TENDENCIAS ESCÉNICAS

Álex Rigola y Miguel del Arco rescatan la ferocidad y el lirismo de Pasolini

Los últimos montajes de dos de los mejores directores de escena españoles se anclan a la vida y a la obra del poeta, pensador, escritor y cineasta italiano

22/02/2017 - 

VALÈNCIA. La primera vez que Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975) irrumpió en la vida de Álex Rigola fue a través de su película Edipo Rey. La lectura audiovisual de la tragedia de Sófocles realizada por el italiano dejó en shock al director de escena catalán, no por la historia, que ya le era conocida, sino “por la brutalidad del filme, por su estética particular y por la plasmación de lo que es el espíritu del Mediterráneo”.

Esa misma sensación de descubrimiento le sobrevino al autor en una librería veneciana, donde se topó con el poema inacabado Poeta de las cenizas, escrito por el iconoclasta autor en 1968, durante una estancia en un hotel de Nueva York con motivo de la invitación de un festival de cine.

El Espai Mutant de Las Naves celebra su segundo aniversario con la escenificación del 3 al 5 de marzo de la introspección de Rigola sobre la figura del pensador malogrado en los setenta, Who is me. Pasolini. “Para evitar que un material literario originalmente pensado para un único receptor se diluya, el montaje se desarrolla en funciones íntimas para tan sólo 30 espectadores”, adelantan desde Las Naves.

El monólogo roza la instalación, pues el público asiste al relato en el interior de una caja de madera como las que se emplean para el transporte de obras de arte frágiles. 

“Quien venga a ver el espectáculo no ha de temer un hablar muy cerrado. No hace falta ser conocedor de la obra de Pasolini para disfrutar del montaje, pues al final es un hombre que te habla de vida, con toda la rabia y la contundencia –advierte Rigola, actual director de los Teatros del Canal de Madrid-. Las personas que han venido hasta ahora salen con ganas de saber mucho más sobre su figura o de revisitar sus películas”.

La propuesta experiencial es un acercamiento poético y descarnado a uno de los personajes más importantes de la Italia del siglo XX. De ahí, de su origen, la identificación que se obra en el espectador. “Somos las dos patas geográficas más importantes del Sur de Europa”, introduce Rigola, muy vinculado en su trabajo a la República italiana. Verbigracia, en el bienio 2010-2011, ostentó el cargo de director del sector teatral de la Bienal de Venecia. “Yo reconozco a los italianos como hermanos. Hay unas tradiciones de vida que compartimos. Lo que Pasolini nos cuenta, aunque de una forma mucho más intensa, no está separado de nuestros propios problemas, relaciones laborales, éticas y familiares”.

Los versos que Rigola sube ahora a escena compilan una reflexión que trenza vida y obra. En su representación se saborean las amarguras y angustias vitales, los axiomas ideológicos y éticos de un intelectual controvertido y radical. Tan sólo nueve años después de aquel poema póstumo, el cuerpo de Pasolini apareció desfigurado en un vertedero cerca de Roma. Su asesinato todavía es hoy un enigma, donde el cariz pasional parece enmascarar un crimen político.

Era una persona que compartía sin pudor sus pensamientos y su lógica de vida. Y las estructuras del poder, que sólo admiten lo que entienden, no lo podían controlar. Los estamentos político y religioso le marcaron una guerra continua. No comprendían por qué se vestía como se vestía, por qué le gustaba lo que le gustaba, y que además lo admitiese de una forma tan clara y polémica”, argumenta Rigola.

Esa liza que mantuvo con el poder le supuso afrontar 33 juicios a lo largo de su vida, lo que se traduce en horas y horas en los juzgados por querer contar y vivir su propia libertad, tanto en lo personal, como en lo sexual y político. “Son las estructuras de Estado quienes lo machacan, no la sociedad en sí. Pier Paolo se separa de la burguesía y encuentra un referente en la inocencia del ciudadano. Donde está cómodo es con las clases más humildes”.

La representación del monólogo corre a cargo de Gonzalo Cunill, poderoso actor argentino conocido en la escena contemporánea por sus trabajos junto a su compatriota Rodrigo García y en la compañía Needcompany de Jan Lauwers. Arranca recitando y termina por metamorfosearse en este profeta marxista, filólogo, lingüista, homosexual, ensayista político, católico, crítico literario y pornógrafo. Una contradicción con patas.

Todo y lo contrario

El hermano menor de Pasolini, Guido, luchó contra los nazis y murió a los 19 años, pero no a manos de los fascistas, sino de partisanos comunistas. No obstante, Pasolini se unió al Partido Comunista. Fue expulsado por su homosexualidad y por su catolicismo. El cineasta era cristiano y antiabortista, pero contradecía a la Iglesia con su condición sexual. Era moral y amoral a un tiempo. En mayo del 68, a pesar de ser profundamente de izquierdas, cargó contra los estudiantes por ser hijos de la burguesía, y se posicionó del lado de la policía, por considerarles hijos de los obreros.

“Ese continuo tumulto que provoca hace que la sociedad se movilice y tenga que pensar. Algunas veces podía tener razón y otras, no, pero en todo caso, es un personaje activo, y en el mundo del arte, echamos en falta voces tan contundentes como la suya”, lamenta el director de teatro y ópera.

En su opinión, PPP fue el primer punk de la historia, por su condición de pionero al reivindicar el uso de la violencia, en una lucha abierta y activa contra el fascismo, el consumismo y la alienación de la sociedad. 

Miguel del Arco (retrato de la derecha) secunda a Rigola en la absoluta vigencia del poeta. “Vivimos en un mundo tan absolutamente desordenado, que sus pensamientos están anclados por su pujanza filosófica y existencial. Ahora vamos sobrados de definiciones. Hay una falta de criterio, de ideas fundamentales, de gente consecuente con lo que piensa en la vida pública. Vivimos tiempos de Groucho Marx, que bromeaba diciendo: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”. Pasolini, aunque extremo, tenía una calidad de pensamiento apabullante y extraordinaria. Por desgracia, hemos perdido su manera de relacionarse con el mundo, su cualidad de hombre como animal político”.

El director de escena madrileño comparte su fascinación por el autor fetiche entre ensayo y ensayo de su próxima obra, Refugio. La producción, programada entre el 28 de abril y el 11 de junio en el Teatro María Guerrero de Madrid, toma como punto de partida la película Teorema. En este drama que Pasolini filmó en 1968, un desconocido irrumpe en la vida de una familia pequeño burguesa y hace saltar por los aires sus cimientos. Del Arco hace suyo el arranque pero no plantea el montaje como una reescritura, sino como un texto propio. A diferencia de sus relecturas precedentes de La función por hacer, inspirada libremente en Seis personajes en busca de autor, de Pirandello; Veraneantes, a partir de la obra de Maxim Gorki; y El misántropo, de Molière, el madrileño sólo toma la anécdota para generar su propia obra.

Teorema de la incomunicación

A Del Arco le interesa la presencia de un extraño en el seno de una familia, asistir a cómo la llegada de un forastero viene a trastocar las piedras angulares de la existencia. Y ha decidido que ese ser ajeno sea un refugiado. El resultado y la razón de esta elección es su pretensión de reflexionar sobre la incomunicación.

“La palabra me interesa como elemento de distancia más que de aproximación”, apostilla el dramaturgo. Y con ello no se refiere únicamente al obvio obstáculo idiomático entre el recién llegado y los miembros de la unidad familiar, sino al extrañamiento entre los que ya se conocen.

El padre es un político que utiliza la palabra para enmascarar la línea de pensamiento. “Hay un problema de corrupción –adelanta Del Arco-, pero me interesa más la corrupción del lenguaje, cómo emplearlo para encubrir lo que realmente se opina”.

La madre es una cantante de ópera que ha perdido la voz, leit motiv de toda la función. “Se trata de una persona capaz de emitir un sonido incontestablemente perfecto, pero que ha perdido su asidero y es incapaz de hablar con su hija”.

La chica mencionada es muy activa políticamente, “pero no sabe dónde poner los acentos y lo que le sale es el colmillo”. Y el hijo es un chaval al que nada parece importarle realmente, “pero que sufre un gigantesco problema de comunicación”.

Por último, el director ha sumado un personaje que no estaba en el núcleo de Teorema, el de la abuela, “perteneciente a esa generación en buen estado físico donde los 60 son los nuevos 40, pero que no sabe cómo gestionar ni comunicar la muerte”.

Si nos remitimos a las pruebas, Refugio tan sólo toma de la críptica obra de Pasolini la peripecia de una familia cuando un extraño arriba a sus vidas. Del Arco reconoce, sin embargo, el fuerte impacto que el autor de referencia causó y todavía causa en su vida. Recientemente, se asomó a su documental Encuestas sobre el amor, de 1964. En este cuaderno de viaje, Pasolini recorrió Italia, micro y cámara en mano, desde las grandes urbes a las zonas rurales, para preguntar sobre el erotismo y el amor. “Me acongojaba ver su vitalidad, el sentido crítico de alguien que estaba construyendo sociedad, y saber, con la perspectiva histórica, que la sociedad se volvería ferozmente contra él y terminaría matándole. El pensamiento crítico de Pasolini y su conciencia eran adelantadas a su época. Me sobrecoge”.


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