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Batallas de gallos

Rimas, 'freestyle' y Kandinski: crónica de una batalla de gallos ‘a la valenciana’

Todas las semanas se reúnen decenas de jóvenes en el Cauce del Río Turia para dar rienda suelta a su freestyle. Ellos mismos lo organizan todo, juzgan y combaten en las batallas

17/02/2020 - 

VALÈNCIA. Un centenar de chavales se reunían el pasado sábado bajo el Puente de las Glorias, en el Cauce del Río de la ciudad de Valencia. Formaban un amplio semicírculo en cuyo centro ya estaba todo preparado un rato antes de la caída del sol. Un altavoz, varios jóvenes jueces sentados en escalones con libreta y boli en mano, un cámara y el organizador, Pau Moreno, para mantener el orden entre el tumulto. Iba a comenzar la Segunda Clasificatoria a la competición Freestyle Vereda, a la que se habían inscrito más  de 60 personas.

El freestyle se caracteriza por ser un hip hop creado en el momento, improvisado al mismo tiempo que se rapea, que expresa lo que uno ve o siente, sin dejar de reproducir las palabras sobre un ritmo. El objetivo es mantener un flow constante. Es lo que pretenden, con más o menos suerte, los participantes de Freestyle Vereda: improvisar sobre una base, con las dificultades que ello conlleva. Las rimas deben surgir de forma instantánea, limpias y con estilo.

La competición daba comienzo con batallas por grupos de cuatro. El principio fue como un filtro en el que los menos experienciados iban dejando paso a los que mejor rimaban. Llamaba la atención el respeto que había entre unos y otros más allá de los combates. Durante las batallas se increpaban entre sí con más o menos ingenio, pero al terminar siempre se daban un abrazo sincero. Por encima de todo prevalecía cierta hermandad entre unos y otros. Para empezar, el contacto físico está prohibido y, según Raúl de las Heras, jurado de la batallas y Técnico de Animación Sociocultural, “hay una base de respeto que no se suele faltar”. Al final, como afirmaba Sobe, uno de los participantes de la competición, “las batallas son un deporte, y lo que pasa en el escenario no debe bajarse del escenario”. En la misma línea iba la actuación del organizador, que al terminar cada batalla pedía un aplauso para el perdedor.

Durante el filtro, muchos chavales buscaban la rima fácil cayendo en estereotipos sexistas y superficiales. Sobe afirmaba que “las batallas de gallos tienen los micromachismos arraigados”. “Se utilizan términos discriminatorios y estereotipos machistas la mayoría de las veces”. Según el rapero, el problema se reduce a que “la mayoría de los batalleros son hombres”, así que “eso influye”. Sin embargo, según Sobe, “se está empezando a luchar contra el machismo en las batallas”. Muestra de ello es el caso de la recientemente popular Sara Socas, una rapera que se convirtió en un fenómeno viral tras una batalla de gallos en México el pasado diciembre. De las Heras afirmó que “las batallas multiplican cualquier estereotipo que discrimine a algún sector de la sociedad”. Según él, al fin y al cabo, el objetivo de una batalla es “humillar al rival”.

El freestyler llamado 'Pikeras' durante una de las batallas

Si bien esos estereotipos  no llegaron a desaparecer del todo, pronto fueron dando lugar a patrones mucho más complejos que llamaban la atención por lo jóvenes que eran quienes los elaboraban. De hecho, De las Heras hacía hincapié en que su criterio como juez se basa fundamentalmente en “la coherencia; la adecuación a lo que diga el contrincante, es decir, el contexto; y la adaptación a la temática”. Tiene sentido que, bajo estos criterios, el abuso de rimas simples y estereotipadas perjudique a un competidor. Fue a partir de los octavos de final cuando la calidad de las batallas empezaba a hacerse mucho más evidente. Se podían escuchar referencias a la alta cultura de algunos de los freestylers. Así, en un momento dado, uno de ellos llamado Joel, decía algo como “hoy vengo aquí para darte una lección, el pícaro de Ícaro no puede tocar el sol”. Entre rima y rima se escucharon también menciones a Mozart, al director de cine Christopher Nolan o al pintor urbano Bansky, entre otros.

Sin embargo, lo más interesante de la Segunda Clasificatoria de la competición independiente Freestyle Vereda era la agilidad mental de los jóvenes competidores. Especialmente rápido era un joven de tan solo 14 años llamado Alandes. Respondía a sus contrincantes con mucha precisión, y hacía referencias a Kandinski con frases como: “Eres como Kandinski en un mundo de daltónicos”. Sobre él, uno de los espectadores dijo que su calidad como freestyler radicaba en el “efecto-niño”, que en la jerga underground se refiere a la percepción de que las rimas de una persona parecen más impresionantes cuanto más joven es.

En los cuartos de final el nivel de los freestylers aumentó sensiblemente. Las batallas se hacían más maduras, pero la edad de los competidores seguía siendo la misma. Algunas incluso parecían debates donde el argumento de unos era el hilo conductor de otros. Esa es una de las claves para De las Heras, en cuyo criterio como jurado también está “la capacidad de respuesta”. Y no se trataba de un hilo conductor simple, sino todo lo contrario. Frente al patrón de uno de los competidores, que hacía referencia al consumo de drogas, su adversario, que en este momento se trataba de Sobe, dijo algo como: “Yo no hago apología a la droga porque hacerlo es fomentar que las personas pierdan su esencia”.

Por otro lado, durante las semifinales introdujeron un método distinto de competición: el easy-mode. Se trata de una modalidad de batalla en la que los freestylers rapean en base a las palabras que van apareciendo en una tablet, que cambian en cada patrón, es decir, cada menos de diez segundos. Se hizo evidente que a las semifinales solo podían llegar los más buenos, pues el easy-mode requiere de un vocabulario extenso y de una capacidad métrica mucho más desarrollada.

El freestyler llamado 'Flama' y, detrás, el juez de batallas Raúl de las Heras

Tanto el hip hop como las batallas han sido estigmatizados tradicionalmente. Se ha generalizado la percepción de que se trata de culturas propias de indeseables. Sin embargo, la enorme viralidad a la que ambos están sometidos hoy en día, así como la vasta diversidad de artistas que existen, ha fomentado que ese estigma se haya reducido en gran medida. Así lo afirma Sobe: “Actualmente las batallas están bien posicionadas. Tienen un público fuerte, organizaciones muy grandes detrás y mucha representación”. Sin embargo, según él, no ocurre lo mismo con batallas de calle como esta. “Ya no tienen tanto reconocimiento si son independientes de las grandes organizaciones”. Por otro lado, como asevera el rapero, el hip hop “es lo más mainstream que hay, es el nuevo pop”. “Antes los jóvenes querían ser astronautas, ahora quieren ser raperos. Hemos avanzado muchísimo”, concluye. Desde esta óptica, De las Heras saca a relucir que normalmente son “las personas mayores quienes relacionan al rap con la drogadicción, la pérdida de tiempo, etc…, y los jóvenes quienes piensan que los freestylers tienen una capacidad alucinante”. “Hay que potenciar la segunda”, decide.

En contraste con la creciente calidad de los freestylers conforme avanzaba la competición, los recursos del evento eran bastante limitados. En un momento dado falló el altavoz con el que se reproducían las bases a través del bluetooth de un teléfono móvil. Ese altavoz y una pila de botellines de agua conformaban todos los elementos que la organización había podido ofrecer. Sin embargo, no parecía que nadie de los presentes necesitara nada más.

Errecé rumbo a la final

El mismo día en que se produjo la Segunda Clasificatoria a la competición Freestyle Vereda, tenía lugar otro evento, de mucho más calado, en Ciudad de México. Se trata de la Tercera Jornada de la Freestyle Master Series (FMS) internacional. Errecé, un freestyler valenciano de 24 años, sorprendió al público clasificándose junto a Chuty, Skone y Bnet para la final de la FMS internacional.

Errecé, clasificado para la Gran Final de la FMS Internacional

Lo interesante de todo es que Errecé dio sus primeros pasos de la misma forma que lo hacían los competidores de Freestyle Vereda: en las batallas callejeras del Cauce del Río. Así, el rapero caracterizado por su flow, ha conseguido alcanzar el objetivo al que todos los competidores de Freestyle Vereda buscan llegar, y competirá por la victoria el próximo 7 de marzo en Lima.

El quinto escalón

Las batallas callejeras de gallos no son algo nuevo. Desde hace años, jóvenes de todo el mundo se reúnen en parques para dar rienda suelta a su freestyle. El fenómeno de combates callejeros más masivo que ha habido tuvo lugar en 2016, en el parque Rivadavia de Buenos Aires. Se trata de un torneo más de improvisación callejera, llamado El Quinto Escalón, con la particularidad de que este fue el más viral en la historia del freestyle de habla hispana. Allí se reunieron miles de jóvenes, y la viralización fue mayúscula. Tanto que actualmente es el vídeo más visto de la historia de las batallas de gallos. En YouTube tiene 34 millones de visualizaciones, muchas más que cualquier otro resumen de una competición oficial.  

El Quinto escalón fue el semillero del que saldrían posteriormente raperos tan reconocidos como Duki, Paulo Londra, Ecko o Lit Killah. La última batalla de gallos que celebró la competición fue en 2017, cinco años después de su comienzo, cuando grupos de jóvenes argentinos comenzaron a juntarse en aquel parque para rapear.


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