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Iván Fernández de Córdoba: "¿Tanta diferencia hay entre contar tu vida en Instagram o a través de un libro?"

24/06/2018 - 

VALÈNCIA. “Un buen hashtag lo es todo hoy en día” sentencia con rotundidad una de las protagonistas de #Seguidores (2018), el nuevo largometraje de Iván Fernández de Córdoba. A través de dos parejas con filosofías opuestas - unos, influencers obsesionados con compartir en Internet cada supuestamente idílico instante de su existencia; los otros, aislados de la vida pública y orgullosos de desarrollar una vida autosuficiente-, el jovencísimo director (València, 1989) pone en marcha una fábula sobre el uso de las redes sociales y la relación de la sociedad actual con las nuevas tecnologías. De momento, la película ya ha logrado un hito: convertirse en la primera cinta valenciana de la última década que logra enseñar las orejas en la Sección Oficial de Cinema Jove. Un punto de inflexión para un festival que busca reencontrarse con sus esencias primigenias. 

Pero a pesar de lo que podría suponerse por la fecha de nacimiento que aparece en su DNI, Fernández de Córdoba no es un recién llegado al mundo de los certámenes cinematográficos. De hecho, entre su primera película Cruzando el sentido (2015) y su cortometraje Un lugar (2016) suma alrededor de 35 premios, un centenar de selecciones  en muestras nacionales e internacionales y más de 10 candidaturas a los premios Goya, entre las que destacan categorías como mejor película, mejor director novel o mejor guion original. Hablamos con él sobre los peligros y potencialidades del universo 2.0, los entresijos de la industria audiovisual y la creciente satanización de los millennials

-Mirándolo desde fuera, parece complicadísimo (casi imposible) conseguir rodar una película si no eres una figura consagrada del sector…
-Yo lo que hago es buscarme la vida, cada proyecto es distinto. Por ejemplo, mi anterior largometraje, Cruzando el sentido, lo financié a través de crowdfunding. En el caso de #Seguidores, la mayor parte de la inversión ha llegado gracias a Fernando Ramia, de la productora Nautilus. Si no hubiera salido así, hubiera salido de otra forma, estoy seguro. Quizás hubiese sido un proyecto más pequeño, pero lo habría sacado adelante, estoy seguro…Y la próxima película que haga no sé cómo será, pero la verdad es que no me importa. Lo fundamental para mí es poder expresar las ideas y comunicar las historias que quiero contar. Cuanto menos tienes, más difícil es generar la confianza suficiente en la gente para que te ayuden o entren en un proyecto. Cada vez me va costando menos, pero sigue costando.

-De tu película, el director de Cinema Jove, Carlos Madrid, ha destacado que cuenta con “independencia real” ya que no ha recibido ayudas oficiales. ¿Has optado por otros tipos de financiación por necesidad o preferías trabajar sin recibir subvenciones públicas por una cuestión ideológica?
-No ha sido una cuestión ética, para nada. La realidad es mucho más sencilla: salieron las ayudas del IVAC y, por el tipo de proyecto que era, no encajaba con las bases de la convocatoria. Las características de esta película hacían muy difícil acceder a las prestaciones institucionales que conocíamos y lo que no quería era adaptar el guion para que fuera más sencillo conseguir una subvención, que es algo que hace mucha gente.

-Pero, como has comentado, tu anterior película también prescindió de fondos públicos. ¿Consideras que estas subvenciones están bien organizadas, que se regulan de forma adecuada?
-La verdad es que no tengo una opinión muy definida respecto a eso, soy mucho más director que productor. Me fijo más en los aspectos artísticos de la obra que en cómo se mueve la industria cinematográfica en España. Si no, no haría películas de la forma en la que las estoy haciendo.

-#Seguidores reflexiona sobre el papel de las redes sociales en la sociedad contemporánea, ¿por qué decidiste centrarte en este tema?
-Es algo que me toca de cerca. Yo siempre he tenido mucho contacto con la naturaleza, en cuanto puedo me escapo a la montaña, pero mi día a día es urbanita y para trabajar necesito 100% el ordenador, vivo pegado a las pantallas.

-De hecho, tú mismo utilizas las redes sociales para promocionar esta película, no es que reniegues de ellas…
-Claro, no es que reniegue…La película es una crítica a los extremos, porque las dos parejas son muy extremistas, cada una en su sentido, y eso no es sano. Lo ideal sería lograr un equilibrio, creo que es posible hacerlo, tengo una visión positiva al respecto. 

Foto: EVA MÁÑEZ.

-Como acabas de indicar, estas dos parejas protagonistas representan posturas enfrentadas respecto a la relación con las nuevas tecnologías, ¿con cuál de las dos te identificas más?
-Te mentiría si te dijera que no me llama mucho un modo de vida autosuficiente, pero mi realidad actual es otra. Así que creo que tengo una mezcla de ambas visiones del mundo. 

-¿Por qué emplear parejas en lugar de personajes individuales, que aporta ese vínculo sentimental?
-Pensaba que daba más juego. Es una película que transcurre prácticamente en su totalidad dentro de una misma localización, en un bosque de Navarra. En una narración compuesta por microespacios, en la que casi no te mueves, tener cuatro personajes daba muchas más opciones para trabajar.

-En teoría, disfrutar de una película tendría que traducirse en desconectar del mundo real durante más de una hora. Pero, ya sea en las salas de cine o en el salón de casa, muchos no resisten a echar un vistazo al móvil durante la proyección. ¿Esta costumbre tan extendida está provocando que los productos audiovisuales pierdan parte de su aura, rompen en cierta manera ese contrato implícito entre el espectador y la pantalla?
-Sí, totalmente. De hecho, yo he llegado a ver a gente haciendo stories de Instagram en el cine mientras veían una cinta. Y claro, ahí estás desconectando de la historia que te narran, estás haciendo que la experiencia cinematográfica pierda parte de su magia. Justo al inicio de #Seguidores hay una escena en la que provocamos que los espectadores miren el móvil; lo tenemos comprobado: todo el mundo se toca el bolsillo en ese instante concreto. 

-Youtubers, instagrammers e influencers defienden que lo que ellos hacen es un trabajo como otro cualquiera. Y es cierto que durante los últimos años estamos viviendo grandes cambios en el mundo laboral. ¿Este tipo de ocupaciones constituyen una alternativa real de empleo para aquellos jóvenes que quizás no logran desarrollar su carrera en otros ámbitos o se sienten abocados a la precariedad?
-Yo creo que puede ser un trabajo más, lo importante es que te sepas administrar para que no se acabe convirtiendo en una enfermedad. Tú puedes dedicar ciertas horas del día a subir contenido a las redes sociales, pero estar alejado de ellas el resto del tiempo. En la propia película, la pareja de influencers defiende que ellos cuentan su vida a través del teléfono, mientras que el otro personaje masculino lo hace escribiendo un libro. La pregunta sería, ¿realmente hay tantas diferencias entre un proceso y otro? Creo que lo que mostramos es que son dos posturas muy distintas, pero con muchos puntos en común, solo que unos emplean el medio analógico y otros, Internet. 

Foto: EVA MÁÑEZ.

-Proliferan las voces que alertan contra los peligros de las redes sociales y de la hiperconexión, ¿se está demonizando el entorno digital y a esa generación que ya lo tiene integrado como una parte fundamental de su día a día?
-Así es. En general, se producen muchísimas críticas contra los hábitos y los gustos de los millennials, que son en su mayoría nativos digitales. Pero es que creo que cualquier comportamiento nuevo que surja se va a criticar, igual que nuestros padres fueron criticados por otras cuestiones.

-Tu ópera prima, Cruzando el sentido, de la que hemos hablado antes, tuvo muy buena acogida. ¿Has sentido presión con este nuevo film por estar a la altura de las expectativas creadas?
-La verdad es que no. Yo me dedico al cine porque me apasiona, porque me nace hacerlo. En cada película intento hacerlo mejor que en la anterior, como creo que le pasa a todo el mundo. Si consigo mejorar, yo ya me quedo contento. El día en que no sienta esa inquietud por aprender y pulir errores será cuando tenga un problema. No me imagino mi vida sin rodar historias. Las haré de una forma o de otra, con más o menos dinero, en proyectos grandes o pequeñitos…Pero las haré.

-La tuya es la primera película valenciana que entra en la Sección Oficial de Cinema Jove en diez años. ¿Cuáles han sido las causas de este vacío? ¿Por qué crees que tu trabajo ha roto con esta deriva?
-Pienso que el festival había tomado un rumbo distinto a su propósito original y se ha intentado corregir esto. Es importante que valoremos el talento valenciano y juvenil, que no menospreciemos el trabajo que se hace cerca de nosotros. No digo que haya que meter películas valencianas sólo porque sean valencianas, pero que sea un criterio a tener en cuenta, darles algo de espacio…si son buenas, claro. En anteriores proyectos, he notado que teníamos mucha más repercusión fuera que aquí. Y esa actitud me parece muy maliciosa porque genera una sensación de rechazo hacia su propia tierra por parte de los creadores. 

-Cinema Jove se presenta como un festival enfocado a las nuevas generaciones, ya sean espectadores o profesionales del sector. ¿Cómo ves la relación entra la industria cinematográfica y la juventud española?
-Todo ha cambiado brutalmente en unos años y parece que va a seguir evolucionando. Creo que hay una nueva generación de gente que está haciendo cosas muy interesantes y que se debe potenciar la convivencia con los profesionales más expertos, quienes llevan mucho más tiempo trabajando en el sector. Esa mezcla de ideas y experiencias puede ser muy enriquecedora e interesante. En cuanto a los espectadores, es obvio que entre la juventud hay nuevos modos de consumir los productos audiovisuales. Ahora la audiencia tiene el poder de decidir qué quiere ver, pero también cuándo y dónde quiere verlo. Es necesario que los formatos se adapten a este nuevo momento. 

-Siendo un trabajador del sector, la pregunta es obligada, ¿cómo piensas que ha afectado al ecosistema audiovisual valenciano la apertura de À Punt? 
-Ha sido una buenísima noticia para todos los profesionales. Aunque es cierto que hay una generación que entramos al mercado de trabajo en un momento en el que ya no había televisión pública valenciana, por lo que, para nosotros, tener esa posibilidad laboral ha sido una novedad. Yo mismo acabo de participar en el rodaje de Cuiners, el programa de Ricard Camarena. 

Foto: EVA MÁÑEZ.

-¿El cine actual está sabiendo plasmar con acierto los problemas de la sociedad contemporánea?
-En el cine siempre coexisten una corriente que retrata lo que está pasando y otra que se erige simplemente como modo de evasión. Y me parece genial contar con ambas.  Hay días en los que te apetece una obra más ligera y en otras buscas algo más profundo. De todas formas, creo que un rasgo generacional de la juventud actual es el hecho de ser muy selectivos: tenemos tanto acceso a todo que acabamos escogiendo películas, canciones o libros muy concretos porque son los que de verdad nos interesan más allá del genero al que pertenezcan. De nuevo, se impone el poder de elección.

-En tu caso, has dedicado varios años a formarte como director en centros especializados como la Ciudad de la Luz. ¿Hasta qué punto consideras que es importante recibir educación académica en este campo en lugar de optar por una vía más práctica o autodidacta?
-A mí estudiar me dio una base, pero creo que ante todo hace falta ser un apasionado de este oficio. Por ejemplo, los actores, si tienen un amplio recorrido, son muy buenos directores porque han visto trabajar a muchos profesionales diferentes; eso da unas tablas brutales. Con todo el sacrificio que supone levantar una película, si no amas la profesión, no te compensa.

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