MEMORIAS DE ANTICUARIO

Cuando los deseos se hacen realidad: nace un nuevo proyecto cultural en València

29/05/2022 - 

VALÈNCIA. Algo importante acontecerá en pocos días en València, y como tal, merece que le dediquemos, al menos, este texto dominical, aunque estoy seguro de que vendrán más en el futuro. Además, lo que sucederá la próxima semana, me viene estupendamente para referirme a conceptos más amplios quizás más abstractos, pero que son, en realidad, aquellos que dan sentido a que noticias felices, como esta, sucedan: por ejemplo, aquello que llamamos “función social del arte”, la promoción del mecenazgo y más en los tiempos actuales; o la importancia del coleccionismo como actividad que si sabemos encauzarlo enriquece a toda la sociedad. Lo que sucederá en breve es la plasmación de todos estos conceptos en tiempo y forma. Pero vayamos, en primer lugar, al asunto inmediato: desde el día 2 de junio quedará inaugurada la nueva y flamante sala de exposiciones del Casino de Agricultura (C/ de las Comedias 12) para que sea disfrutada por toda la ciudadanía. València va a disponer, por tanto, en breve, de un nuevo espacio expositivo en el mismo corazón de la ciudad a pocos metros de lugares de una importancia patrimonial enorme: San Juan del Hospital, la parroquia de Santo Tomás, El patriarca o el palacio del Marqués de Dos Aguas. Así como centros de importante actividad artística como la Antigua Universidad, el Centro Cultural Bancaja y, en unos meses, la Fundación Hortensia Herrero.

La puesta de largo será por todo lo alto, con una muestra de primer nivel, bajo el título “Identidades femeninas“, que recoge una selección de retratos femeninos del siglo XIX y primera mitad del siglo XX de varios de los más importantes pintores españoles de esta época fundamental, a caballo entre las dos centurias. Nombres de la relevancia de Vicente López, Joaquín Sorolla, Julio Romero de Torres, Zuloaga, Benedito, Tegeo o Ramón Casas. Casi nada. Las obras pertenecen prácticamente en su totalidad, a la colección personal de Luís Trigo, presidente de la Fundación El Secreto de la Filantropía promotora de este ilusionante proyecto cultural. Únicamente el retrato de La condesa de Albox, obra de Sorolla, estará con nosotros gracias al generoso préstamo del Museo Ibáñez (Olula del Río, Almería), La muestra, de acceso gratuito, está comisariada a cuatro manos por el propio Luís Trigo y la historiadora del arte Ana Arribas. Además, esta primera exposición ha contado con la asistencia técnica del también historiador Víctor Segrelles. El catálogo podrá descargarse online y contará con textos de los dos comisarios, además de unos breves comentarios sobre cada una de las obras. No quiero olvidarme del Casino de Agricultura esperando que esta sea la primera de una larga lista de exposiciones y actividades fruto del convenio firmado por la fundación y esta institución con más de siglo y medio de historia. Hasta aquí la noticia.

Qué hay detrás de este importante proyecto 

Entremos en lo que hay entre bambalinas de una buena nueva que ha de llenarnos de satisfacción. Yo a la satisfacción quiero añadir gratitud a las partes, porque conozco de primera mano el esfuerzo de ambas para se haga realidad. La fundación como impulsora, por un lado, y el Casino de Agricultura que ha mostrado sensibilidad e inteligencia, a través de su directiva, que ha creído en el proyecto desde el primer minuto. Unos y otros han logrado que, en los próximos años, tengamos una cita de referencia en la ciudad de València, de iniciativa privada, pero con vocación pública, para el disfrute de los valencianos y quienes nos visiten. Luís Trigo, el factótum de todo esto es una persona singular por estos lares, en el sentido más positivo del término, aunque esta singularidad lo que refleja es, a su vez, algo no tan alentador, pero sin embargo real: la cierta orfandad de iniciativas privadas en el ámbito cultural y patrimonial en nuestro contexto valenciano e incluso español. Y les aseguro que esta implicación privada personal y empresarial van a hacer mucha falta y con urgencia en nuestro país, en unos tiempos en que la conservación del enorme patrimonio español no va a poder ser asumida por las administraciones.

Luís, natural del Madrid, pero ya medio valenciano, inicialmente por cuestiones profesionales, pero ahora ya unido a esta tierra sentimental y culturalmente, está empeñado desde hace varios años, en quitarles la razón a quienes piensan que lo suyo, su idea casi diría que obsesiva, es poco menos que una locura irrealizable, y que en València hacer proyectos de mecenazgo es tarea poco menos que imposible, puesto que eso de involucrar a parte de la sociedad y la empresa pertenece más al ámbito cultural anglosajón.

Todo coleccionismo artístico es admirable por lo que supone de rescate del ostracismo de las obras olvidadas, o bien continuar el relato estimativo ya iniciado en su día por los anteriores custodios. También lo es por lo que supone de investigación de la autoría, así como de su contexto histórico y social de la obra, y de restauración y posterior conservación en el mejor estado posible. Pero es todavía más admirable si el coleccionismo tiene como una de sus razones de ser compartir la colección con la sociedad a través de exposiciones sean o no en instituciones de carácter público o privado o con cesiones puntuales. Ahí concluyo que el hecho de coleccionar cumple plenamente con su propósito, y el círculo se cierra felizmente. Luís Trigo a través de la fundación y con la celebración de exposiciones y actividades paralelas tiene el empeño de transmitir todos estos valores que al final “hacen sociedad civil”, y que vayamos asimilando de forma natural esa forma de relacionarnos con el arte, pues entiende que el coleccionismo es una forma de estar en el mundo, una actitud encaminada a compartir belleza mientas tengamos la fortuna pero también la responsabilidad de su custodia. No debemos olvidar que la obra de arte nos trasciende en nuestro paso por el mundo, y esta no es más que ese cilindro que portamos en una carrera de relevos que se entrega con cuidado al compañero, sin solución de continuidad, y sin que este caiga al suelo. Por lo que, de alguna forma, no podemos esquivar esa responsabilidad cuando la recibimos, la mantenemos en nuestro poder y, finalmente, la entregamos en las mejores condiciones posibles para que otro continúe con el relato.

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