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DEL 9 AL 12 DE JULIO

Salitre, lucha vecinal y millones de imágenes: arranca el I Campus de Artes Visuales del Cabanyal

Talleres y charlas para aprender a surfear el maremágnum de estampas que nos inunda

1/07/2024 - 

VALÈNCIA. Callejuelas marineras, luchas vecinales, turistas, salitre y tropecientos millones de imágenes. Imágenes propias y ajenas. Imágenes que lo inundan todo. Imágenes hasta donde alcanza la vista. Estos son algunos de los ejes del I Campus de Artes Visuales del Cabanyal, que ofrece talleres gratuitos (hasta completar aforo) para distintas edades con la fotografía, el vídeo o el fanzine como protagonistas.

Tenemos el qué, nos falta el cuándo y el dónde. Aquí van: el proyecto tendrá lugar del 9 al 12 de julio y ha sido puesto en marcha por la asociación Siroco Cultural, el Centro Cultural La Reina 121 (que ejerce además como sede de la iniciativa) y Jorge Alamar, encargado de diseñar su programación. ¿El objetivo de esta iniciativa con ecos pesqueros? Fomentar la educación visual y construir “una mirada comprometida con las diferentes realidades del distrito marítimo” cuentan sus responsables.

Por ello, en su programación encontramos propuestas como Explora tu mirada, un taller fotográfico infantil a cargo de La Breva. En él, la chavalada recorrerá parte del Cabanyal registrando con cámaras instantáneas aquellos aspectos que más les llamen la atención. A través de la deriva es el título de la actividad dirigida a adolescentes de 13 a 17 años. Impartido por Colectiv4s.psd, utilizarán técnicas como el collage, el frottage o el grabado en relieve para crear un fanzine colectivo. ¿Y los adultos, es que nadie va a pensar en los adultos? Que no cuenta el pánico: Pablo A. Rubio Gil-Orozco guiará la realización de Fragmentos del Cabanyal, una pieza audiovisual que recogerá las principales problemáticas que acechan al barrio.

Colectiv4s

En un mundo tan colapsado de imágenes como el que habitamos, resulta imperante rascar unos fragmentos de tiempo para abordar su papel en nuestras vidas. Así lo cuenta Jorge Alamar: “usamos imágenes para casi todo, desde la comunicación a través de WhatsApp o Telegram hasta expresar estados de ánimo con selfies. Pero no somos suficientemente conscientes de la importancia de las imágenes en nuestra sociedad. Sabemos que los niños deben hacer ejercicio físico y aprender idiomas, pero parece que no damos la misma prioridad a la comprensión y gestión de lo visual, a pesar de que desde muy pequeños ya usan smartphones y consumen imágenes constantemente”.

Pero, ojo, Alamar (quien se adentró en el mundo de la fotografía siendo adolescente) no cae en el alarmismo ni se viste de apocalíptico: “las imágenes están presentes en nuestras vidas de forma transversal. Nos acompañan, nos lanzan mensajes de todo tipo. Por ello, es fundamental formarse para tener una relación sana con ellas. Este proyecto plantea que, en lugar de dejarnos arrasar por el maremágnum de imágenes, intentemos surfear esta realidad de la forma más consciente posible”. 

El centro cultural La Reina 121 y nave nodriza del Campus, dependiente del Ajuntament de València, fue inaugurado hace un par de meses y cuenta con Olga Álvarez al frente. La exidrectora del TEM pone el acento en cómo esas imágenes que “consumimos, compartimos y creamos moldean y codifican nuestra visión de la realidad y nuestro imaginario colectivo”.

Una ruta que también transitan Fiorella y Celia Marco, integrantes de Colectivas.psd: “la imagen tiene mucho poder de comunicación, ya no solo política sino también emocional o estética. Una imagen no solo es símbolo de evidencia de un hecho, sino que narra y tiene alma propia . Cada persona puede darle un relato diferente”.

Este Campus aborda nuestra relación con lo visual desde la reflexión, pero también desde su vertiente más creativa. Se trata de pensar, observar, activar y practicar. En este sentido, Celia habla de la “necesidad intrínseca de generar un lenguaje propio para comunicar aquello que tenemos dentro”. Y, en la misma línea, su compañera en Colectivas.psd considera que a los seres humanos habitualmente les resulta “más fácil, dinámico y sincero” expresarse a través de la creación visual. 

Por su parte, Álvarez recuerda que la meta final del proyecto reside en que sus participantes “se hagan preguntas y tengan una mirada crítica sobre nuestro territorio y las situaciones actuales que le afectan. Para ello, es fundamental que las cuestiones reflexivas y las creativas y estéticas convivan y generen propuestas significativas”. Turno para Alamar, quien defiende que, en la actualidad, tratar de definir qué es una imagen puede resultar “complicado”, pues, “ya sea estática como en movimiento, es algo polisémico y permite ser abordada desde perspectivas diversas”.

Territorio fanzine

Imagen, autoedición y celulosa se reúnen en el taller de fanzine para adolescentes. ¿Por qué estas publicaciones? Para Celia, se trata de una herramienta muy útil, ya que combina “la expresión de creencias con la expresión artística, es una manera de compartir tu intimidad con el resto”. Además, en el plano práctico “el formato es muy barato, accesible y versátil, permite infinidad de técnicas y da libertad absoluta. Incluso se puede distribuir en los comercios del barrio o repartir por la calle. Para nosotras, se ha convertido en nuestro medio con el que materializar las reflexiones sociales y políticas que hacemos a partir de observar el entorno urbano. Creemos que puede informar, concienciar, visibilizar de una forma sencilla y accesible”. Por otra parte, incide en que existe cierta creencia alrededor del fanzine como “objeto de culto que atrae mucho”. Entra Fiorella, quien considera que el componente autogestionado y autoeditado del fanzine equivale a “abrir todas esas puertas tapiadas. Hacer que escuchen tu voz e inquietudes. Es una publicación donde tú pones las reglas, los límites y todo lo demás”.

Aquí el match se produce entre fanzines y jóvenes. Y es que, como indica Celia Marco, es en la adolescencia cuando empezamos “a construir nuevas ideas y creencias, es un gran momento para conocer herramientas que permitan expresarse. Es interesante trabajar la mirada crítica y la expresión artística con adolescentes para generar nuevas formas de relacionarse con el barrio. Hoy en día estamos siempre con el móvil y las redes sociales. La idea no es rechazar o negar esta realidad, sino compartir las posibilidades que puede tener este medio para crear”. Su propuesta implica trabajar “desde la deriva, es decir, un paseo consciente en el que nos detenemos y observamos la calle. La realidad es que el móvil viene fenomenal para tomar notas, fotos, vídeos o buscar información de aquello que nos llama la atención al caminar. En esos paseos previos podremos repensar fenómenos como la turistificación y ser conscientes del suelo que pisamos, los espacios habitados y deshabitados”.

Eso sí, Fiorella destaca que cuando les propusieron enfocarse precisamente en este colectivo, les pareció “retador y a la vez un misterio total. La adolescencia es una etapa muy drástica de cambios, emociones diversas, molestias. Poco a poco te vas conociendo y vas entrando a este mundo a veces apabullante, a veces desconcertante y a veces maravilloso”.

A menudo, cuando hablamos sobre alfabetización visual nuestra cabeza cabalga veloz hacia el público menos añejo. Infantes inocentes rodeados de estampas confusas y peligrosas. Pero, ¡ mucho cuidado! ¡alerta máxima! Da igual la fecha de nacimiento que ponga en el DNI, tú, adulto que ya se las sabe todas, estás tan expuesto a la riada visual como un chaval de quince años. Lo que pasa es que quizás todavía no te hayas dado cuenta.

“Las imágenes afectan a todas las edades y la educación visual es relevante tanto para niños de cinco años como para adultos de 60 a los que les llegan fotografías falsas por WhatsApp o Twitter. Educar en lo visual implica aprender a hacer preguntas adecuadas y eso debe hacerse a cualquier edad”, reclama Alamar. Es más, desde el punto de vista creativo, reivindica que  agarrar una cámara y correr a plasmar "tu mirada sobre las cosas e intentar desarrollar un proyecto audiovisual tampoco tiene edad. En mis clases,  hay  desde alumnos adolescentes a otros jubilados.  Y todos ellos, desde su momento vital particular, se enfrentan a las imágenes de manera similar”.

Y pese a que la sobreexposición visual nos afecta a todos, Álvarez considera que solemos centrarnos en los menores por las consecuencias “perniciosas que puede tener el uso indebido de fotografías o vídeos en redes sociales e Internet, donde el control es más difícil. Sin embargo, también es crucial trabajar el pensamiento crítico en los adultos para ser más conscientes ante la publicidad, saber analizar y diferenciar información… y luego poder transmitir ese conocimiento”.

Aquí, otro cimiento de esta iniciativa: emplear el arte como una herramienta para crear comunidad. Y hacerlo, además, siguiendo la estela de proyectos como la pieza audiovisual Mar Revuelta: destellos, luchas y cicatrices de una València marinera, un BookJockey de Anaïs Florin y Julián Barón que será proyectado durante estas jornadas.

“Si realmente asumiéramos el poder arte como elemento vertebrador de cohesión y transformación y le diéramos un papel prioritario, viviríamos en un mundo mejor– defiende Álvarez–. La cultura tiene la capacidad de reunir a personas muy diferentes para hacer algo en común en un lugar concreto, algo muy difícil de lograr de otra manera. A partir de ahí, se generan estados de convivencia, autorregulación y democracia cultural”. En este punto del itinerario, Alamar introduce el factor ‘kilómetro cero’. “Nos parecía muy importante la idea de que el propio barrio fuera el campo de juego, reflexionar de manera global sobre lo visual teniendo como territorio un espacio cercano, delimitado”, apunta.

'Mar Revuelta'

Ya desde su título este proyecto toma al Cabanyal como un interlocutor válido más. No se trata únicamente de convertirlo en escenario, sino también de que sus habitantes participen en las distintas iniciativas. Que esos vecinos no sean figurantes en proyectos artísticos ajenos, sino que ellos mismos ejerzan de creadores. “Aunque las actividades están abiertas a todos los públicos, hemos hecho un esfuerzo especial para que la información sobre el Campus llegue a la población local, que no se quede al margen”, subraya Alamar, quien destaca el papel clave de La Reina 121 a la hora de establecer vínculos con el tejido social de Poblats Marítims.

Y es que, como recuerda Álvarez, el barrio del Cabañal tiene un papel protagonista en todas las actividades ofrecidas desde La Reina 121. En este caso, además, la temática de los talleres se centra precisamente en el territorio costero, así que, “quién mejor para contar la historia de su barrio que sus habitantes, con una mirada cercana y un conocimiento profundo. Hemos implicado a diferentes centros educativos y entidades del entorno, como el CEIP Les Arenes, el colegio Santiago Apóstol o la asociación Arca de Noé de Nazaret. Hemos hecho un trabajo previo de sentarnos y escuchar, lo cual es fundamental para atender las demandas y necesidades del barrio y configurar proyectos”.

Arena, alquileres vacacionales, gaviotas, olas y tropecientos millones de imágenes. Imágenes propias y ajenas. Imágenes que lo inundan todo. Imágenes hasta donde alcanza la vista.

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