ÉTICA Y HORMIGÓN  

Una comunidad rica en destarifos arquitectónicos

21/12/2022 - 

VALÈNCIA. Más de tescientos días de sol al año, una temperatura media de 19º y uno de los ecosistemas más dañados por la acción humana (en 2019, la superficie urbanizada de costa en la Comunitat Valenciana era del 22,9 %, según datos de Greenpeace). Inmobiliarias en todos los barrios de las poblaciones lo suficientemente densas en cuanto a población como para ser llamadas “ciudades”. Fondos de inversión. Un cielo muy azul salpicado de grúas. Una revista, la Forbes, que califica a la capital de la comunidad autónoma como “la mejor ciudad del mundo para vivir según una encuesta global”. 

“Según una encuesta global”. La enunciación del titular, a bote pronto, tensa como para incurrir en una  argumento ad hominem, es decir, dar por sentada la falsedad de la afirmación usando como argumento quién es el emisor de misma. El emisor es no exclusivamente la Forbes. La revista especializada en el mundo de los negocios y las finanzas, que se presenta con el capcioso, jocoso y bien jugado gancho —en cuanto a redacción publicitaria— “Nada personal, solo negocios”, se apoya en una encuesta de InterNations, una organización privada perteneciente a la startup XING —dedicada a organizar eventos online— que establece una narrativa alrededor de los expatriados y se ofrece como comunidad en la que desarrollar afectos, ayudas, cuidados y otras palabras del mismo campo semántico. “Expatriados” en castellano tiene unas connotaciones graves que en inglés, no.  

Voces, como la del periodista Eugenio Viñas, han comunicado informalmente su análisis respecto a la Expat City Ranking 2022 y la relación con los fondos de inversión inmobiliarios extranjeros y ya que estamos, las fluctuaciones del precio de la vivienda de alquiler en el territorio valenciano. En septiembre de este año, Begoña Torres publicaba en Valencia Plaza alguna que otra noticia sobre la creación de hubs de inversión y gestoras como Bricken que aplaudían que  "València es una de las ciudades más rentables de Europa, con valores de hasta el 6 % y, a la vez, es de las que menor coste tiene por metro cuadrado, unos 1.800 euros. Por tanto, es muy atractiva para la inversión". De estos lodos, figuras de porcelana como lladrós de imitación, o la sobreabundancia de academias de cerámica en barrios gentrificados. Cuando inversión, inmobiliaria y arquitectura se juntan, el delirio estético es sublime. 

Para Raúl Hinarejos, CEO y cofundador de Viraje Arquitectura, una de las muestras más puras de destarifo arquitectónico es el edificio Intempo, un rascacielos de más de doscientos metros de altura y cuarenta y siete plantas ubicado en Benidorm. “La guarida del malo de Batman. Todo es tan innecesario en ese edificio… iba a calificarlo de gratuito, pero sería el adjetivo más paradójico posible para un edificio dorado con un diamante del tamaño de la Fonteta». 

El proyecto pertenecía a una promotora que entró en concurso de acreedores, que luego pasó a una sociedad anónima de gestión de activos de bancos “malos”,relacionados con cajas de ahorro que se extinguieron y así hasta que las obras iniciadas en 2019 concluyeron en el 2021. El estudio de arquitectura alicantino Pérez-Guerras fue el responsable de este geométrico edificio, de vibraciones ratchet, enmarcado en el canon de la burbuja inmobiliaria. Benidorm no se acaba mai. O Benidorm si s’acaba el món, como dicen Tardor.

“Despropósitos arquitectónicos y urbanísticos en València hay, lamentablemente, para elegir. Así reciente, en cuanto a destrucciones sin piedad, se me ocurre el derribo de los laboratorios y aularios universitarios de la Facultad de Agrónomos proyectados por Moreno Barberá en el Campus de Blasco Ibáñez. La urgencia sanitaria, se amplía el Hospital Clínico en el solar tras esa demolición, no excusa la nula protección de un edificio que formaba parte del conjunto pionero del Movimiento Moderno en la ciudad. El desmantelamiento del Colegio Mayor Luis Vives, en la misma acera que el anterior despropósito, del que solo ha quedado la fachada, también es otra pequeña catástrofe. Obra de Goerlich, contaba con una carpintería interior magnífica de los años 50 y fue un foco cultural importante en los 80 y 90. Ahora, tras su intervención arquitectónica, será un edificio más de oficinas universitarias. Siguiendo con Javier Goerlich, un despropósito aún no consumado, pero que se intuye cercano si ninguna autoridad lo remedia, es el derribo del antiguo cine Metropol, el único que queda en la ciudad de tiempos de antes de la República. ¡Hagan algo!”. Clara Saez, responsable de Flat, un proyecto editorial independiente que plasma y explora, desde el punto de vista periodístico la arquitectura, el diseño y el arte tiene un rey de los despropósitos: “el que se lleva la palma en cualquier conversación sobre el tema de la ciudad y sus empastres, es el edificio que viene a estropear cualquier foto que se haga en la plaza del Ayuntamiento: el mamotreto fuera de escala que se levantó en 1962 en la esquina de la calle de las Barcas con la, entonces, plaza del Caudillo. Con la total permisividad del ayuntamiento falangista de la época se derribó el Hotel España, un coqueto edificio levantado a cuatro alturas en 1889, y se construyó el edificio conocido como ‘Eurotodo’, con una altura mucho mayor y totalmente desproporcionada en relación con los edificios colindantes, obra de los arquitectos Manuel y Salvador Pascual Gimeno (éste último, uno de los factótum del urbanismo de los 60')”, 

“Ese proyecto, que quiso ser moderno con su acero y su cristal, no hubiera sido tan vilipendiado si hubiera estado en otro sitio (en Pérez Galdós, por ejemplo). Pero colocarlo en mitad de una plaza en la que el resto de construcciones (excepto, el otro despropósito que hay junto al Ateneo) son de finales del XIX y de las primeras décadas del siglo XX no parece que fuera una buena idea. 

Siempre nos podemos consolar con que si “propicia el diálogo entre arquitecturas", que si "la irrupción de nuevas corrientes", que si "la ruptura del paradigma" … pero lo que está claro es que ese edificio no  encaja. Todo el que pasa por allí y levanta la vista, sepa más o menos de arquitectura, lo ha criticado alguna vez porque desentona estrepitosamente en el paisaje urbano que ocupa. Paisaje que no se tuvo muy en cuenta con este edificio que se nos iba a quedar de herencia visual en nuestras postales, impuesto por los siglos de los siglos, y que anunciaba, en cierta forma, el crecimiento tan poco planificado que iba a tener la ciudad en los años siguientes”.  

Pau Olmo es arquitecto, investigador y redactor de arquitectura. Para él, el destarifo arquitectónico, urbano o paisajístico es “un (otro) fracaso democrático, que remite no únicamente a la estética de lo disparatado y lo prescindible, sino a la injusticia social y la correcta distribución de recursos. Si el desarrollismo previo a la burbuja trajo la dispersión urbana como un de hecho de chalés, urbanizaciones, hipotecas, alarmas, colegios concertados, múltiples coches por unidad familiar, centros comerciales, seguros médicos privados, y con la crisis llegaron los problemas de desclasamiento, precariedad, pisos compartidos, la ayuda de la generación anterior e incluso los desahucios. Ahora, más allá de ejemplos mediáticos y entretenidos, como el caso de torres kitsch de Benidorm o los hechos calatravescos, se vislumbran, con más claridad, las sinrazones de nuestra cultura urbanística y arquitectónica, que no significa otra cosa que la complicidad en la destrucción del territorio y nuestra renuncia a la denuncia”. 

Olmo va más allá del mero encontronazo estético con el despropósito arquitectónico y realiza una reflexión sobre el metadestarifo: “Mientras este verano España se instalaba oficialmente en la sequía y sus reservas de agua caían a niveles de 1995, el INE publicaba un informe donde se presentaba una España con más de 1.266.000 piscinas privadas, una media de una por cada 37 habitantes. Llenar todas esas piscinas requiere de 60,77 hectómetros cúbicos de agua, el equivalente a un porcentaje cuantioso de la capacidad total de los embalses y al 2,6 % del consumo de los hogares españoles (alrededor de 133 litros por persona). En la Comunidad Valenciana se supera esa cifra con 21, una por cada tres vecinos censados. Solo en la Vega Baja (Alicante) estos índices se llegan a multiplicar por cinco: en la Vega Baja hay 22.440 piscinas privadas o, en otros términos, un millón de metros cuadrados de agua para el disfrute privado; un paseo de 587 km de borde de piscina a base de ladrillo y gresite que, si se dispusiera en línea recta, formaría un río de 163 km de longitud, casi la mitad de la extensión del Xúquer”.