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TENDENCIAS ESCÉNICAS

El teatro se mira en el espejo deformado de la telerrealidad

Gandía Shore se hibrida con Romeo y Julieta en el próximo estreno de Las Naves

7/10/2015 - 

VALENCIA. De experimento sociológico tildó Mercedes Milá la primera edición de Gran Hermano. Y hubo quien se lo creyó. El formato de telerrealidad irrumpía en la pequeña pantalla española en 2000 de la mano de la productora Endemol y, desde entonces, ese supuesto laboratorio catódico ha ido mutando y reproduciéndose en versiones heterogéneas de eso que llaman “la vida en directo”. Operación Triunfo, La casa de tu vida, Mujeres y hombres y viceversa, Supervivientes, El Bus, La Granja, La isla, Esta cocina es un infierno, Hotel Glam, Confianza ciega, ¿Quién quiere casarse con mi hijo?... La telerrealidad hace tiempo que dejó de reflejar la cotidianeidad del mundo para brindar su versión deformada. seleccionando las cobayas más singulares y pervirtiendo el montaje. Ya hace unos años que Mercedes Milá matizó su discurso y se refirió a GH, programa que tomó su nombre del personaje vigilante de la fantasía distópica de George Orwell 1984, como “experimento antropológico dentro y fuera de la casa”.

Hablamos siempre de la espectacularización de la vida privada, de la frivolidad de los sentimientos y del exhibicionismo tras el cristal, pero ¿qué dice la telerrealidad de una sociedad que bate records de audiencia asociados al formato?¿Cómo podemos traducir la pervivencia de Gran Hermano entre los telespectadores patrios a través de 16 ediciones?

“La repercusión de programas como Gran hermano y Operación triunfo otorgó al género una visibilidad que le hacía fácil blanco de unos ataques que no eran sino continuación del asedio al que ha sido sometida tradicionalmente la televisión.Con ello se han perdido muchas oportunidades para reflexionar, por citar algunas cuestiones, sobre la relación entre la telerrealidad y la cultura popular contemporánea, la manera en la que refleja la sociedad en la que ha surgido y la motivación del público para elegirla como una opción de entretenimiento”, lamentó la doctora en Comunicación Audiovisual Concepción Cascajosa en su publicación“Reality Bites”
 De cómo la telerrealidad ayudó a salvar la ficción, en la revista académica Trípodos.

Cambianos Verona por las playas de Gandía

El teatro, como escenario ancestral de la vida ficcionada, no ha podido resistirse a indagar en esta retransmisión en vivo de la convivencia. Su última hibridación llega a Las Naves los días 16 y 17 de octubre, fechas en que La Joven Compañía sube a escena Hey Boy, Hey Girl, una revisión de Romeo y Julieta pero en la que sus protagonistas son enclaustrados en una especie de Gandía Shore, el docu-reality que seguía a ocho jóvenes “disfrutando del mejor verano de sus vidas”, esgrimían desde el canal MTV.

El material de William Shakespeare nos permite jugar con un referente universal y popular para pervertirlo, darle la vuelta y reflexionar sobre las relaciones de amistad, amor, fama y poder tal y como las conciben ahora una buena parte de los jóvenes”, se justifica el autor de Hey Boy, Hey Girl, Jordi Casanovas.

En la nueva dramaturgia, el personaje de Benvolio le sirve a la compañía para explorar el espejo de la fama y las identidades que se construyen a través de los perfiles virtuales. “Ponemos de manifiesto la magia falsa, los castillos en el aire, los fuegos artificiales, que son la televisión, los likes y las redes sociales - explica el director del montaje, José Luis Arellano-. Dentro del programa que subimos al escenario, Benvo ha tenido una existencia que no es su vida real, de modo que cuando el espejo se rompe, le resulta mucho más doloroso que vivir la propia vida”.

El Fray Lorenzo de Shakespeare es, en cambio, un realizador de televisión, y el discurso religioso del texto original se sustituye por el discurso del mass media. “No queríamos limitarnos a contar la peripecia de Romeo y Julieta, sino también reflexionar sobre cómo la sociedad actual se siente mejor a través de la ridiculización de las chonis y los canis habituales en este tipo de programas”, explica el director, José Luis Arellano.

El texto incisivo de Casanovas apunta, precisamente, al clasismo latente de la sociedad. Cómo son los jóvenes españoles, cuál es el no futuro que tienen frente a sí, cuáles son sus espejismos y sus sueños y qué lugar ocupan en la jerarquía social. “En el fondo subrayamos esa consigna occidental de demonizar a la clase obrera, pretendiendo que son inferiores”, destaca Arellano.

Durante la preparación de la obra, el director tuvo como libro de cabecera el ensayo de Yuval Noah Harari De animales a dioses (Ed. Debate), donde se pone de manifiesto que el cotilleo es una parte esencial de las sociedades. “Averiguar la vida del vecino es algo fundamental como especie. Es lo mismo que hizo Galdós con Fortunata y Jacinta, es la novela por entregas, es Dostoievsky y el patio de vecinos de toda la vida. Nos ha interesado mucho como funciona la sociedad española, pero es un fenómeno mundial”.

Conectamos con la casa

La emulación de Gandía Shore es la última parada del teatro en el voyeurismo vinculado a los realities. En 2009 la compañía letona The New Riga Theatre visitan el extinto festival Escena Contemporánea de Madrid y el Teatro Central de Sevilla con su gira internacional Long Life. El montaje permitía observar durante hora y media a cinco ancianos que compartían vivienda. La escenografía constaba de un pasillo de acceso repleto de objetos reales e inservibles recogidos por los servicios sociales de Riga. La propuesta del director Alvis Hermanis reflejaba la triste realidad de los jubilados durante el periodo de transición al capitalismo de la república báltica.

En 2006 hacía otro tanto el valenciano Xavier Puchades con su pieza Desidia, protagonizado por dos mujeres atrapadas en una especie de Gran Hermano donde han sido abandonadas.

Lo llevamos al extremo, a la negación total del reality, pretendía ser una reflexión crítica y autocrítica sobre la pérdida de nuestro tiempo, y por tanto, de nuestras vidas. En una escena, quemábamos trozos de viejas revistas del corazón mientras decíamos los nombres de tertulianos, políticos, gente famosa del papel couché y la telerrealidad. Era un anti-homenaje a todos ellos, liberador y perturbador”, recuerda el dramaturgo y director valenciano.

La obra tomaba como punto de partida el guión de la película de Alexander KlugeLos artistas bajo la carpa del circo: perplejosLeón de Oro en el Festival de Venecia 1968. En este collage fílmico, el director alemán reflexionaba sobre la creación de arte para una audiencia que sólo busca el entretenimiento. Su protagonista es la dueña de un circo que trata en vano de reformarlo y termina abandonando su sueño de una carpa comprometida políticamente por la televisión.

El circo audiovisual nos permitía explorar la delgada frontera entre el artista y la persona que sale en televisión y se convierte en alguien conocido o famoso. No se podía negar que ese colectivo de freaks vacíos que poco a poco llenaron las pantallas de las televisiones en esos años generaban un estado de opinión, unos modos de reaccionar ante temas sociales, políticos y culturales. Un modo deformado de comprensión de la realidad. Al verlos, nos podíamos sentir superiores y reírnos de ellos, ver cómo eran humillados, y en el fondo, había algo de morbosa identificación”, establecía Puchades en el momento de acometer el texto sobre el escenario del Teatro de los Manantiales, hoy Sala Ultramar.

Curiosamente, el valenciano tiene ahora en cartel una obra que considera la segunda parte de DesidiaÉxit, programada del 29 de octubre al 8 de noviembre en la Sala Ultramar. “Si en aquel momento me interesaba hablar de la desidia como un estado emocional de la sociedad, una desgana no solo generacional, que afectaba a la política, a la lucha, al cuestionamiento del consumismo... Ahora, en Èxit, se vuelve a cierto encierro y a una situación de espera o desesperación, aunque se vuela hacia otro lugar más, digamos, político y de resistencia. El momento histórico es diferente y el estado emocional se aproxima a la rabia”.

Teleteatralidad

En este juego de espejos cóncavos y convexos, el cristal se ha virado recientemente para situarse frente al arte del teatro. El 29 de junio arrancaba en México un reality show en el que se muestra el proceso de armado de un proyecto escénico, en concreto la adaptación de Burundanga, de Jordi Galcerán.

Esta es la primera vez que se hace un reality de un montaje. El público no sabe lo que ocurre con los actores, los momentos difíciles, de tensión, situaciones inesperadas que no se imaginan, lo que ocurre atrás para dar la función y el público se la pase bien”, indicaba el actor y productor Rodrigo Vidal, conductor del reality a la agencia Notimex.

El espacio está dividido en cápsulas audiovisuales a las que se puede acceder a través de la web oficial y de las redes sociales del espectáculo, hila ensayos, descansos y momentos de la gira. En los medios mexicanos, Vidal adelantó que sería un espacio sin censura, destinado a plasmar la realidad, "por lo que me voy a colar durante las giras, grabaré a los actores y a todos, en lo que estén haciendo, los quiero agarrar en curva".

Lo llamaban experimento sociológico y ahora retroalimentación entre formatos.

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