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DYSTOPIA

Juan Pablo Mendiola: “Hemos querido darle la vuelta a la idea de que la tecnología es fría”

El director teatral estrena esta noche en Las Naves una obra distópica con reminiscencias a “Black Mirror” y el cine de Michel Gondry

15/09/2016 - 

VALENCIA. Juan Pablo Mendiola (Madrid, 1974) no se considera un optimista tecnológico puro, pero qué duda cabe de que la tecnología es la llave de su prometedor futuro como director teatral. Es consciente de que los nuevos tiempos exigen nuevas formas de contar historias; de que los recursos tradicionales del escenario se quedan cortos para explorar esa compleja trama intertextual y permanentemente cambiante que llamamos realidad (pero que de hecho discurre cada vez más en ámbitos virtuales).

Interceptamos a Mendiola entre ensayo y ensayo, con los nervios a cuestas. Quedan dos días para el estreno absoluto de “Dystopia” en Las Naves de Valencia; una pieza teatral desafiante, a mitad de camino entre el realismo mágico y la ciencia-ficción. Una obra con reminiscencias a lo “Black Mirror” que lleva grabada su marca personal como director artístico: la conjugación de danza, proyecciones de mapping en 3D y vídeo en directo.

 

El atrezzo minimalista de las vanguardias escénicas de la segunda mitad del siglo XX ha cedido el paso al After Effects y el MadMapper. Y mientras estas herramientas conquistan las artes escénicas, la tecnología ha dejado ser el medio para convertirse también en el mensaje. “Me interesan las características puramente plásticas de la tecnología, aunque también me interesa utilizarla para apoyar e incluso protagonizar la narración”, explica Mendiola, un confeso admirador de Michel Gondry (“Eternal sunshine of the spotless mind”), Spike Jonze (“Her”) o David Lynch (“Carretera perdida”, “Mullholland Drive”).

Al igual que estos grandes “distópicos” del cine contemporáneo, Mendiola se siente atraído por las fronteras desdibujadas de la realidad, la memoria y la identidad. “Cuando estás recordando vuelves a construir tus recuerdos; si introduces algo nuevo, se queda allí, construyendo una realidad alternativa. Lo hacemos continuamente. Al transformar nuestra memoria alteramos también nuestra identidad”, contesta el director madrileño cuando le preguntamos por el argumento de “Dystopia”. “Es una propuesta compleja, poliédrica y muy estimulante para el espectador”, reconoce, sin querer desvelar muchos más detalles para no romper la magia. 

Que nadie espere grandes respuestas a estos interrogantes. “Nos metemos en estos jardines asumiendo que es un viaje que compartes con el público. Nunca podremos ni querremos llevarle de la mano hasta nuestras propias conclusiones”, nos cuenta el autor.

Para defender esta pieza sobre el escenario, Mendiola ha vuelto a contar con la actriz y coreógrafa valenciana Cristina Fernández, protagonista de “Harket (Protocolo)”, la primera producción que presentó PanicMap como compañía. Esta obra transmedia, concebida en un principio sin demasiadas expectativas comerciales, llamó la atención de público y crítica de un modo inesperado. La pieza se alzó con el Premio BBVA 2014 al Mejor Espectáculo y a la Mejor Actriz, y Mendiola fue nominado como Mejor Autor Revelación en los Premios Max. Un año después, recogería uno de los preciados galardones que entrega cada año la SGAE, pero esta vez por “Dot”, espectáculo familiar creado en 2013 para la compañía Maduixa Teatre.

 

No solo para universitarios

Dystopia no se estaría estrenando ahora si no hubiese sido por el recorrido que tuvo “Harket”. No solo por los premios, que fueron una absoluta sorpresa, sino porque solo teníamos pensada una pequeña temporada en Valencia y algunas funciones más. Pensábamos que el tipo de mensaje de la obra limitaría nuestro público poco más que jóvenes universitarios, pero no fue así. El hecho de que nos llamaran para actuar en la Sala Cuarta Pared de Madrid nos abrió la ventana al circuito de festivales, lo que nos obligó a ampliar la dimensión de la compañía, que habíamos fundado Margarita Burbano y yo en 2012. De cualquier forma, por delante de cualquier galardón, que al fin y al cabo se acaban quedando en la estantería, lo que mas nos levanta el ánimo es poder coger la furgoneta y salir de gira”. 

Formado en diferentes centros como la Escuela del Actor y el Instituto de Teatro Nuria Espert en Valencia, los primeros pasos profesionales de Mendiola tuvieron lugar en la compañía de teatro de calle, “aunque mi escuela real ha sido L’Horta Teatre, donde comencé a trabajar como ayudante de dirección de Roberto García, que había sido mi profesor de interpretación. Para mí sigue siendo una gran referencia”, apunta.

En la compañía Teatre de L’Ull conoció a Cristina Fernández, cuya andadura actoral y coreográfica ha admirado desde entonces. También la del actor Àngel Fígols, quien comparte tablas con la actriz valenciana en “Dystopia”, desdoblándose en diferentes personajes y puntos espacio-temporales, e interactuando con los elementos visuales que envuelven el escenario. “Tuve claro desde el principio que quería contar con ambos. Para mí son dos bestias que se exprimen en el escenario y lo dan todo. Esta obra es muy exigente a nivel actoral, aunque decirlo parezca un lugar común. Es muy dura a nivel físico y emocional”.

“La diferencia es que en Harket hablábamos directamente de la dependencia de la tecnología, mientras que en “Dystopia” ésta es una especie de capa emocional. Los actores tienen que vehicular sus emociones a través del uso de cámaras, live cinema, etcétera –apunta Mendiola-. Hemos querido darle la vuelta a la idea de que la tecnología es fría. Que sea como un trocito de hielo que el actor va transformando en agua cuando lo toma con sus manos”.

Para el desarrollo de la parte técnica, se ha confiado en varios profesionales valencianos. Pepe Ábalos y Laura Cuello se han hecho cargo del contenido audiovisual, aportando sus propias propuestas plásticas a partir de las indicaciones de Mediola. Manuel Conde -uno de los responsables de la empresa Radiante, a quien los artistas David Moreno y Miguel Arraiz han encargado el desarrollo de la falla lumínica “Renaixement” para el Burning Man en el desierto de Nevada- ha realizado la parte de video mapping (proyección de animaciones sobre superficies reales). Por último, Damián Sánchez es el autor de la música y el espacio sonoro. “Trabajar con tecnología añade muchas dificultades al proceso creativo, que tiende a ser de ida y vuelta. Tienes una idea, se desarrolla,  y solo cuando la pruebas dándole vida con los actores sabes si funciona o si hay que desecharla incluso. La mejor herramienta a veces es la goma de borrar”.

Mendiola reconoce la existencia de una “contradicción constante” al enarbolar un discurso crítico hacia el abuso de la tecnología, cuando de hecho su trabajo depende absolutamente de ella. “Convivimos con esa contradicción. En Harket de manera más o menos implícita hablábamos de la dependencia tecnológica, poniendo un punto de advertencia. Uno siempre puede no alimentar la batería y desconectarse del móvil, pero nosotros como creadores la necesitamos, porque es nuestra muleta para poder seguir en la línea que hemos elegido”.

 

“Ahora las compañías de teatro jugamos más o menos con las mismas cartas”

La tarjeta de presentación de PanicMap es la vanguardia, pero a Mendiola el término le mete en un dilema. “Tengo un problema con esa palabra, porque cuando hablamos de vanguardia o alternativo pienso: ¿Con respeto a qué?, Si es que no hay teatro oficial. No es que sea alternativo, es que es el que hay. Desde finales de los ochenta, cuando empecé en este sector, han habido momentos en los que parecía que se iban consiguiendo cosas, como cuando estaba Centro Dramático o con Teatres, pero durante estos años últimos se ha aprovechado para desmantelar lo poco que había. Sin embargo, durante esta larga travesía que empezó en 2008 han nacido muchas nuevas compañías y hemos visto cómo han aflorado multitud de iniciativas como Russafa Escènica, Cabanyal Íntim o los espacios de microteatro. Todos muy precarios a nivel económico, pero que han permitido que se desarrollaran creadores nuevos. Se ha demostrado que a pesar de las dificultades, los creadores valencianos tenemos capacidad suficiente para ofrecer productos artísticos de calidad, con o sin ayuda pública. Aunque eso no quiere decir que se deba convertir en la norma”, explica. “Hace siete años, cuando mirabas de lado a lado ubicabas todo lo que había en el sector teatral valenciano. Estaba claro dónde estaba lo alternativo y dónde estaba el teatro más instalado en el sistema. Ahora mismo es un crisol en el que todos jugamos más o menos con las mismas cartas. De alguna manera, porque siempre hay muchos matices, la crisis nos ha puesto a todos antes las mismas condiciones”.

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