una producción de taiat dansa

Cincuenta bailarinas convierten Sant Miquel dels Reis en el refugio de ‘Judith’

17/04/2024 - 

VALÈNCIA. En el Monasterio de Sant Miquel dels Reis cabe un castillo con sus torreones, sus banderas y sus guaridas secretas. Entre sus paredes caben también más de cincuenta bailarinas, algún que otro villano y puede que hasta un coro. Todo ello da forma a Judith, un espectáculo inmersivo de Taiat Dansa que se construye alrededor del monasterio y en el que el público tiene que formar parte del rescate de Judith: la única mujer del pirata Barba Azul que pudo sobrevivir a la muerte. Todo esto sucede los días 18, 19, 20 y 21 de abril en Sant Miquel dels Reis, donde la música, el baile y la actuación acompañan un relato en el que nadie está a salvo de las garras del pirata, al menos no sin la ayuda de quienes les rodean. 

En este caso, es la víctima quien toma la voz a través de las artes, como también sucede en el caso de Caperucita Roja, de Blancanieves, y en uno de los más famosos de la historia, la narración de la princesa Sherezade de Las mil y una noches. En otros cuentos, como en la adaptación de Barba Azul de Charles Perrault, podría parecer que la víctima no va a tener la oportunidad de contar su historia -al menos con vida- pero el baile permite vivir en esta fantasía. Cuando Charles Perrault adaptó el relato de Barba Azul, quiso mostrarlo como un hombre con un aspecto extraño que ahuyentaba a las mujeres por su peculiar aspecto, el mismo que le permitió encarcelar a todas sus mujeres y asesinarlas menos a Judith, quien ahora aporta la perspectiva de una mujer que busca la salida de su propio cautiverio de la mano del público. 


Para dar vida a este relato entre los muros del castillo, se reúnen más de cincuenta bailarinas, un coro, varios músicos y otros personajes misteriosos que se dejan guiar por la coreógrafa Meritxell Barberá, quien describe el montaje como un relato operístico que se adapta al espacio y que se activa tras la “desobediencia de Judith” que intenta abrir la puerta que Barba Azul le prohíbe:  “El espectáculo es un viaje por las diferentes estancias del castillo que se vive con miedo e incertidumbre. También con la valentía que le da fuerza para abrir esa puerta que imaginamos que le conduce a la libertad”, añade la coreógrafa, quien piensa también en el paseo del público mientras descubre, a la vez que las bailarinas, qué hay tras cada puerta. 

Custodiándolas se encuentra Natalia García, una de las intérpretes principales que se "reparte la figura de Judith" con sus compañeras: “Al final Judith somos todas, y dentro de cada una ocurren cosas diferentes. Tras las puertas se encuentran la incertidumbre y la libertad, también el relato de las mujeres que deciden atreverse a esta búsqueda a través de su rebeldía”, añade la bailarina. Lo hacen con la ayuda del público, que se pierde entre los “muros” del castillo para perseguir a las diversas Judith que buscan la salida, algo que Barberá ordena a través de un recorrido intuitivo y cambiante:  “Se comprende todo de una manera muy intuitiva, de hecho hay personas que pueden acercarse a volver a ver la pieza y comprenderla de otra manera, a través de un nuevo recorrido”, explica.

Además de diversos recorridos hay varias Judith para que se pueda generar un relato más coral a través de varias bailarinas, generando de esta forma una oda al feminismo en su actuación: “Hay muchas Judith en la vida que han tomado la iniciativa de hacer algo por primera vez. Es una metáfora de la lucha feminista y de la red que necesitamos las mujeres para ir salvando los obstáculos”, explica la coreógrafa, “muchas veces hay que tomar esa decisión para cambiar el transcurso de la historia”.

Una de las “protagonistas”, García, explica que como mujer se encuentra en un espacio en el que, a pesar de su magnitud, no se siente perdida: “Es una obra coral en la que nos tenemos que poner de acuerdo todas. Al llevarlo a un sitio tan grande, tenemos que meternos constantemente en el papel y escucharnos entre nosotras. La música y el público ayudan a que esto funcione”, explica la bailarina. Con todo esto, la danza, la ayuda de quienes le rodean y la valentía son los elementos que le ayudan a luchar por la ansiada libertad, esa que le libera de las cadenas que le pone Barba Azul que se desvanecen dentro de Sant Miquel dels Reis.

Cadenas que se desvanecen gracias al movimiento de Taiat Dansa, que Barberá comprende como un paso de libertad: “Tomar la decisión de ser libre entraña muchos riesgos, pero en determinados momentos hay que asumirlos para que sucedan nuevos escenarios”. Es Judith quien consigue tomar las riendas de su futuro, retando a su pasado y alentando a quienes les rodean a seguir su camino, uno en el que las puertas no se abren solas y donde las pioneras son portadoras de todas las llaves.  

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