente y puede no entender las especifidades de los trabajos que se becan. “Muchas estamos cobrando por una convocatoria muchísimo menos de lo que estaríamos cobrando si trabajásemos en el Mcdonals” comentan.

Sin embargo, sabiendo que había una remuneración económica y simbólica, Elena y Santi, nunca dejaron de plantearse cuál era su posición. El sistema artístico está lleno de ejemplos de como estas prácticas, a caballo entre la mediación y el arte, acaban operando como un ejercicio de extracción simbólica. La artista o el mediador se cubre con su autoría y recibe un rédito a partir de las vivencias o el material extraído a las y los participantes. Santi y Elena entendieron desde un primer momento que ese no debía ser su lugar y, que sí operaban de esa manera, repetían dinámicas en las que no creen.

“Justo intentamos no caer en el papel de exotización y apropiación del relato de estas personas. Al final creo que aunque no trabajemos en su sector si formamos parte de su misma clase. Que puede que el problema sea que en el mundo de la cultura la única gente que trabaje es gente de clase media y alta. 

En ese sentido lo teníamos claro. Nosotras íbamos a cobrar un sueldo y así hicimos el presupuesto. Aunque después, hemos trabajado mucho más de las horas de honorarios que nos habíamos puesto. Pero estaba claro que no queríamos seguir las dinámicas del mundo del arte donde muchas veces los participantes de los proyectos son el motor del mismo y no se les paga”.

Proceso de trabajo, Voces que cuidan

En el caso de Voces que cuidan Santi y Elena, destinaron parte del presupuesto de la convocatoria a pagar los desplazamientos de las personas que participaban. A su vez, sacaron una partida para remunerar los encuentros de las participantes.Pendientes de estos cuidados y sin tener un presupuesto que se pudiese estirar como un chicle, solo suele haber una solución, bajarse los honorarios y redistribuir el presupuesto. Al final, este tipo de proyectos por la tipología de las convocatorias públicas hacen muy difícil que ningún cuerpo comprendido no sea precarizado. “Intentamos hacer lo máximo porque todas las personas insertadas en el proyecto tuvieran una remuneración económica. Aunque todo sería precario porque de base todo es precario”.

Voces que cuidan no sería posible sin la participación de Gala, Viki, Cris,Natalia, Flor, Carolina y Astrid. 

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email