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tendencias escénicas

Violeta Gil: "Quiero que mis poemas se lean de noche, con música y en voz alta"

La fundadora de La Tristura une su voz a la música de Abraham Boba en un poemario en directo

29/01/2020 - 

VALÈNCIA. Entre las razones que más pesaron en la dramaturga Violeta Gil (Hoyuelos, Segovia, 1983) para cursar en 2015 un máster de escritura creativa en Iowa estuvo la de enfrentarse a la creación en solitario tras una década de trabajo compartido. La autora es una de las fundadoras, junto a Celso Giménez e Itsaso Arana, de la compañía La Tristura, un combo de teatro contemporáneo que genera piezas poéticas, lúcidas y sobrecogedoras desde procesos colectivos de sus tres integrantes.

El principal fruto de aquella aventura americana es el poemario Antes de que tiréis mis cosas (Arrebato Libros). El mismo día de su publicación Gil estrenaba un espectáculo a partir de la última parte del libro, Ayer volví, y se reiteraba en su propensión a la creación en comunidad, con una propuesta en la que mezcla su voz con las bases musicales de Abraham Boba. Este próximo 1 de febrero, no estará acompañada por el cantante y compositor de León Benavente, pero sí por sus samples, en su representación en el contexto del ciclo de música y performance Sonoras, programado en el Centre del Carme Cultura Contemporània.

- En estos tiempos multitarea de poca concentración, ¿cómo recomendarías leer tus poemas?
- Mi aspiración es que hagan una primera lectura rápida. Recomiendo que se lea del tirón y en voz alta. Para mí, la noche es el momento de la lectura: poder encerrarte en tu cuarto y poner música que conecte con algo personal que pueda abrir un camino hacia las palabras. Mi deseo está ahí, pero siento que cada uno ha de encontrar su momento. Los músicos también recomiendas que sus discos se oigan del tirón, pero ahora todo el mundo escucha listas.

- ¿El teatro ha sido la solución que has encontrado para que los que no son capaces de sentarse a leer?
- Un poco, sí. Es verdad que no recito el libro entero, solo la última parte, pero hay algo de la experiencia compartida y del directo que logra un resultado más potente y a la vez más íntimo.

- ¿Qué valor añadido tiene para el espectador el género de la autoficción?
- Cuando me acerco al trabajo de personas que trabajan con el material propio e íntimo, me mueve. Quizás es una cosa voyeur o que poder reconocerme en el otro me resulta inspirador. Así que con mis poemas trato de no hablar sólo de mí misma, sino de todos.

- ¿Tenías en mente una versión teatral durante la escritura?
- No es lo que tenía en la cabeza, pero es cierto que la escritura está completamente influida por la experiencia en el teatro. De hecho, los textos están escritos, al menos, para que se lean en voz alta.

- ¿Te planteaste una lectura dramática?
- Ni siquiera. Este libro responde a la necesidad de dar forma a pensamientos que me estaban rondando en estos días de viaje de ida y vuelta de Iowa a Madrid. Quería entender mi vida, mi país, mi trabajo...

- ¿Recuerdas cuándo fue el momento preciso de querer darle forma escénica?
- Sí, durante un concierto de Kate Tempest en una sala de conciertos muy pequeña en Mineápolis al que fui con Abraham. En Europa ya era conocida, pero en EE.UU, no, así que pudimos verla muy de cerca y hablar con ella. Entre Abraham y yo ya existía la voluntad de querer trabajar juntos, pero nunca habíamos llegado a concretar, y al ver aquella relación entre la música y la palabra hablada, saltó la chispa.

- En La Tristura ya contasteis con Abraham para la obra El Sur de Europa, donde también participaba Pablo und Destruktion, que repitió en Cine. ¿Qué papel juega la música en vuestro proceso creativo?
- Es súper importante. Siempre hemos tenido intención de colaborar con artistas de distintas disciplinas. Lo bonito del teatro es que son muchas cosas a la vez, así que traemos a nuestro terreno a gente que nos inspira, ya sea del mundo del cine, de la música o de las artes plásticas. Pero la música siempre ha formado parte de una forma especial, porque físicamente estaba y porque la usábamos para pensar y componer… Hay algo de la escritura que tiene que ver con el ritmo musical.

- De hecho, en el poemario hay muchas referencias musicales. ¿Qué canciones te acompañaban durante el proceso de escritura?
- Lo escribí escuchando a Lauryn Hill, a Pablo und Destruktion, porque justo estaba colaborando con nosotros en Cine en aquel momento. Y también música italiana y norteamericana. Sobre todo canciones de mujeres folkies como Karen Dalton, Kath Bloom y Sibylle Baier. Luego no han sido las músicas que han acompañado el espectáculo, pero hay una relación directa entre la nota musical y la palabra.

- ¿En qué poemas podemos comprobarlo?
- El poema Our Anniversary está escrito escuchando la canción de Bill Callahan una y otra vez, y lo mismo pasa con La ventanita, que es una canción más pop, y en el que practiqué un tipo de humor que no había trabajando hasta el momento. Es un poema muy largo en prosa y está escrito escuchando la canción de Sergio Vargas en bucle.

- Has comentado que sueles escribir sobre lo que no comprendes bien del todo, ¿Qué te ayuda más a entender, reflexionarlo por escrito o declamar tus textos?
- Ambas cosas. Lo que me inspira es intentar encontrar respuestas a cosas que me preocupan o me inquietan, y a través de la escritura intento entenderlas un poco mejor. De hecho, deseo no comprenderlas del todo hasta muy al final del proceso, porque si no pierde el brillo y el interés. Y cuando empecé a leer en voz alta mis textos en lecturas a las que me invitaban, comprendí que era básico para comprobar cómo funcionaba el poema y la relación con el público.

- ¿Qué ha inspirado la música de este espectáculo?
- Abraham y yo hemos compartido mucha música, lecturas y películas. Y luego nos encerramos 10 días en un estudio fuera de Madrid y empezamos a probar cosas. Canciones que nos interesaban por texturas y referencias al el propio poemario. Hay pocas cosas compuestas específicamente para la pieza, sino que son trozos de canciones o temas que hemos retorcido, modificado, mezclado y sampleado.

- ¿Cuándo decidiste incorporar movimiento?
- Al principio de la creación. Para mí era básico. El baile tiene que ver con mi forma de pensar y de relacionarme con lo escénico. Me gusta mucho bailar. Y después de rajar texto durante media hora, tenía claro que la obra acabaría en expresión física, que iríamos del logos al eros. Muchas veces, cuando acaba, hay gente que me dice que le han dado ganas de bailar. Y yo creo que en algún momento ocurrirá.

- ¿Te gustaría?
- No sé, me da un poquito de miedo. Pero en cierto sentido, sí, porque habría disparado un deseo.

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