en la nucía (Alicante)

Celler Mar de Vins: el proyecto de vida de dos entusiastas

Celeste Fernández y Kiko Ripoll elaboran vinos ecológicos de forma artesanal a partir de uvas mediterráneas como malvasía o giró, que cultivan en Senija (Alicante) o Alborache (Valencia), aunque su pequeña bodega garaje está en un polígono industrial del municipio alicantino de La Nucía.

1/12/2023 - 

Celler Mar de Vins comenzó su andadura en 2018, cuando el viñedo propio con el que soñaban, plantado en 1970, les encontró. El agricultor iba a dejar el campo por jubilación y por baja productividad. Como aún no podían invertir en una bodega, Celeste y Kiko arrendaron dos tanques. 

Pero retrocedamos un poco, porque todo empieza con Celeste, que estudió primero Químicas en Valencia y después Enología, animada por su padre. “Nuestras familias no tienen viñedos ni bodega, pero Kiko y yo queríamos tener un proyecto juntos en el que pudiéramos elaborar nuestros propios vinos”, explica a Guía Hedonista. “Fue en 2017 cuando nos lo empezamos a creer, aunque cada uno tenía su trabajo”. Empezaron desde cero, arremangándose y desoyendo a los agoreros que les decían que Alicante ya tenía mucho excedente de vino. Su sueño era tener viñedos, cuidarlos, y también una bodega artesanal para elaborar vinos con variedades mediterráneas de uva en una comarca, la Marina Baixa, que ha tenido un gran pasado vitícola. “Desde el siglo XV el cultivo mayoritario en esta zona siempre ha sido la uva, además del olivo, el almendro y el algarrobo”, explican. 

Confiesan que es complicado emprender un proyecto agrícola desde cero en esta zona. Ellos quieren replantar con viñedo las zonas afectadas por la Xylella fastidiosa, por ejemplo. Pero necesitan contratos de arrendamiento largos para poder hacerlo. “La gente desconfía de que una pareja joven quiera volver al campo, piensan que vamos a construir”, se lamentan. De momento, trabajan con dos viñedos: el de Alborache es suyo, pero el de Senija lo arrendan. Y hacen 6.000 kilómetros al año de trasiego entre las viñas y la bodega.


Su actual bodega, humilde y sencilla, donde ahora elaboran pero también organizan catas guiadas, era antes una tienda de vinos. Fue en septiembre de 2019 cuando elaboraron su primera añada, de la que obtuvieron sólo 2.000 botellas porque perdieron casi toda la uva. Actualmente su producción anual es de unas 9.000 botellas, van creciendo poco a poco porque no quieren perder su filosofía artesanal. Sobre todo en el campo, su trabajo está muy enfocado a la recuperación y conservación del patrimonio vitícola. Siempre optan por la vía ecológica. Y no tienen trabajadores de momento, lo hacen todo ellos. Vendimian entre 1.000 y 1.500 kilos al día entre los dos, siempre en cajas pequeñas. Y todo a mano, con tijeras. Empiezan a las 4 de la mañana y terminan la jornada un poco antes del mediodía, porque en septiembre aún hace calor en esta zona. Cargan la furgoneta refrigerada que alquilan para la vendimia y la llevan a su bodega garaje, donde todo es manual menos la despalilladora. Los raspones, por cierto, los emplean para compost, para el campo de limoneros de un vecino. Y ellos son quienes embotellan las 9.000, una a una. Todo pasa por sus manos. Les importa la calidad. “Las bodegas industriales obtienen de cada kilo de uva un litro de vino”, nos cuentan. Ellos, de cada kilo de uva, medio litro de vino. 

Su vino más vendido es Alguer, un Malvasía de viñas viejas que tiene 6 meses de crianza sobre lías. En su etiqueta, un alga. Las ilustraciones son tan ligeras y coloristas como ellos, porque las diseña y pinta Serafina con acuarela. Si eres más de tinto, elige L´Illot, su 100% giró. Les gusta hablar de variedades tradicionales, no autóctonas.


Una curiosidad: una pequeña parte de su vino, 100 botellas de cada añada, la sumergen en el Mediterráneo, a 30 metros de profundidad, durante seis meses. “El vino blanco pierde frutalidad y juventud, evoluciona. Dicen que lo hace 3 veces más rápido en el mar”, explican. ¿Lo próximo? Están en pleno proceso de solicitud para tener su propia bodega submarina.

Pero volvamos al aquí y al ahora. De diciembre a marzo están con la poda. Saben que en algún momento tendrán que contratar a alguien, pero por ahora Celler Mar de Vins es cosa de dos.