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'LA PANTALLA GLOBAL'

La nueva comedia española es vieja

Se estrena ‘Los miércoles no existen’, otra cinta de humor enmarcada dentro de la supuesta renovación del género en nuestro país

16/10/2015 - 

VALENCIA. La comedia española está que se sale. Así, en plan triunfalista. La taquilla lo confirma: Si no es Santiago Segura, es Almodóvar, pero las cifras cantan. Por no hablar de fenómenos puntuales como Ocho apellidos vascos (2014), de Emilio Martínez Lázaro. Casi podría decirse que, dejando aparte las películas de Alejandro Amenábar, la cuota de pantalla estatal se salva cada año gracias a las comedias. Y, bueno, Amenábar hace ya bastante tiempo que realiza cine sin denominación de origen, así que, de algún modo, las esencias cinematográficas patrias se conservan entre gags, carcajadas y chascarrillos. Siguiendo la tendencia en auge, hoy mismo llega a las pantallas Los miércoles no existen, de Peris Romano, basada en su propia obra teatral, una retahíla de enredos, mentiras, confusiones y líos amorosos en clave coral que se define como “dramedia con números musicales”.


Sí, al leer la frase es inevitable acordarse de El otro lado de la cama (2002), un gran éxito de recaudación que, casualidades (o no) de la vida, también dirigió Emilio Martínez Lázaro, cineasta más bien discreto que inició su carrera en los setenta, como Fernando Colomo (por entonces, se hablaba de comedia madrileña), y que en plena madurez se ha encontrado con dos pelotazos casi sin proponérselo. Y es muy probable que en breve sean tres, ya que está al caer Ocho apellidos catalanes, la inevitable secuela. A sus setenta años, difícilmente se le puede situar a la vanguardia de una supuesta nueva comedia española, y no tanto por una cuestión de edad, sino porque cultiva un acartonado costumbrismo que poco o nada tiene que ver con planteamientos novedosos.

Ser o no ser

De hecho, la cuestión a dilucidar es si realmente existe esa corriente renovadora en la comedia española. El éxito del género en los últimos año ha permitido volver a la dirección incluso a Álvaro Fernández Armero, otro cineasta que se postuló como revulsivo (en su caso, en la década de los noventa) y que tras pasarse siete años desterrado en televisión regresó al cine el año pasado con la anodina Las ovejas no pierden el tren. Ya en el presente siglo, Daniel Sánchez-Arévalo dio sus primeros pasos en el cine social, pero con el tiempo ha ido derivando hacia una comedia bastante más conservadora de lo esperado, y también de marcado acento costumbrista, ejemplificada por títulos como Primos (2011) y La gran familia española (2013).


De nuevo, se trata de fórmulas bastante trilladas y con escaso visos de originalidad, que tampoco se detectan entre realizadores más jóvenes, como la debutante Leticia Dolera, que ha intentado adaptar la comedia indie americana al contexto español en la fallida Requisitos para ser una persona normal (2015) o el también primerizo Alejo Flah, que se mueve en similares parámetros con Sexo fácil, películas tristes (2014). Son títulos que, en todo caso, se alejan de los modos televisivos predominantes en el trabajo de otro cultivador de comedias como Nacho G. Velilla, fogueado en las series 7 Vidas y Aída, cuyo modelo (star system, caligrafía, temáticas) ha trasladado a los largometrajes Fuera de carta (2008), Que se mueran los feos (2010) o Perdiendo el norte (2015).


En opinión del crítico, escritor y analista cultural Jordi Costa, “televisión y cine se retroalimentan, pero no estoy seguro de que podamos hablar de influencia de la telecomedia en el cine. En lo que se refiere a planteamientos renovadores, destacaría a Paco León. Creo que se menosprecia un poco su trabajo, pero tanto Carmina o revienta (2012) como Carmina y amén (2014) me parecen muy interesantes por cómo juegan con la improvisación y el registro de falso documental”. También en la liga de la comedia comercial, pero con ambición de ir más allá del modelo costumbrista, se sitúa Javier Ruiz Caldera. Según Costa, el director de Anacleto: Agente secreto (2015), Tres bodas de más (2013) o Spanish movie (2009) “ha crecido viendo comedias americanas, e intenta adaptar algo de su tono a la comedia española; el caso donde mejor se puede constatar es Promoción fantasma (2012)”.


Probablemente, como ha reconocido en algunas entrevistas el director Borja Cobeaga, lo que sucede es que los jóvenes cineastas españoles han cambiado a Rafael Azcona por Judd Apatow. El caso de Cobeaga es curioso: Por un lado, es uno de los guionistas de Ocho apellidos vascos, una cinta que, como subraya Costa, “posee el factor externo de bromear sobre el tema abertzale, algo que hace unos años se hubiese considerado extremadamente delicado, o directamente un tabú, pero tiene el registro y las maneras tradicionales de la comedia costumbrista”. Sin embargo, cuando se trata de ponerse a dirigir, Cobeaga tiene más que ofrecer. Especialmente en su última película, Negociador (2014), “que sí me parece representativa de una nueva sensibilidad que no teníamos antes”, asegura el crítico catalán. “Es una comedia que matiza o trata el uso del gag de otra manera y juega un poco con formas más sutiles”.

Otra comedia española

Cobeaga podría ser el enlace entre la comedia española que algunos tildan de nueva pero que, como se ha visto, es más bien continuista respecto a la tradición costumbrista, y otra comedia que se cultiva también en nuestro país, sin el mismo respaldo del público o los medios, y que sí está intentando manejar nuevos códigos a la hora de aproximarse al humor. “Indudablemente, en los últimos años ha habido una eclosión muy interesante de talento, con nombres como el de Juan Cavestany (Gente en sitios, 2013), que puede hacer reír desde planteamientos muy serios”, comenta José Manuel Zamora, director de Abycine, festival radicado en Albacete que lleva tiempo apostando por el cine español más rompedor. En su opinión, “el posthumor es, evidentemente, la marca común de estos cineastas”.


Y si hablamos de posthumor, tenemos que volver a Jordi Costa, que no solo es quien ha acuñado el término, sino también el coordinador de Una risa nueva. Posthumor, parodias y otras mutaciones de la comedia, libro colectivo editado precisamente por Abycine en 2010. “Creo que lo que hace Juan Cavestany es posthumor”, afirma Costa. “Y también el trabajo de Los Pioneros del Sigo XXI. Quizá los únicos que asumen la etiqueta y hablan de ella sin problemas son Canódromo Abandonado, el grupo formado por Julián Génisson, Lorena Iglesias y Aaron Rux, porque los cómicos de La Hora Chanante siempre han dicho que ellos no hacen posthumor, y que si un gag no hace reír es porque ha salido mal. Pero algunos sketches de Muchacha Nui, no sabría decir si son concretamente los que dirigió Nacho Vigalondo, que eran una especie de parodia de El hombre elefante y Gremlins 3, tienden a estirar el silencio incómodo, una situación potencialmente dramática para el humor”.


Así pues, existe un puñado de francotiradores, la mayoría operando al margen de los circuitos mainstream, y representados por títulos como Gente en sitios, La tumba de Bruce Lee (Canódromo Abandonado, 2013), o Mi loco Erasmus (Carlo Padial, 2012) que, en palabras de Costa, “quizá si permitirían hablar de nueva comedia, aunque no en términos de grupo o estética cohesionada, porque cada película es de su padre y de su madre. Pero todas compartirían que, de alguna manera, la mecánica extrovertida de la comedia, la tradicional mecánica de los gags, ya no funciona igual, porque proponen otra cosa”. Para José Manuel Zamora, que añade al grupo a Daniel Castro (Ilusión, 2013) y al dúo cómico Venga Monjas, se trata de “voces propias que han sedimentado muy bien en sus obras las muy variadas tendencias de la comedia contemporánea junto a referentes de todo tipo, no solo cinematográficos. Han sabido explotar desde el obligado low cost presupuestos programáticos que funcionan muy bien en esos parámetros. Y además, de una manera deliberada o no, dibujan una España de la crisis desde un punto de vista más amplio que el meramente social, aunque partiendo de ese supuesto. Es la frustración social enfocada desde el punto vista del enano rojo de Lynch”.

La diferencia entre una manera de ver la comedia y la otra no se ciñe únicamente al lenguaje o a la forma de utilizar las herramientas del género. También a sus modos de difusión. Mientras la comedia de corte más tradicional accede con regularidad a las pantallas comerciales, las apuestas más osadas suelen encuentran acomodo en plataformas digitales y festivales. Parece la consecuencia lógica del entorno (económico, industrial) en que se generan unas y otras, aunque figuras como la de Enrique López Lavigne demuestran que se puede militar en ambos bandos. El productor de 28 semanas después (28 Weeks Later, Juan Carlos Fresnadillo, 2007) y Lo imposible (The Impossible, Juan Antonio Bayona, 2012), también es el hombre que ha hecho posibles Extraterrestre (Nacho Vigalondo, 2011) o Gente en sitios. Más personajes con su talante harían más sencillo llevar a buen puerto proyectos de riesgo que, independientemente de sus resultados, son siempre los que parten de planteamientos más estimulantes.

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