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entrevista

Antonio Arbeloa: "La cultura televisiva no da dinero. Si se hacen programas es por prestigio de la cadena"

El castellonense, que compagina la televisión con la escritura, habla de su último thriller Después vino la vida y de cómo es mantener, más de veinte años después, un programa cultural en lo alto de una emisora local

16/09/2020 - 

CASTELLÓ. Cuando tu padre ha sido un personaje público o al menos con una personalidad arrolladora, tú, como hijo, puede que hayas nacido con ese don, con esa habilidad social para encandilar, para liderar. La sombra de un padre puede ser muy alargada para un hijo sencillo, tranquilo y normal. Eso mismo le pasa al protagonista de la última novela de Antonio Arbeloa, Después vino la vida (1986 Ediciones)

Cuando tu padre muere, no solo muere la persona, sino que todas sus vivencias se desvanecen de repente. Y es en el momento de la muerte del padre, cuando Arbeloa inicia su historia. “Como no podría ser de otra manera nace en el tanatorio”, sentencia. “Mi padre muere en 2015, y en la propia sala, charlando con un buen amigo sobre él, un militar que cuando fue teniente estuvo destinado en Melilla y sirvió en el Sáhara español, coincidimos en lo emocionante de su vida en comparación con las nuestras”, recuerda el autor.

Y ahí, en ese instante, cualquier momento es bueno para el chispazo de la creatividad que comenzó el viaje de esta novela. “Yo me quedé con aquello e ideé la primera frase de la novela: Cuando la vida de tu padre es más emocionante que la tuya eres un fracasado. El resto salió solo”, apunta. “Evidentemente nuestras vidas, por fortuna, nada tienen que ver con las de los protagonistas de Después vino la vida, pero en todo momento la concebí como un estudio comparado de la emoción frente a la vulgaridad. Padre, hijo y funcionaria de los objetos perdidos no tienen ni nombre en la novela. Más que personas representan ideas como la pasión, la rutina o el amor, respectivamente. Se trata, por encima de la historia que se cuenta, de un estudio narrativo sobre aspectos muy comunes de la condición humana”.

La narración no lineal de la historia te atrapa, no da tumbos, no me malentiendan, sino que avanza por un lado y luego por otro. Algo que en la novela de Arbeloa engancha. Es detestivesca, un poco de novela negra; aunque por desgracia tengamos un empacho de ese género. “Demasiado. Me fatiga, me hastía”, comenta. “Y todas iguales. Cadáver o cadáveres encontrados en los lugares más lúgubres posibles, asesinados de forma y manera morbosa a más no poder, en manos de médico forense para detallada autopsia, y caso asignado a Comisario a punto de jubilarse o a Inspectora recién divorciada que, por supuesto, acabará liada con ayudante o testigo de turno”, relata.

“Cuántas novelas he dejado a medias. Ni te lo imaginas. Guiones que parecen hechos para series de Netflix o sacados de episodios reiterativos de CSI Miami, Las Vegas o Matalascañas de abajo. La llamada novela negra no es para nada mi favorita. Y te lo dice uno que ha publicado Después vino la vida, que no deja de ser la narración de dos asesinatos, uno por amor y otro por venganza”.

Es verdad que el autor no basa su historia en los asesinatos, que están ahí, sino en los personajes, los grandes olvidados de algunas novelas. “Pero no me centro en la novela en la investigación, no me interesa que el lector esté pendiente de eso. El argumento no va sobre el esclarecimiento de los hechos y la detención de los criminales. En Después vino la vida se sabe desde el capítulo uno quien mató a quién y por qué. Mis novelas favoritas, salvando A sangre fría, no son negras para nada (Adiós a las armas, El amor en los tiempos del cólera, Invierno en Lisboa, Bella del Señor, Corazón tan blanco...). Me interesa más algo que en la novela negra se resuelve de pasada, el móvil. Escribo sobre el porqué de la actuación del ser humano, más que de la actuación en sí misma”.

Esos saltos en el tiempo que atrapan al lector son probablemente de lo más interesante de la historia. “En cuanto al tiempo en la novela, está utilizado de forma envolvente con toda la intención. También ocurre así en mis dos novelas anteriores, El amor a deshora y Los alrededores del olvido. Hasta ahora es marca de la casa. Esto te permite trasladar, evocar, revisitar los momentos de la vida de los personajes que son claves para la historia central”. Sin embargo, y aunque no le sucede a esta novela, jugar con el tiempo puede salir rana.

“Es también un ejercicio que exige al escritor un rigor de relojero en el manejo de tiempos, edades, acontecimientos, y que permite dejar al lector con la miel en los labios respecto a algo sustancial para él, y que no verá resuelto hasta cincuenta o sesenta páginas más adelante. Me encanta jugar con el lector de esa manera. Hacerle esperar. Y eso que ya cuenta de inicio con muchísima información. La clave de ese ritmo envolvente es la foto de la portada. Luego te hablo de eso”, me deja con la intriga.

¡Qué difícil es ser profeta en tu tierra! Vender libro en tu ciudad a veces es más complicado que en otras, los motivos no los sé, pero esto no le ha pasado a Arbeloa, que fue un Best Seller en Castelló en navidades. “La novela se vendió mucho en los meses de diciembre y enero nada más salir. Aprovechamos el tirón navideño y se convirtió en la novela más vendida en Castellón en esas fechas”, señala.

“Hoy en día, y a pesar de la pandemia se sigue vendiendo. Vamos por la tercera edición y espero que haya una cuarta antes de acabar el año. En esto la editorial tiene mucho que ver. Carlos Tosca, editor de La pajarita Roja y 1968Ediciones ha cuidado mucho el libro y ha salido perfecto. La portada es espectacular y eso ayuda mucho. En cuanto al texto, uno cuando acaba sabe si lo que ha escrito cumple tus expectativas de calidad y rigor o no”, apunta el autor.

Y tanto que cumple con las expectativas.  “Y cuando repasé la historia una y otra vez, quedé convencido de que se trataba de una buena novela. Eso no te garantiza vender, obviamente, pero te da una confianza en lo que has hecho”. Vender en casa, y además con una historia tan de aquí, es un lujo. “Es una historia muy de Castellón, y a la gente de aquí eso le gusta. Si es bueno tener editoriales castellonenses que apuesten por los autores y autoras de aquí, y que saquen tu novela con calidad y estilo, también es verdad que a veces te quedas con las ganas de comprobar cómo hubiese funcionado la novela fuera de aquí. Por supuesto que vender es halagador, pero lo es más que las lectoras, que son inmensa mayoría y algún que otro lector, te escriban para decirte que han leído una gran historia”.

Antonio Arbeloa además de ser escritor también presenta el programa Quadern en Blanc, una rara avis en el panorama televisivo, ya que habla de cultura. “Hasta yo me sorprendo de la longevidad de Quadern en Blanc. Veinte temporadas en veintiún años, setecientas sesenta ediciones, más de mil quinientas horas de emisión, toda una historia de la cultura de Castellón y provincia, en formato audiovisual para quien quiera consultarlo”, repasa Arbeloa.

Y todo tiene un principio, hace veintiún años. “La historia comenzó como la experiencia de un actor amateur que quería sentir la adrenalina de la televisión, con una vocación infinita de difundir lo que culturalmente se hacía aquí. Dudo que haya una provincia en donde se produzca algo semejante durante tanto tiempo”, apunta. “Comenzamos en la antigua Televisión de Castellón de una forma bastante rudimentaria pero muy simpática, se profesionalizó mucho el producto en la ya desaparecida Canal Castelló, volvimos a una muy diferente Televisión de Castellón, y cuando salimos de allí por la puerta de atrás, y con la fé perdida en el proyecto, nos rescató Teve4 en donde Quadern en Blanc se cuida con mucho mimo”, reconoce.

La cultura suele estar mal atendida en la televisión, es un clásico por desgracia. “Con todo, te seré sincero, la cultura televisiva no da dinero. Si se hacen programas de cultura es por prestigio de la cadena, no por ánimo de lucro. Y te lo dice uno que se quedaba los domingos por la noche a ver a ver Redes y Negro sobre blanco seguidos. Y te voy a ser más sincero aún. Si Teve4 no se tomara el interés que se toma en sacar el programa con la calidad que lo saca, yo no seguiría. Estoy muy quemado. Es normal, son muchos años. Me tira más el teatro que hago para matar el gusanillo de actor”.

 “Durante el confinamiento estuvimos dos meses sin grabar. Luego volvimos con entrevistas por Skype. No me disgustó en absoluto. Es una forma de entrevistar a gente que difícilmente podría acudir al plató por ser de fuera o estar siempre viajando. De hecho, aunque la normalidad vuelva, y siempre que Quadern en Blanc siga, aparte de los invitados en plató, guardaré espacio para una entrevista por Skype”.

Algo importante es reivindicar a los creadores de Castelló, su legado debe permanecer y conocerse. “Me gusta entrevistar a la gente que ha triunfado siendo de aquí, a famosos de fuera que pasan por la provincia, pero lo que más me gusta es sentarme a hablar con la chica que hace su primera exposición, con el joven que publica su primer libro o con el grupo que da su primer concierto. Y nunca se sabe. Mira, una noche, cuando hacía el programa en Canal Castelló, me pasaron una nota con un teléfono de un chico, profesor de la UJI, que había sacado su primera novela sobre cierto personaje de la historia de Roma. Le llamé para que viniera a presentarlo la siguiente semana. Y mira, hoy es Premio Planeta. Nunca se sabe”, sentencia. Y apostilla, “por lo demás, y salvo la librería Plácido que patrocinó el programa una temporada, y eso sí, la librería Argot, que está con nosotros desde el primer año, lo que se dice patrocinadores directos no hemos tenido”.

Leyendo la novela, quizás por lo bien estructurada y narrada que está, el lector puede pensar que hay algo de autobiográfico. “En cuanto al carácter autobiográfico del texto, es obvio que la historia principal afortunadamente no lo es. Mi padre murió ya mayor de muerte natural, no asesinado, y nunca perdió la cabeza por una mujer, ni mató a ninguna, y mi vida no tiene nada que ver con la del hijo que nos larga un monólogo de doscientas setenta páginas contándonos lo aburrido de su vida matrimonial, cómo se lo pasa cuando va de putas, o de qué manera se toca en la ducha pensando en la mujer de su amigo”, comenta.

Aunque sí que encierra algo autobiográfico, quizás lo más obvio del libro. “Sólo hay un detalle totalmente autobiográfico que es la fotografía de la portada. Somos mi padre y yo en la playa del Gurugú en 1968. Lo único que hacemos mi verdadero padre y yo es por tanto poner rostro a los personajes que protagonizan la novela. Una fotografía que es clave en la novela, y que en su estructura envolvente, aparece en muchos de los capítulos de la misma”.

Eso sí, si hay algo presente en la novela, aparte de los soliloquios del protagonista, es Castelló. “Aparte de eso, otro de los encantos de la novela es la descripción de la ciudad de Castellon desde los años sesenta hasta nuestros días. Quienes lean mi novela siendo de aquí evocaran muchos lugares y costumbres de la ciudad, en algunos casos ya desaparecidos. Obviamente también hay algunas anécdotas y experiencias de la niñez y juventud del hijo que yo viví en primera persona. Y es que uno no escribe de lo que vive,  pero sí con lo vivido a cuestas”, relata.

Aunque definitivamente, es una historia de amor; lo percibes desde el principio: amor a Castelló, a su padre y a la vida en general. “Por supuesto que lo es. Una historia de amor de principio a fin. De cabo a rabo. Amor de un hombre hacia una mujer. Un amor repentino y desesperado. Un amor sin esperanza, que sólo una vez logra consumarse. Un amor que destroza la paz familiar y la infancia de unos hijos, y que lleva a un hombre a perseguir por media Europa a la funcionaria de los objetos perdidos, una mujer de belleza increíble todavía más idealizada por la mente enfermiza del pretendiente que fruto de ese enamoramiento acaba siendo la sombra de sí mismo”, señala el autor.

Un amor grande, de película, de novela… “Un amor tan apasionante, que hace que su hijo al descubrirlo acabe planteándose la vida ruinógena que lleva junto a una mujer a la que no ama y yendo de putas para vivir sus pasiones más ocultas. Amor también de un hijo por su padre asesinado, pues a pesar de ese abandono ese hijo sigue pretendiendo recuperar hasta el final el tiempo perdido con él. Cómo no va a ser una historia de amor una novela cuyas dos últimas palabras son Te quiero. Lo que ocurre que la apuesta por ese amor implica tanta renuncia, que por momentos el lector se pone de parte de los abandonados”, comenta.

Me despido de Antonio hablando de Castelló, de esa efervescencia actual en cuanto a literatura. “Vivimos un momento excepcional”, responde. “Somos la envidia de España. En poco tiempo han surgido en la provincia una serie de autores y autoras que publican sus novelas en editoriales de primer orden”, recuerda. “Ahí  tenemos a Posteguillo o a Rosario Raro en Planeta, a Yolanda Quiralte también en el grupo Planeta, a Julio César Cano en Maeva, a Pere Cervantes en Destino, o al mismo Eloy Moreno en Ediciones B. Y me dejo gente. No conozco un fenómeno similar. Y otro montón de buenos escritores y escritoras publicando en editoriales menores, pero con gran calidad. Por otro lado, que haya editoriales castellonenses que apuesten por nosotros es algo muy gratificante”. Sin duda que lo es.


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