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Muno Na Baka

La música de los idiotas sin talento

21/04/2021 - 

VALÈNCIA. Muno Na Baka es la formación musical de Enrique Ruiz (piano, sintetizadores) y Carol Galarza (cello). También es una frase en japonés, que quiere decir “idiota sin talento”. Enrique la sacó del manga Muno no hito (El hombre sin talento) de Yoshiharu Tsuge. El cómic versa sobre un perdedor absoluto, un apreciado dibujante de manga que se autosabotea y considera que no tiene talento hasta tal punto que se queda sin trabajo. “La historia me resultaba muy peculiar, me di cuenta de que todo a mi alrededor despedía un aroma japonés, desde el piano, los sintetizadores. Me  inventé un cuentecito en el que iba robándole las canciones a un señor japonés y sacándolas poco a poco. Además somos un poco idiotas, sin talento… lo peor ya nos lo hemos dicho nosotros, así que  no tenemos miedo a que nos lo digan”. 

El cómic reposa sobre el piano de Quique. El piano está en un chalet en una urbanización próxima a L’Eliana. El talento también está. Está sonando en el streaming en directo que han montado para paliar la falta de conciertos. “Los conciertos son, lo primero, un disfrute propio. Hay algo de nervios como un examen. Después está el escenario y ves las reacciones del público. Se produce un bienestar muy chulo”, cuenta Carol. 

2019 fue el año en el que Muno Na Baka salió al panorama musical local por primera vez. “Hicimos tres conciertos: Centro Excursionista, La Fábrica de Hielo, y en Catacumba, el Festival de cine de Godella. En este último preparamos un montaje audiovisual. El vídeo tiene mucho peso en nuestras actuaciones”. En esos conciertos sonaron temas como I Passed the Turing Test, una canción —que recuerda a la música de Nils Frahm— sobre los pensamientos de una Inteligencia Artificial que Ruiz realizó empleando un piano, CZ-101, una kalimba con looper y los sintetizadores Alchemy y Air's Vacuum Pro. 

Foto: KIKE TABERNER.

Muno Na Baka bebe de trayectorias de clásica y jazz, pero se pierde por el camino y avanza hacia la electrónica más introspectiva —y a veces visceral— de compositores como Ben Lukas Boysen, Jon Hopkins o Rival Consoles. Enrique es autodidacta: “He ido a alguna escuela, pero sobre todo de jazz. Todo a salto de mata. He tenido grupos que se acercaban al jazz, al rock, al tango. Este era el palo que aún no había tocado. Bebe muy tangencialmente del jazz, es una composición abierta”. Junto a Luis Torregrosa y Rafael Ramos fue integrante de Naima, un trío de, digámosle, post-jazz, en el que Ruiz ya expresó su interés por los sintetizadores. Con esta formación actuó en Vilnius, Londres, San Petersburgo y parte de Europa, donde lograron cierto reconocimiento. “Veo normal en mi trayectoria no tener encaje aquí, no lo veo raro. Convivo con ello”

Por su parte, Carol tiene estudios superiores de conservatorio. “Conocí a Quique y Alberto Torres Blandina y apareció Niñamala. Me pasé al lado oscuro, hacia el tango y otros géneros. La parte clásica la tengo más abandonada. Hay una presión en el mundo clásico que hace que no disfrute, investigando otros géneros estoy más relajada”. Eso, lo del disfrute, es una constante en Muno Na Baka. Ruiz lo saca a colación cuando habla de las temáticas de la música que compone: “La oscuridad siempre está ahí, convive con la celebración de la vida, si te das cuenta que la muerte está cerca, ves cosas maravillosas de la vida. Es darte cuenta de que es imposible no ser feliz estando vivo”.  

Los temas no van por el carpe diem facilón. En ellos hay un vitalismo que surge de experiencias duras pero que, a través del piano, el cello y los sintetizadores, se convierten en situaciones con belleza. “Hay un tema central, 888 Días, que son los días que vivió mi hijo”, cuenta Enrique. “Estar mal no cabe, con la vida  tienes un regalo. A mí no me cabe otra posibilidad que no sea estar bien”. ¿Son estas composiciones una forma  de terapia? Carol no lo cree. “Pienso que Quique plasma sus cosas. Simplemente muestra como es. Es una vía de escape de muchas cosas, de soltar lastre”. Según Ruiz, “A veces pueden parecer canciones tristes. En realidad soy tan optimista que en la música me voy a otro lugar menos happy.  Quizá para enfatizar el contraste y para sacar lo bueno de lo supuestamente gris y oscuro”.

Si hablamos en términos de marketing,  Muno no es un producto fácil de comercializar. “Se adapta bien a los teatros, aunque también se puede probar en un espacio abierto, al ser ahora los conciertos sentados, nos lo facilita. es más cómodo. Estamos buscando fuera, hacia Europa, por probar. Allí he visto muchos artistas que trabajan este formato y pega más que en España. Aunque hay que hacer una base local”. Los sets de esta formación son inmersivos. Varían según la lectura que Carol y Enrique hagan del espacio. Predomina una querencia por crear atmósferas recogidas donde abunda la narratividad y casi, el ambiente recogido del Japón rural tan apreciado por el dibujante Yoshiharu Tsuge.

Falta media hora para las cinco de la tarde del sábado. Empiezan a sonar el cello y el piano. Son las primeras notas de 888 Días. Al rato suenan dos temas inéditos, Someone Is Watching Over You y La simulación. “El primero surgió a partir de un standard de jazz, Someone To Watch Over Me, que habla de cuánto se necesita a alguien que cuide de nosotros. En nuestro tema, mucho más positivo, esa persona ya está localizada. La Simulación especula sobre la posibilidad de que la realidad sea una simulación.  Por otra parte, nos daría igual, porque jamás podríamos salir al formar parte de ella”. Estas dos piezas quizás vayan en un EP. “Lo de sacar el disco, me tira para atrás —expresa Ruiz—el EP puede ser una opción. Si hubiera edición física tendría que ser vinilo y hace falta más conciertos para que salga rentable. Llevar el show fuera. La idea del EP está planeando sobre nuestras cabezas”. 

Foto: KIKE TABERNER.

Las nuevas canciones han nacido siguiendo el proceso creativo que Ruiz inicia normalmente con unos acordes de piano. “Pienso en acordes de otros grupos que me transmiten algo, los exploro. No es hacer una versión, es fijarse un trozo de melodía. Es como sacar un plantón, y reproducirlo. Sería como atrapar una idea vaga, quedarme con algo de la canción”.  Para componer, el músico se fija en la producción de Ólafur Arnalds o Max Richter. Pero también, en Röyksopp, Portishead o Amy Winehouse. “Para uno de los temas, Quique me pidió que le dijera tres temas dispares que me gustaran. Un nocturno de Chopin, el Nº2. Una de Amy Winehouse, Back to Black. Y una más pastelona, More Than Words de Extreme”. Enrique opina sobre los estilos musicales que “cuanto más te acercas al estilo (cualquiera), más te alejas de ti”. Ingeniería agrónoma para crear música. 

“Focalizo mucho las sensaciones que transmiten los primeros acordes de una composición. Intento no hacer un análisis técnico musical. Los acordes se repiten mucho en multitud de canciones, por ello hay que saber darles sentido”. El live en directo concluyó con una de las canciones que mejor definen a Muno Na Baka: Beautiful Life, una composición que habla de que la consciencia no es necesaria para la vida. “Pero ya que la tenemos, podemos darnos cuenta de lo que implica estar vivos. A pesar de lo malo, hay mucho que disfrutar”. Por ejemplo, el disfrute que hay en escuchar una música que explora la identidad de otros géneros para desarrollar una piel propia.  

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