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CONFRONTACIÓN Y PAISAJE  

Bleda y Rosa, fotógrafos del fragmento

10/03/2021 - 

VALÈNCIA. En las obras de la pareja artística formada por María Bleda (Castellón, 1969) y José María Rosa (Albacete, 1970) hay campos de fútbol en deterioro, escenarios desprovistos de guerreros donde se libraron batallas históricas, bibliotecas con solera, accesos asépticos a oficinas de grandes corporaciones, esquinas de templos y confrontación. 

El dúo es una de las referencias más notables de la fotografía española contemporánea. A través de los fragmentos de representación del territorio que recoge su cámara —la misma máquina analógica, una MAMIYA RB67, desde hace treinta años—, han dado con un prisma propio para trabajar el género del paisaje. En 2008 fueron reconocidos con el Premio Nacional de Fotografía, un galardón que premiaba la validez de la reflexión que hace su narrativa visual. 

El fragmento, el viaje, el espacio, el tiempo, la memoria y los lugares anodinos son constantes en su trabajo. «Son constantes porque son constantes en la vida diaria. Todos los lugares merecen el mismo interés. Los espacios cotidianos pueden estar cargados de memoria, porque para nosotros s tan importante la memoria individual como la colectiva que es el discurso de una nación o período completo. Son lugares en los que aparentemente no ocurre nada, pero son un campo de cultivo pero a la vez es donde se decidió el devenir o la historia posterior. Al fotografiar estos espacios solemos generar la confrontación». 

Fotos: KIKE TABERNER.

María Bleda y José María Rosa se conocieron estudiando en la Escuela de Artes y Oficios de València. Finalizaron sus estudios de fotografía a principios de los años 90. En 1992 expusieron solos por primera vez. La librería Railowsky Valencia acogió sus campos de fútbol despojados de futbolistas. «Ya éramos pareja antes de trabajar juntos. Empezamos a desarrollar proyectos en equipo para las tareas de la escuela. Nunca hemos trabajado por separado. Las primeras incursiones fotográficas que hicimos con Campos de fútbol fueron por casualidad. A partir de allí nos sentimos cómodos con la forma de abordar las cosas».

Campos de fútbol es un proyecto desarrollado entre 1992 y 1995. La serie de fotografías se aproxima a los campos de fútbol no profesionales abordados como lugares de lo cotidiano. Sitios dedicados al juego que cayeron en el abandono o el desuso. «El primero es el campo de fútbol de El Ballestero. Son lugares que nos atraían porque nos recordaban a nuestra infancia». El propósito de la serie era reflexionar sobre el paso del tiempo en relación al espacio geográfico y generar conversación respecto a una categoría de lugar y no un lugar con una denominación determinada.  

«Empezamos a fotografiar los campos porque nos interesaba plantear una reflexión sobre el tiempo y el lugar. No eran necesariamente espacios en los que habíamos vivido o jugado, pero eran similares a los de nuestra infancia. Buena parte de ellos estaban en proceso de transformación, degradándose, desapareciendo o siendo absorbidos por la ciudad. La inquietud era expresar a través de estos lugares esa circunstancia, la de la desaparición de un tipo de lugar». 

El fútbol dejó paso a la batalla. Desde 1994 hasta 2016, Bleda y Rosa retrataron la contemplación del paisaje que ocuparon las batallas históricas pero en el que apenas había ya rastro de la violencia. «Resulta muy interesante ese choque entre el texto y la imagen tú estás viendo. Es un espacio anodino y resulta ser el espacio de batalla». Campos de batalla parte de la representación pictórica estética y conceptual de las batallas, a la que se le suman escritos que narran la guerra. El proyecto, dividido en tres partes, España, Europa y Ultramar, se acerca al paisaje desde la interpretación de la memoria. 

La combinación de texto e imagen es una de las marcas de Bleda y Rosa. «Aunque desde el inicio integramos de alguna manera la palabra o el texto, con el paso del tiempo esa relación ha ido creciendo. Uno de los motivos es por el modo en el que se nos narra la historia y generamos esas reflexiones. Con la confrontación entre los textos y las imágenes lo que hacemos es, por un lado, enriquecer la lectura de una imagen y por otro, generar una nueva forma de lectura. En cierto modo y porque no todos nuestros trabajos están relacionados con lo histórico. Entendemos la palabra y el texto como un signo más. El texto puede estar en la propia imagen o en lo que entendemos como texto. Visualmente tú estás viendo algo y el texto no te está contando sino que te está proyectando a otros lugares. El juego nos interesa mucho». 

La noción de fragmento en el texto remite a la mencionada constante de su obra. «Lo que está dentro y qué es lo que está fuera de la fotografía también es una de las herramientas con las que trabajamos. El fragmento es algo importante en nuestro trabajo porque quieras o no, siempre fragmentas incluso cuando estás mirando. Cuando fotografías también focalizas y dejas fuera de campo otras cosas. Con el texto nos podemos permitir el lujo de establecer esos resortes que en ocasiones te remiten a un acontecimiento histórico y en ocasiones a otro lugar».

Foto: KIKE TABERNER.

El estro conduce la producción de la pareja. «Digamos que hay alguna chispa que te hace plantearte un proyecto nuevo. Hay una puesta en común donde definimos la forma que ha de adquirir. Cada una de las piezas que lo conforman, qué implica a nivel de logística, o a nivel de documentación. Hay  muchas circunstancias que le dan forma, la búsqueda de referentes formales, la bibliografía y la investigación son parte del proceso. Absorbemos todo lo que se va acercando para volcarlo en una segunda parte del trabajo. Todos los trabajos tienen una parte teórica y una práctica, que a veces se solapa. Por muy definidas que estén las imágenes cuando llegas al lugar, estás trabajando con un elemento que no siempre se conoce del todo. Después hay una parte de edición. Después tenemos que hacer un ejercicio de eliminar, de acotar. Hay imágenes que aunque te interesen mucho, si no tienen sentido dentro de las premisas o pueden distraer, debemos eliminarlas». Todos los proyectos que acometen son conceptualizados con la finalidad de ser expuestos. «Tenemos que dar con un objeto que se comporte en la pared. Pensamos en piezas casi como si fueran una pintura o una escultura». 

Por la limitación de movilidad derivada de la crisis del covid, los fotógrafos se encuentran en un paréntesis laboral. «Las circunstancias nos han obligado a parar un proyecto que iniciamos a principios de 2020,  porque implicaba viajar. Estábamos preparando un tratado sobre la montaña, una aproximación desde la cultura. Con una parte sobre la arquitectura y la casa. En nuestro trabajo hay dos partes. En todas abordamos la memoria y el paso del tiempo. Estábamos ahondando en el territorio y la representación del paisaje y por otra parte, en la arquitectura, o lo construido». A raíz de las limitaciones de movimiento que les ha obligado a quedarse en su vivienda de València, se han parado a analizar su proceso de trabajo. «Todo lo que hacemos tiene un trasfondo del viaje. Va a haber un cambio en el modo en el que nos desplazamos. De alguna manera nos inquieta el modo sobre el que basábamos el trabajo. Cómo realizar esa exploración que no solamente recae en lo geográfico». 

Ciudades, Origen, Arquitecturas y Prontuario son otras de las series que han expuesto en centros, galerías y museos como el Museo Nacional del Prado, la galería Pedro Oliveira, Bombas Gens, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo MAS, el CAAC de Sevilla o el MACBA de Barcelona. En estos proyectos se desarrollan líneas de trabajo que huyen de lo categórico. «Nos acercamos a muchos lugares magnificados por la historia, por acontecimientos recientes. De alguna manera con las imágenes que generamos intentamos quitarle esa carga. Ver cómo se definen categóricamente forma parte de nuestro trabajo. Nos atrae ver los deslizamientos y pequeñas fisuras que hay en cómo se define el mundo, la historia y la fotografía. A partir de ahí jugamos a establecer nuevos códigos desde la experiencia». 

Foto: KIKE TABERNER.

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