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Villaronga se adentra en la tragedia cubana con 'El rey de La Habana'

Tras el éxito de 'Pa negre', el cineasta mallorquín adapta a Pedro Juan Gutiérrez; su pase en Valencia provoca un animado debate entre cubanos en el último acto de Mostra Viva

20/10/2015 - 

VALENCIA. El rey de La Habana no es por sangre, sino por sexo. No ha accedido a su trono tras conquistar la ciudad con sus barcos, sino por una cuestión de lecho. A Reinaldo (Maykol David) le nombra rey de La Habana Magda (extraordinaria Yordanka Ariosa), una jinetera que sobrevive vendiendo maní, y lo unge mientras yoga con él.

Reinaldo, el rey, es un personaje racista, homófobo, analfabeto y corto de miras. Aún así, el espectador tiende a empatizar con él, con su devenir trágico, abocado a un final desesperado, con sus constantes oficios y su morbosa relación con su vecina transexual Yunisleidy, quien peleará por sus favores y amor con Magda.

Un triángulo que marca las más de dos horas que dura esta adaptación de la novela homónima de Pedro Juan Gutiérrez. Periodista de sucesos, el escritor cubano se dio a conocer con su Trilogía sucia de La Habana, unas crónicas descarnadas sobre la Cuba que muchos no quieren ver. Ahora ha encontrado un cineasta a la altura de su obra.

Partiendo de esas premisas, no hace falta ser muy perspicaz para prever que la nueva película de Agustí Villaronga tras el éxito de Pa negre no dejará a nadie indiferente, y así lo pudo comprobar el cineasta mallorquín, presente este lunes en los cines ABC… Park de Valencia para un pase que era en sí el último acto del festival Mostra Viva.

Villaronga ya sabía lo que era ser vetado por esta historia. Le negaron los permisos para rodar la película en Cuba. El film, por si fuera poco, está allí prohibido. Y cuando se le preguntó si esperaba poder regresar a La Habana en breve, la respuesta fue un rápido, tajante y sincero ‘no’ que provocó carcajadas entre el público y que Villaronga sonrió con un leve encogimiento de hombros.

Pero es que además, el film duele. Y así se lo confiaron dos cubanas presentes en el pase de Valencia, que le explicaron que no encontraban Cuba en la película. Un comentario que no sólo escuchó con atención sino que, presto, Villaronga subió las escaleras del cine para acercarles el micrófono y les pudiera escuchar con claridad toda la audiencia. “Entiendo lo que querían decir”, comentaba poco después del pase.

Que nadie espere en el comentario de las cubanas una crítica al film por su escasa verosimilitud. Al contrario, otros dos cubanos salieron en defensa de la película y recordaron que lo que Villaronga muestra es otra Cuba, otra La Habana, que también está. “Tengo que darte las gracias por haber hecho esta película”, dijo uno de ellos. Y las propias cubanas explicaron sus emociones con un atinado símil. “Es como tener un hijo que es delincuente. Cuando te lo muestran, no es lo que quieres de él, no es el amor”.

Y es que El rey de La Habana es una película nacida para la controversia, para la polémica. En el Festival de San Sebastián fue recibida con disparidad de criterios. Hubo quien la criticó. Hubo quien la alabó. A Ariosa le dieron la Concha de Plata a Mejor Actriz. La respuesta general, eso sí, fue que Villaronga ha realizado lo que muchos otros habían intentado antes pero o no se habían atrevido o no habían podido: Y es retratar a "los sin voz" de Cuba.

Este lunes se habló de Los olvidados de Luis Buñuel, pero también de películas más recientes como Kids, de Larry Clark, dos largometrajes que como el de Villaronga ahondan en la realidad más sombría. Cierto es que La Habana que muestra el mallorquín es muy concreta, la de finales de la década de los 90, una de las peores etapas para la población de la isla porque coincidió con el desplome de la URSS y el agravamiento del bloqueo estadounidense.

La película, que finalmente se rodó en la República Dominicana, confluye hacia ese clímax en el que las fuerzas de la Naturaleza, en concreto el Niño en 1997, se desata sobre La Habana como una maldición. Y cuando se llega al último minuto, a la última secuencia, se alcanza a comprender la honda y triste tragedia de los desheredados, esos a los que Villaronga ha dado voz, "personas abocadas al desastre", según el cineasta. El rey de La Habana duele, es cierto, pero lo que más duele es que lo que cuenta es verdad. Ante ese loable fin, se le pueden (deben) perdonar algunos giros melodramáticos y algunos chistes fallidos, como el del Picasso.

"A la gente le desconciertan los cambios de códigos que hay en la película", explicaba el director. "A mí lo que me preocupaba era lo que pensasen mis amigos cubanos. He intentado agarrar su espíritu. Y a ellos les ha gustado", agregaba. Este lunes, al concluir la proyección, uno de los cubanos asistentes a ella le felicitó en persona y volvió a darle las gracias, ahora en privado. Su esfuerzo, pues, no ha sido en balde.

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