CULTURA COMO CONSOLACIÓN 

Productos culturales como Prozac

6/10/2021 - 

VALÈNCIA. El titular alternativo de este artículo habría sido Las consolaciones de la cultura, en referencia a un remix entre dos de los libros del filósofo y escritor Alain de Botton: Las consolaciones de la filosofía Taurus) y El arte como terapia (Phaidon). En ambos títulos de Botton explora cómo distintas manifestaciones culturales y artísticas ayudan a comprender y deglutir los sinsabores de la existencia.   

El titular definitivo de este artículo —Productos culturales como Prozac— es una advertencia de que lo que está por venir en los siguientes párrafos es un compendio de mercancías culturales que como el Prozac u otros ansiolíticos y antidepresivos, alivian el malestar más profundo, pero tienen efectos secundarios —algunas de las recomendaciones invitan más a mirarse de ombligo para adentro que suponer un gesto de sofronización—, son temporales, puesto que todo remedio es efímero y en muchos casos, producen adicción o tienen excipientes que no son más que efecto placebo. 

De Botton, como buen fan de Marcel Proust, rescata una reflexión del novelista francés respecto a la lectura en relación con la amistad y esta como contraposición a la soledad: “En la lectura, la amistad a menudo nos devuelve su primitiva pureza. Con los libros, no hay falsa amabilidad que valga. Con estos amigos, si pasamos la velada en su compañía es porque real y genuinamente nos apetece”.

A lo largo de Las consolaciones de la filosofía Montaigne aparece varias veces referenciado para tratar este mismo tema: “Consuélame en la vejez y en la soledad. Me libra del peso de una ociosidad tediosa; y me salva en todo momento de las compañías que me resultan enojosas. Lima los pinchazos del dolor si no es del todo extremo y dueño absoluto de mí. No hay cómo acudir a los libros para distraerse de un pensamiento inoportuno”. 

Mira y sufre 

Entre las ramificaciones de la eterna discusión sobre la función del arte una idea refrendada por el filósofo y escritor John Armstrong: “Una de las cosas relevantes que inesperadamente el arte puede hacer por nosotros es enseñarnos a sufrir de la manera más exitosa”. Armstrong quiere decir que el arte puede dignificar la tristeza y si bien no nos aparta de ella —¿quién no siente pesadumbre ante la obra de Edward Hopper o tirando de tópicos, no puede escapar de un cuadro de Munch?— sí que nos aproxima a ella de forma analítica y empática. El artista ha estado en ese sentimiento antes.  

Amstrong escoge Fernando Pessoa, una implacable y oscura obra de Richard Serra que homenajea al melancólico poeta portugués, para tratar la tristeza como una emoción magnánima y ubicua. “Muchas cosas tristes se hacen peores porque sentimos que las sufrimos solos. Vivimos nuestro problema como una maldición (…). De manera que nuestro sufrimiento no tiene dignidad; parece deberse solo a nuestra naturaleza extraña. Necesitamos ayuda para encontrar honor en algunas de nuestras peores experiencias, y el arte está ahí para darles expresión social”. 

Directo a las entrañas: libros que abordan la depresión 

“Además el Captorix ayudaba, era innegable (…). Desprovisto tanto de razones como de deseos para vivir (¿eran equivalentes los dos términos?; la cuestión era difícil no tenía una opinión bien formada al respecto)”. Quien habla es Florent-Claude Labrouste, hombre de mediana edad creado por Michel Houllebecq. El protagonista de Serotonina (Anagrama), una entrega más de la prosa cáustica, provocadora y misógina del novelista francés. La inacción, el repaso a un historial amoroso plagado de problemas y ese deseo de la nada, de sedación, nos llevan a otro personaje que sería objeto de las obscenidades de Labrouste o el propio Houllebecq: la joven y bella protagonista de Mi año de descanso y relajación (Alfaguara), novela Ottessa Moshfegh en la que la narradora se encierra en su piso del Upper East Side de Manhattan —el mismo barrio alto que el del plantel de Gossip Girl— a atiborrarse de ansiolíticos hasta adoptar un estado letárgico que ni la Joven decadente pintada por el decadentista Ramón Casas. 

Unica Zürn saltó al vacío. La escritora y pintora alemana conocida por su poesía anagramática es una de las voces más perturbadoras de finales de la década de los 60. En Primavera sombría (Siruela) narra el abismo emocional, apabullante y agonizante de una niña “Sufre en silencio, perdida en ensoñaciones masoquistas en las que no caben pensamientos de venganza ni desquite. El dolor y el sufrimiento le causan placer. (…) La vida, sin la desgracia, es insoportable”.

Zürn, que sufría esquizofrenia, se columpiaba entre la pulsión de vida y de muerte, hasta que la última venció. Un patrón de existencia que encontramos también en Sylvia Plath e incluso en la cantautora chilena que se suicidó a los 49 años tras depresiones y —a nadie le va a sorprender— incertidumbres amorosas. 

Ensayos químicos y encuentros literarios sobre el hundimiento

Hay más. El 28 de octubre el tema que aquí nos ocupa será cercado desde un ensayo visual, sonoro y textual creado por Reyes Pe en colaboración con la buena gente de LANEVERA gallery. No pasa nada. Sí que pasa es el nombre del “ensayo químico” —en palabras de la autora—. “El nombre viene por el típico ‘no pasa nada’ que camufla mucha mierda en la que hay que trabajar. Quiero mostrar ese tabú que tenemos con la depresión, aunque cada vez menos, y que depositamos en esas conversaciones de Whatsapp”. Reyes da sentido plástico a las palabras y conceptos que engloban los estados más funestos del alma.  “Quería plantear esa serie de situaciones que se desarrollan en el WhatsApp, donde se hace terapia. Usamos el móvil, pero son palabras que se las lleva el viento. A través de hueles llevados al espacio expositivo reproduzco conversaciones reales que están serigrafiadas por la gente de LANEVERA”. 

Dos días después del encuentro en LANEVERA gallery, en la tarde del 29 de octubre, se celebrará en la librería Bangarang Comerse una pastilla, un evento gastroliterario que aborda la cultura del ansiolítico, los tratamientos antidepresivos y sus periferias. Partiendo de libros como Fármaco (Literatura Random House) de Almudena Sánchez, la mencionada novela de Moshfegh o la obra de Sylvia Plath, entre otras autoras, se viajará arriba y abajo en la literatura para analizar y reflexionar sobre los peores estados morales. El encuentro incluirá brownie y otros dulces, por aquello de superar la bajona.