un TALLER ORGANIZADO POR DANSA VALÈNCIA

‘Ballar el que som’: así se mueve la tercera edad

Dansa València organiza Ballar el que som, un taller en el que acerca la danza contemporánea a personas de 65 a 82 años, que de la mano del coreógrafo Vicent Gisbert llevan a cabo ejercicios y actividades para mantener activos cuerpo y mente 

3/04/2023 - 

VALÈNCIA. Llevar a los nietos al colegio, bajar a por el pan, dar pequeños paseos por la ciudad… no son los únicos movimientos que llevan a cabo aquellos que pertenecen a la llamada “tercera edad”. Esos mismos mayores también bailan, hacen performance y se estiran gracias a Ballar el que som, un taller organizado por Dansa València en el que una veintena de personas entre 65 y 82 años exploran la danza contemporánea sin la presión de un mundo que vive acelerado. La directora del festival, María José Mora, explica que la experiencia de bailar para todos los cuerpos es magnífica y que el movimiento en cualquier edad es “una manera de conectar muy única”, siempre y cuando se haga sin presiones: “Aquí no existe el tiempo, no se contrapone nada a la velocidad como pasaría con las personas más jóvenes. En este taller se demuestra la potencia del grupo, que todo se puede mezclar y que son capaces de lo que quieran”, explica la también coreógrafa y bailarina.

Aunque el taller se propuso para 10 personas se apuntaron más de 60, y de estas acabaron seleccionadas unas 20. Entre estos afortunados participantes se encuentran Andrés Torres, de 73 años; Antonia Jorques, de 76 e Isabel Fernández, de 72 años. Cada uno ha llegado al taller por diferentes vías: Antonia descubrió la propuesta a través de la ONG Hogares Compartidos. Amparo, una de sus fundadoras fue la que le habló sobre la actividad.

“No me terminaba de convencer, no he sabido bailar nunca… y menos con los ritmos de ahora, con los de antes aún me defendía. Pero el cuerpo me pedía probar, y averiguar de qué iba la cosa”, a pesar de los miedos -y varias semanas más tarde- el taller ha permitido a Amparo conocerse de una manera totalmente nueva: “Yo soy un desastre, y el fin de semana pasado el profesor poco más y acaba llorando de emoción por ver como cuerpos como los nuestros, de personas mayores, se movían y entendían perfectamente lo que nos pedía”, explica emocionada. 

Entre los ejercicios que programa el coreógrafo se encuentran varios de memoria y de improvisación. Los “mayores” bailan a frases inventadas, se mueven y se siguen con aros comprendiendo los cuerpos de los compañeros y no temen nunca al fallo. Para que esto suceda Vicent explica que la clave es ir siempre desde la escucha y poco a poco: “Cuando vemos un cuerpo hay que comprender las cualidades de cada uno y su desarrollo. Un cuerpo como el de ellos tiene una historia única, igual que el nuestro, pero hay que escucharla con paciencia”. 

Contempla que los talleres funcionan perfectamente porque nadie de la sala está pensando en lo que va a pasar después, solo importa el aquí y el ahora: “Ellos viven el día y el momento, los jóvenes solemos proyectar demasiado hacia el futuro, nunca dejamos de pensar en nuestra siguiente actividad y eso es algo horrible. Lo bonito es darte cuenta de que se paran y se fijan en lo que están, y ahí es cuando siento que este trabajo vale mucho la pena, es lo que yo aprendo”.

Isabel es una de esas personas que permite a Vicent aprender, ella baila desde la libertad que tuvo mientras crecía y con Ballar el que som recuerda sus movimientos tan ligeros como antes: “En este taller hago lo que quiero, igual que cuando era joven. Yo viví el final de la dictadura, las chicas jóvenes teníamos a los Beatles, íbamos con mini falda, nos íbamos los fines de semana a Benidorm y salíamos por ahí a bailar. En los guateques nos dejábamos más libertad, y a través de la danza noto que eso se estaba expandiendo constantemente”, recuerda emocionada. 

La expansión fue tal que esa pasión la heredó su hija, la bailarina profesional Isabel Abril, que vive orgullosa la inclusión de su madre en este taller. “Yo la he visto bailar muchísimo, ahora me tocaba a mí. No he estudiado danza como ella pero hago lo que me sale de dentro, si me sale bien fenomenal y si me sale mal pues también. No pasa nada porque aquí nunca fallamos”. Del aprendizaje con Vicent admite que le emociona descubrir cosas que “jamás se le pasarían por la cabeza”, hasta que se pone a hacerlas y lo consigue: “Yo creía que mi cuerpo no admitiría estos movimientos a mi edad, y con lo gordita que estoy [ríe] pero entonces te pones a hacerlo con libertad y te das cuenta de que puedes conseguir todo lo que tú quieras, y que no hay una mejor edad para nada”.

Nunca es tarde para aprender, ni para atreverse. Este es uno de mantras más repetidos a lo largo del taller. Andrés también tiene una hija bailarina y gracias a eso había estado en contacto con la danza desde hace un tiempo, pero quería dar un paso más allá para entrenar al cuerpo: “Noto que el cuerpo me lo agradece muchísimo, porque esto es un ejercicio muy completo que lo armoniza todo. Esto se articula con la música, permite que te fusiones con lo que escuchas y con la gente, expresas lo que te llega”, explica.

“A la vez siento que hay muy buen ambiente y esto para nosotros es un regalo. A nuestra edad lo que necesitamos son alicientes. Aunque uno tenga carácter y se monte sus actividades día trás día necesitamos plataformas para aprender”. La armonía la encuentra en todo lo que trabaja “de cuerpo y corazón”, en una actividad que envía de cierto modo un mensaje a los jóvenes: “A los jóvenes les diría que yo también he ido de discoteca y lo he usado como válvula de escape, esto es otra forma de hacerlo”, comenta entre risas.

Al acabarse el taller los “mayores” no dudan en agradecer a Vicent por su trabajo, quien trata con muchísimo cariño a sus alumnos y aprende taller tras taller nuevas formas de escuchar los cuerpos y comprender la calma: “Ellos tienen una conexión increíble en el presente, es uno de mis grandes aprendizajes de este taller. Están muy abiertos a todo lo que les propongo y no les da miedo experimentar, ponen una escucha muy muy atenta y saben desarrollarlo todo perfectamente, sin prisas y con una atención mucho más pura”. 

Con este ejercicio, de gran éxito, Dansa València demuestra que el festival no es solo programar, es hacer este tipo de actividades y conversar… En este caso no solo se contempla el baile, también se puede vivir la fuerza del grupo: al final se vive una unión de diferentes cuerpos, con muchos puntos de vista y todo tipo de movimientos que se entremezclan. "Es una manera de reforzar el área de mediación y trabajarla”, explica la directora del festival. 

El taller tendrá su colofón el día 21 de abril, cuando el grupo irá a ver Carcaça al Principal, una obra en la que Marco da Silva Ferreira usa la danza para investigar sobre la construcción de una identidad colectiva, con un reparto totalmente diverso. Tal y como lo cuenta Maria José Mora esta actividad engloba todo lo aprendido: “En el reparto podemos ver todo tipo de cuerpos, mayores, jóvenes y hasta una embarazada… es una manera clave de mostrarles que todo esto es posible y que la fuerza de grupo es una de sus virtudes clave”.

También te puede interesar...

Noticias relacionadas