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se publicaron cientos de números

Así era 'Lily', la revista que nos presentó a 'Esther y su mundo'

La publicación mezclaba historietas importadas del extranjero que evocaban una sociedad más avanzada, con otras mucho más tradicionales y afectadas por la censura

20/10/2020 - 

VALÈNCIA. Entre 1970 y 1985, la editorial Bruguera publicó casi ochocientos números de Lily. Cualquiera con las décadas suficientes a las espaldas recordará aquella revista juvenil, cuya existencia estuvo enmarcada en un tiempo sumamente convulso en el que las libertades pasaban, poco a poco, de ser sueño a tornarse en realidad. La revista estaba dedicada al público adolescente femenino y entre sus páginas se pueden leer gran cantidad de viñetas que evocaban una sociedad más avanzada de la que realmente había en España. Evidentemente, la censura jugaba un papel importante a la hora de lastrar el desarrollo de las historias plasmadas sobre el papel, pero llama la atención que a mediados de la década de los setenta ya aparecieran dibujadas jóvenes mujeres independientes, trabajadoras y, en muchos casos, en bikini y minifaldaAunque Lily gritaba libertad, también tenía un reflejada escenas machistas que serían impensables en una revista de hoy en día, una publicación que, aunque a todo color, también dibuja un pasado con blancos, negros y grises.

Y esa gama de colores se debe a un hecho sencillo: las historias que llenaban las páginas de Lily venían casi todas del extranjero. En un principio de Inglaterra, y con el tiempo también de Francia e Italia. El divulgador y responsable del Aula de Cómic de la Universidad de València, Álvaro Pons, explica que la censura franquista "era muy miope en ese sentido". Al ser una censura "muy religiosa", se centraba "en tapar escotes y minifaldas" y se le escapaban muchos mensajes políticos. "La censura buscaba que el producto no 'contaminara' la moral sexual, así que se le pasaban por alto muchas cosas". 

Lily nació a raíz del cierre de quien la precedió, Sissi, una de las revistas más conocidas a partir de los años 50 en España, también enfocada al ámbito juvenil femenino. Bruguera editó Sissi hasta 1967. Tres años después, Lily nacía adaptándose a los tiempos y llegando a un nicho de lectoras nuevo, en el franquismo tardío. La revista se presentaba de manera mucho más colorida y con portadas muy vistosas. Dejaba a un lado el cine y pasaba a hablar más de música y televisión. Un poco más adelante comenzaría incluso a importar figuras del cómic italiano y francés, y llegaría a traer consigo historias de superheroínas.

El investigador de la historieta española Tino Regueira apuntó que el éxito de Lily se debió "al constante contacto que la revista mantuvo siempre con sus lectoras". Y es que Lily superaba ya en su primer año de vida los 40.000 ejemplares por tirada. Álvaro Pons explica a Culturplaza que si bien esto es cierto, el éxito de Lily radicaba "en la casualidad de que el material publicado viniera del extranjero. Los guiones de estas historias reflejaban una sociedad diferente a la española, muy distinta y desconocida. En los 70 había más demanda de libertad por parte de la mujer, pero el franquismo no daba respuesta a esa demanda".

Así, historias como la de Esther y su mundo o Candy, superheroína en apuros contrastaban con otras autóctonas que sí respondían a las dinámicas de la época y que, en palabras de Pons, convertían a Lily en "un batiburrillo de historias extraño e incoherente". Además, esas otras historias provenientes de nuestro país, vivieron un antes y un después, cuyo punto de inflexión se sitúa en el año 1956, cuando el Régimen estableció la Ley de Publicaciones Infantiles y Juveniles. Pons explica que hasta entonces la censura no se fijaba en el tebeo, y que revistas de la década de los 50 como DDT, "eran demoledoras y llevaban en su interior una enorme crítica social y política". Lily, en todo caso, es una consecuencia de la regulación del tebeo. "En aquellos años había viñetas con fondos de casas derrumbadas, haciendo referencia a la posguerra. En Lily eso no existe".

'Esther y su mundo'

Se trata de una de las grandes historias de la revista Lily. Esther y su mundo tardó un tiempo en ser publicada en la revista. Hasta 1974 no apareció por primera vez, de la mano de la joven dibujante Purita Campos, debido a las limitaciones que imponía el franquismo; pero tres años antes ya se publicaba en Inglaterra. Narraba la historia de una niña de trece años con un perfil poco común en la ficción de la época, una joven independiente que inspiró a toda una generación... y también a su propia autora. Recordaba Campos, que falleció en noviembre del pasado año, que eran comunes los comentarios del tipo: "¡qué bien lo haces para ser mujer!", una batalla dentro y fuera de las viñetas que vivió en primera persona.

Álvaro Pons indica que, aunque la historia de Esther siguiera siendo una historia dulce y estereotipada, "tenía un gran valor en su contexto". Explica que "Esther reflejaba ese interés por liberarse, por hablar de algo diferente". Además, hace hincapié en el valor del trabajo de Purita Campos, que "le dio un aire muy renovador a través de un estilo que bebía directamente de la británica Selecciones Ilustradas", de Pepe González. "Había una pretensión de ser mayor. Esther es interesante en la medida en que aporta algo que en España, directamente, no existía".

Así, Esther y su mundo servía como grieta colorida en la España sin color, un personaje que se alejaba de la visión infantiloide, aunque sin dejar de ser una tira dulce. "Es que el guion de Esther tenía mucho interés. No era un guion de nenas, no. Había interés de verdad en las historias. El mundo adolescente estaba enmarcado dentro de ciertos dramas familiares, tenía mucha enjundia", explicaba la autora en una entrevista a la publicaci´n Jot Down. El éxito de Esther y su mundo fue tal que a partir de 1981 se empezó a editar una revista de historietas con su propio nombre 

Otra de las historias que tuvo gran éxito de la revista Lily fue Candy, modelo en apuros, que contaba las aventuras y desventuras de una joven modelo siempre acompañada de su agente, Ken. Aunque también planteaba una figura que caía en no pocos estereotipos, con viñetas a veces cargadas de superficialidad derivada del sector de la moda. Sin embargo, la obra dibujada por Antonio Colmeiro también presentaba a una protagonista decidida y alejada de ese hogar que se presentaba como el espacio 'natural' de la mujer de la época.  

'Fina. Terror de “El Remanso”', 'Pura Calamidad' y 'La terrible Fifi' 

No todo son cuerpos normativos en Lily. A lo largo de su historia, la revista también dio cabida a otro tipo de contenido al más puro estilo Zipi y Zape. Ejemplo de ello son Fina. Terror de “El Remanso” y Pura Calamidad. Ambas historias cuentan la vida de dos niñas que no paran de meterse en líos. Una de ellas, Fina, por inocente; la otra, Pura, por gamberra. Eso sí, quedaba claro que no eran Candy, pues ambas tenían figuras orondas, algo que servía continuamente de chiste en la trama. El responsable del Aula de Cómic, Álvaro Pons, afirma que el contraste entre aquellas historias de Esther o Candy y las de Fina o Pura, se debe a que "Bruguera no tenía una política definida en sus publicaciones, sino que reciclaba ideas antiguas que mezclaba con otras historias que importaba del extranjero". 

Al margen de todo esto queda La terrible Fifi, creada por Nené Estivill, una de las historias más transgresoras de toda la revista Lily (pero que, comparada con las publicaciones anteriores a la Ley del 1956 era, en palabras de Pons, "un tebeo de monjitas"). Cuenta la vida de una niña maliciosa a la par que inteligente, que se dedica a fastidiar a todo aquel que le pasa por delante (normalmente burgueses con aires de superioridad). Curiosamente, la historia de esta niña solía pasar por alto ante la censura franquista 

De esta manera, estas historias eran, como el responsable del Aula de Cómic indica, "una reinterpretación de las publicaciones que había para niños, desde la perspectiva de las niñas, con todos los estereotipos que ello conllevaba". "Si a eso le añadías las historias importadas, la incoherencia del hilo de la revista era enorme".

Por otro lado, Maripili y Leopoldino, un matrimonio muy fino narraba la historia de una pareja aparentemente feliz, en la que él era el típico hombre de negocios y ella la típica ama de casa. Una suerte de 'matrimoniadas' firmadas por Íñigo en las que ella se enfadaba si él quería ver el fútbol o quería irse de juerga con sus amigos.

Más allá de los cómics

Aparte de las historias viñeteadas, la revista Lily llenaba también sus páginas con algunas secciones 'informativas', con consejos para mantener la figura y hasta un consultorio. En primer lugar, la cuarta página de cada número abría con el apartando Charlando con  José. Se trata de un breve texto en el que  José daba consejos a las niñas, en su mayoría sobre cocina, estética y hombres. “¿Tenéis atún en casa? He aquí una idea para prepararlo de una forma revolucionaria”. “Para fregar la vajilla de la mejor manera posible, os recomiendo que recojáis todos juntos los platos sucios, quitándoles los restos...”. “Por mucho que cuidéis vuestro aspecto personal, causaréis una pésima impresión a quienes os rodean si vais por ahí exhibiendo unas manos de uñas roídas y desiguales”. “No olvides lo que la vida tiene de imprevisible. Tu marido puede caer enfermo...”. Esto es algo recurrente en la revista Lily desde que comenzó a editarse en el año 70 hasta que dejó de hacerlo en el 85 Y es donde, según Pons, está totalmente visible esa incoherencia en la revista, que por un lado importaba historias liberadoras y por el otro perpetuaba el modelo de mujer tradicional y estereotipado.

De igual manera, en la página cinco de cada ejemplar estaba la sección Lily hace gimnasia, donde se aconseja de nuevo a niñas preadolescentes cómo “reforzar los músculos y reducir cadera”, “conseguir un talle esbelto” o “reducir glúteos ”. A continuación se aconsejaba a las niñas sobre moda y después -en el faldón de la página- Lily le preguntaba a las niñas: “¿Es esta tu profesión?”, esta vez sí, planteándoles todo tipo de oficios, desde azafata o asistenta social, hasta licenciada en Filosofía y Letras o Cinematografía.  Según Pons, estas secciones informativas se limitaban a "extrapolar lo que había en el resto de revistas femeninas de la época. Se intentaba infantilizar el discurso con el objetivo de conseguir a la mujer sumisa que tenía el franquismo como reflejo y aspiración".

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