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memorias de anticuario

Cuando el arte engaña al ojo

12/09/2021 - 

VALÈNCIA. Barroco es sinónimo de ilusión y teatro. Existe en Roma un lugar un tanto secreto que, si bien todo historiador del arte lo conoce, se aleja de los circuitos más turísticos de la ciudad eterna. El palacio Spada es uno de esos grandes edificios palaciegos de origen manierista que se levantan junto al Tiber muy próximo del también imponente Palacio Farnesio. En el acceso el gran genio de la arquitectura del seiscientos romano que fue Francesco Borromini, rival del no menos genial Lorenzo Bernini, ideo una galería de columnas al final de la cual colocó una escultura. La construcción clasicista es de modestas proporciones, pero con una fórmula matemática y buena dosis de ingenio creó la ilusión de convertir la galería Spada en un espacio más largo y la escultura del fondo en más grande. Era preciso engañar al ojo con el empleo magistral de las leyes de la perspectiva haciendo cada vez más cortas las columnas e inclinando levemente el suelo conforme se aleja del espectador. Según los estudios estos trucos ilusionistas convierten un espacio de apenas 8 metros en una galería de casi 40, y la escultura, que en realidad tiene unos modestos 60 cm la agiganta hasta convertirla en una de tamaño natural.

Galería Spada.

La historia de la pintura es el más grande relato sobre la ilusión. “Ceci n´nest pas una pipe” (esto no es una pipa) titulaba Magritte, el maestro del del trampantojo surrealista, la serie de cuadros que representan precisamente eso, una pipa, pero que en ese juego de palabras en realidad no es más que la representación de esta, sin ser en realidad esta. No obstante, conviene distinguir entre la figuración de la realidad representada en el lienzo lo que no deja de ser una ventana a otra realidad y el trampantojo. Un bodegón de flores no es, per se, un trampantojo, aunque el pintor se esfuerce en emplear la más depurada técnica de la que puede disponer para crearnos la ilusión de que estamos ante estas y que casi podamos olerlas. El pintor no quiere que dejemos de pensar que ahí hay un cuadro, hay óleo y un lienzo. Sin embargo, si ese mismo artista introduce un escarabajo que parece andar por la superficie de ese lienzo, en una realidad paralela sí que está pretendiendo introducir un juego basado en el engaño. El trampantojo, frente a la mera representación figurativa por muy ilusionista que sea, lo que hace es intentar penetrar en nuestra realidad saliendo de la obra de arte principal. Las flores, sin embargo, permanecen en aquella realidad del momento pasado, no comparten lugar ni tiempo con el escarabajo que se halla en nuestro presente.

Mesa de piedras duras del Museo del Prado.

¿Quieren ver buenos trampantojos sin salir de nuestra ciudad? Si nos acercamos al Museo de Bellas Artes podemos disfrutar de dos excelentes ejemplos en los Trampantojos con armas, pertrechos de caza y reloj del pintor nacido en Denia en 1650, Vicente Victoria. Palomino lo conoció personalmente y en su biografía habla de sus trampantojos como de “travesuras” puesto que, en una visita a su estudio, llegaron a confundir inicialmente al biógrafo. Habla Palomino de unas tablas con papeles que cuelgan de aquellas que en realidad se encontraban pintados. "Confieso con ingenuidad que me engañó" escribe Palomino. Cruzando el puente de la Trinidad, en la iglesia del Temple, tenemos un excelente ejemplo de ello en el testero de la capilla mayor por medio de frescos que crean en el muro plano una arquitectura fingida para crear la ilusión de espacios, perspectivas y volúmenes que en realidad no existen. No se trata de un juego en este caso, pero sí la idea de recrear un escenario arquitectónico conjunto de perspectivas que en realidad no existen, utilizando para ello la pintura sobre el muro plano. El trabajo se debe al artista boloñés Filippo Fontana, y fue realizado hacia el año 1770. En muchos templos barrocos valencianos las decoraciones interiores se llevaron a cabo por medio de estucos imitando las placas de mármol que no dejan de ser un trampantojo pues la perfección de su ejecución nos hace pensar que son esta piedra lo que decoran las paredes. La calidad de los mismos se puede observar en las capillas de la comunión de los Santos Juanes o de San Nicolás. No salgamos de la célebre iglesia con entrada por la calle Caballeros. ¿Qué son, sino, trampantojos las arquitecturas fingidas que Dionis Vidal, pintó al fresco en las plementerías y nervios góticos de la iglesia, creando de la nada, incluso, óculos abiertos a un fingido cielo azul, para cambiar por medio de la pintura el estilo decorativo interior?.

Finalmente, en este recorrido incompleto, viajemos a nuestra contemporaneidad y les recomiendo que vayan al barrio de San Marcelino, concretamente en la calle Salvador Perales. En una amplia medianera el artista valenciano Martín Forés, maestro en la pintura de gran formato sobre muro, homenajea al gran cartelista Josep Renau con un fenomenal retrato enmarcado en un espectacular trampantojo de arquitectura fingida, técnica de la que es un consumado maestro, de claro corte art decó, y por tanto contemporánea al artista dedicatario de la obra.

Homenaje a Renau, obra de Martín Forés.

Las artes aplicadas no se sustraen a la tentación de retar y engañar al ojo: cajas con forma de libro encuadernado a la antigua y con título falso para que pasen desapercibidas en una biblioteca, o, por ejemplo, en la técnica de la cerámica, ya en la propia denominación “plato de engaño” viene incluida la intención de confundir al espectador o al usuario en este caso. En este caso los maestros de la Real Fábrica de Alcora, en el siglo XVIII, gracias a su depuradísima técnica en el coloreado y en el moldeado lograron elaborar magníficas piezas que en sí mismas era un trampantojo. Los platos de engaño de cerámica de Alcora son de las piezas más buscadas por los coleccionistas y no es fácil ver en el mercado. También de esta época, el Museo Nacional del Prado conserva siete importantes consolas que se fabricaron en el llamado  Real Laboratorio de Piedras Duras del Buen Retiro en la segunda mitad del siglo XVIII. Los muebles, decorativamente hablando muestran sobre la tapa trampantojos temáticos de ciencias, artes y juegos: instrumentos científicos, compases, juegos, libros, etc. La técnica empleada es la lujosa y compleja de piedras duras, creando la ilusión de que sobre estas mesas se hallan se hallan posados de forma desordenada, como dejados caer, todo un conjunto de objetos representativos de las artes y la ciencia, empleando magistralmente, con la finalidad de dar un mayor realismo, la geometría y la perspectiva.

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