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LOS RECUERDOS NO PUEDEN ESPERAR 

Celebrando la Pascua de Resurrección con Patti Smith

27/03/2016 - 

VALENCIA. Desconfío de cualquier organización religiosa de la misma manera que desconfío de cualquier organización política. Creo en el Estado laico y creo también en el derecho a que cualquier persona ejercite libremente su espiritualidad y su credo religioso. Y gracias a Patti Smith, también soy un ateo que convive con el concepto de Dios a través del arte.

Canciones como plegarias

Yo soy la primavera / la tierra santa / Soy el germen / del misterio  / la espina el velo / el rostro de la gracia / la imagen atrevida / el ladrón del sueño / el embajador de los sueños / el príncipe de la paz

Easter, Patti Smith

Muchas canciones pop no son más que plegarias buscando ser atendidas. Pueden ir dirigidas a la persona amada o a un destinatario que aguarda más allá del cielo; palabras que buscan consuelo cuando la persona amada ya no nos quiere o constatamos que nunca nos ha querido. La oración, entendida como vínculo espiritual con un ente divino al que acudimos en busca de protección, no es en absoluto ajena a la música pop, que posee importantes canciones creadas por  compositores que de una manera u otra invocan a Dios, como Brian Wilson en God Only Knows. John Lennon afirmaba en God que Dios es el concepto que usamos para medir nuestro dolor. David Bowie colgó un crucifijo alrededor de su cuello después de superar un caos vital que estuvo a punto de costarle la cordura; una etapa durante la cual escribió Word on a wing, donde entonaba una plegaria a la vez que reconocía no encajar en los esquemas divinos. La conclusión es que no importa cuán ateos seamos, el concepto de Dios es inherente al hombre en tanto que una parte de nosotros –el alma, el espíritu- que no puede ser explicada completamente por la ciencia nos convierte también en criaturas espirituales.


Breve historia de mi ateísmo

Yo fui bautizado según el rito católico y también recibí la comunión. Durante mi adolescencia acepté que carecía de fe, descubrí que rechazaba cualquier tipo de dogma y que por lo tanto, seguir practicando los ritos católicos era poco menos que un paripé. Decliné cumplir con el rito de la confirmación y de esa manera materialicé mi ateísmo. Luego, a medida que he ido envejeciendo he comprendido que, por encima de mi enfoque racional de ver la vida, las raíces de mi educación son cristianas, y aunque siga careciendo de fe, conozco perfectamente el Padre nuestro y las frases que los feligreses mencionan en las misas. Mi vínculo con la religión forma parte de lo que fue mi educación, una educación que, como correspondía a la época en la que tuve lugar, a duras penas podía ser laica.


Patti Smith y el pecado

Entonces llegó la otra educación, la que yo mismo fui eligiendo a través del descubrimiento del rock. Una de las artistas que más influencia tuvo en mi adolescencia, Patti Smith, debutó con una versión de Gloria donde anunciaba que “Jesús murió por los pecados de otros pero no por los míos”. Esa negación, interpretada casi siempre como una manifestación anticatólica y antirreligiosa, no era más que un gesto que buscaba, con la vehemencia creativa que hizo a la Smith ser la artista que es, proclamar una libertad que estaba por encima de cualquier otra consideración, un derecho a equivocarse (“mis pecados son míos, me pertenecen a mí”) que cortaba lazos con prácticamente todo, y también con lo sagrado. Patti Smith tuvo una educación religiosa, pero en la pubertad se apartó de las creencias de su familia, adscrita al credo de los Testigos de Jehová. Hoy sigue siendo una estudiosa de la Biblia, libro que está muy presente en su obra. Cuando Patti Smith actuó en Madrid en 1996 logré pasarle uno de sus libros de poemas para que me lo firmara. Lo hizo, dibujando una de las cruces con los que rubrica muchos de sus escritos.

Abril de 1978, Pascua de Resurrección

Lo que decía Patti Smith cuando yo tenía 15 años – y ahora también-, y digo esto sin guasa, para mí iba a misa. La publicación de Easter en abril de 1978, coincidiendo con la Semana Santa de aquel año, conmemoraba su reaparición tras un aparatoso accidente en enero de 1977 que pudo haberla dejado inválida e incluso costarle la vida. Durante el proceso de rehabilitación y recuperación, vivió una experiencia reveladora, reflejada y sus escritos adquirieron un tono casi religioso en ciertos pasajes, cosa que por otra parte no era novedad puesto que sus letras y su capacidad de improvisación en directo, estaban en ocasiones muy cerca del trance místico.  Y yo, expuesto a eso, y aun siendo un adolescente orgullosamente ateo, caí fascinado por aquel fervor religioso diluido en rock & roll.

Foto: Robert Mapplethorpe.

Aunque sigo sin albergar ninguna creencia religiosa, mi comprensión del concepto de Dios ha evolucionado con los años. Tomé conciencia de que siendo ateo podía relacionarme naturalmente con el concepto católico de Dios, observándolo, al igual que hace Patti Smith, al margen de toda organización religiosa. Ciertas manifestaciones de fe me parecen hermosas y conmovedoras como una forma más de arte o de simple humanidad. No hace falta ser católico para caer fascinado ante la Semana Santa del Cabanyal o desear formar parte durante unos instantes del sosiego de una iglesia. Es más, creo que el hecho de no ser creyente proporciona una mirada distinta a esas manifestaciones, y te convierte en espectador admirado, en voyeur empático, en huésped respetuoso.


Rompimiento de gloria

Si existe una canción que explique mi conexión con un Dios en cuyos esquemas sé que tampoco encajo, esa es Easter. Un querido amigo me recuerda de vez en cuando que el día que él ya no esté aquí, quiere que me quede con un crucifijo que lleva siempre consigo, para ver si así abrazo la fe de una vez por todas (me lo dice también porque a veces soy un poco bruto y mis manifestaciones ateas puede llegar a molestar más de lo que soy consciente). Una tarde que atravesábamos La Mancha volviendo de Madrid en coche, me dijo señalando un rompimiento de gloria en el horizonte: “Ahí tienes a Dios”. Estos versos de Patti Smith que cierran Easter son la transcripción en palabras de aquella explosión de luz abriéndose paso entre las nubes:

 Soy la espada / La herida la mancha / El burlado y transfigurado hijo de Caín / Me desgarro termino / Regreso de nuevo / Soy la sal / La risa amarga / Soy la energía / En un vientre de luz / La estrella del atardecer / El globo de visión / Que sangra que derrama / Las lágrimas de Cristo

                                                                  Easter, Patti Smith

Patti Smith en Madrid en un homenaje a Roberto Bolaño, 2010. Foto: Rafa Cervera

Conclusión

Supongo que la mayoría de ateos que no cierran completamente las puertas a la existencia de Dios lo hacen quizá pensando en lo que nos aguarda después de la muerte. Si en algún momento necesito aferrarme a la idea de Dios no es por el temor a que todo termine una vez muera, es por un impulso inherente al hecho de estar vivo. Es la necesidad de encontrar un punto de equilibrio, de perfección y de bondad; la luz que, aunque solo sea por unos segundos, de sentido a lo que somos y a lo que nos rodea, cuando no queremos ver lo frágiles que somos, lo perdidos que estamos, mientras pasamos más tiempo odiándonos que intentando comprendernos los unos a los otros.

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