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costumbrismo estival

Historia y épica de las verbenas

17/08/2022 - 

VALÈNCIA. En una de las mejores canciones de uno de los mejores grupos poco conocidos del pop español —Por favor, mátame, de Cómo Vivir en el Campo— una de las estrofas reza: “Solo mátame / O llévame de verbena / Solo mátame / O llévame de verbena / Llévame contigo, balsera / Planta limones / Por donde quiera que piso / O haz de mi carne un guiso / Una caldereta de penas”. La verbena aparece aquí como un bote salvavidas, o una razón para seguir existiendo. 

El origen etimológico de la palabra verbena se encuentra en la planta Verbena officinalis, una pequeña flor de color rosa pálido que se empleaba para formar unos ramitos que se prendían en la solapa del traje festivo vestido para acudir al baile. Esta manifestación del folclore no es exclusiva de España, en varios países de América Latina, como Colombia y Venezuela, las verbenas son actos que congregan a las clases populares alrededor de lo que nunca falla: fiesta, comida y desinhibición. 

Como explica la divulgadora y periodista del Diario de Navarra Ana Vega Pérez de Arlucea, más conocida como  conocida como Biscayenne, “en 1852 la Real Academia incluyó por primera vez en su diccionario la expresión ‘verbenas o noches de verbena’, explicando que así llamaban ‘en Madrid a las de las vísperas de San Antonio, San Juan, San Pedro y otras festividades, noches de paseo, baile y regocijo para el pueblo’. Pero, ¿cómo demonios estaba eso relacionado con una hierba? Sin duda sabrán ustedes que la fiesta de San Juan Bautista es la excusa que el santoral cristiano dio a las celebraciones paganas del solsticio de verano y a los ritos que se llevaban a cabo justo en esas fechas”. 

“Hogueras, baños y conjuros son algunas de las ceremonias que con más o menos fe se siguen realizando hoy en día por San Juan, mientras que otras han desaparecido con el tiempo. En particular se han olvidado todas las relacionadas con la vegetación, como sacar el ganado a pastar la hierba fresca de la mañana sanjuanera, plantar ese día ciertos cultivos, colgar enramadas (adornos vegetales) en la ventana de los enamorados o recoger plantas aromáticas. Se suponía que estas últimas eran más efectivas si se recolectaban la noche que separa el 23 del 24 de junio, así que fue inveterada costumbre madrugar y salir al campo para hacer acopio de flores de saúco, romero, tomillo o ruda. Entre todas ellas destacaba la hierbasanta, hierba sagrada, curalotodo o verbena, a la que se le han atribuido propiedades mágicas desde la Antigüedad y que tradicionalmente se ha usado como sedante, emético, estimulante de la lactancia materna, en cataplasmas antiinflamatorias e incluso como remedio contra la resaca”. 

El caso de Madrid 

En la Villa de Madrid, como si fuera una forma de replicar la esencia de los pueblos y olvidar los más de seis millones de habitantes que tiene la capital, hay un mes, agosto, en el que las calles se transforman y sin dejar la losa del calor seco todo se vuelve de color. En Lavapiés y La Latina las calles, balcones y negocios se decoran con mantones de Manila, guirnaldas y farolillos para recibir a la trilogía de verbenas estivales: San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma, que con el paso del tiempo se han desligado de su carácter religioso para incorporar un tono festivo popular y algo mercantilizado. Las verbenas nacionales suelen mantener elementos comunes como procesiones, pasacalles, música en directo, gastronomía específica y, en el caso madrileño, la característica indumentaria de chulapos y chulapas. Antiguamente se realizaban concursos de mantones de Manila, de matas de pelo, las carreras de camareros y bailes en las corralas.

Asistentes disfrutan en la verbena de las Fiestas de la Paloma 2022, a 14 de agosto de 2022, en Madrid (España). Foto: Jesús Hellín / Europa Press

La festividad de San Cayetano da comienzo al inicio de las fiestas castizas del centro de Madrid. De este santo dicen que si se le reza y se le quita una flor de su carroza, el feligrés tendrá pan y trabajo todo el año.

La profusa decoración de las calles de Lavapiés tiene su origen en la rivalidad entre los comerciantes por la decoración durante las fiestas. Estos, según el material histórico conservado, encendían faroles de gas para iluminar las calles y construían arquitecturas efímeras en madera y cartón. La veneración a San Lorenzo da paso a la verbena de La Paloma, una de las fiestas más conocidas en España, debido en parte al sainete La Verbena de la Paloma de 1889, en parte a la devoción de una imagen, la de la

Virgen de la Soledad más conocida como “La Paloma”, que se custodia en la actual iglesia de San Pedro, erigida en estilo neomudéjar en las postrimerías del siglo XIX. 

Las verbenas que nos suenan: Hogueras de San Juan y Fallas

El protorigen de las hogueras de San Juan se encuentra en la explicación de los poblados celtas para la noche más corta del año (el día 21 de junio). Hay leyendas que se escudan en el amor romántico que sentía el Sol por la Tierra, que se negaba a abandonarla. A partir de ese día, los celtas celebraban el Alban Heurin, una festividad en la que se prendían hogueras para dar la bienvenida al buen tiempo, para pedirle al Sol que no dejara el cielo y de paso, ahuyentara los malos presagios.

El cristianismo adoptó esta costumbre y por San Juan, el día 24 de junio, la noche se ilumina de hogueras y energía telúrica y combina dos simbolismos propios del Mediterráneo: el fuego y el agua. 

El 29 de marzo de 1928 se constituyen formalmente las fiestas de Hogueras de San Juan en Alicante. Este festejo institucionalizado comparte con las Fallas elementos como la quema de figuras, los festejos populares en la vía pública y el uso de trajes regionales, así como los espectáculos pirotécnicos y los desfiles de música tradicional a base de dolçaines y tabalets. Pero es cuando suena Paquito el Chocolatero —versión original o remix—, Fiesta pagana, de Mago de Oz, Ni tu ni nadie, de Alaska y Dinarama, Años 80, de Los Piratas, Mayonesa, de Chocolate Latino, Te quiero más, de Fórmula Abierta o Yo quiero bailar, de Sonia y Selena cuando el sentimiento de verbena se deslocaliza. Hay himnos inmortales que vertebran el verano

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