DESAYUNO EN BLUEBELL COFFE

En ocasiones soy vegano

Encuentro en la red un riguroso estudio realizado por Seeking Arrangement, portal de citas cuyo fin es el de reunir a hombres casados con mujeres atractivas. En él se arroja luz sobre el siguiente tema: cuales son las características que debe reunir la amante ideal

| 20/04/2018 | 3 min, 57 seg

La consulta realizada entre sus más de 468.000 usuarios expone datos concluyentes. La escogida en cuestión debe ser rubia o asiática, poseer un título universitario, no fumar pero beber ocasionalmente, ser soltera, tener un  cuerpo atlético y, atención, practicar yoga y alimentarse de manera saludable.

De cara a un espejo imaginario me ubico en el polo casi opuesto a lo demandado. No soy rubio, asiático, ni atlético. Bebo de manera regular. Tengo un título universitario nada sexy y en su día fumé. Aún no me ha dado por el yoga, así que me queda una pequeña oportunidad con el tema de la comida healthy. “Si consigo pasarme al porridge de chía y leche de almendras quizá tenga una oportunidad”, me digo. “¿Una oportunidad de qué?”, me respondo. “No se trata de ser más sexualmente apetecible, se trata de alinearme con los que buscan una mejor versión de sí mismos”, insisto. “Tú lo que quieres es conocer tías”, me replica esa voz interior impertinente. Yo guardo silencio y quizá otorgo. Hoy desayuno en Bluebell Café.

Marián Valero y sus dos socias no querían preparar ni desayunos ni brunch. Ni siquiera pensaron en la comida cuando acariciaban el proyecto que para ellas tenía un objetivo superior: redescubrir el café de verdad a las nuevas generaciones. Sumarse a la “tercer ola del café”que comenzó hace quince años en Estados Unidos y se propagó como la pólvora por medio planeta. ¿Sus bases? Café de especialidad con tuestes más suaves y métodos de preparación innovadores. «Tomarse un café de estos es como beber un buen vino, se te llena la boca de matices», asegura Marián. La coyuntura que lo hace estallar todo se presenta cuando estas tres emprendedoras se dan cuenta deque la bebida hay que acompañarla con comida si uno quiere hacer viable el negocio. Además aquellos que van en serio con el tema del café quieren degustar algo la altura de este oscuro y exótico brebaje. Y aquí es cuando entro yo en escena, me siento en el acogedor local y pido una tosta de aguacate, uns moothie de zanahoria, manzana y jengibre y un té kombucha. Seguidme.

De fondo suena el tema “Me and Julio Down by the Schoolyard” de Paul Simon. El aroma del café Byron procedente de Honduras se mezcla en el aire con el efluvio esponjoso que emana de tres bizcochos que acaban de sacar del horno. Sobre la barra de madera reposa una tarta de naranja, cookies de tres chocolates, bolas de cereales, pastel de manzana con frutos secos. Una celosía enrejada da paso a un patio protegido de la luz matinal por parasoles. Los allí presenten se reparten en pequeñas mesas alternadas por un jazmín, un platanero, un hibiscus, un ficus, un helecho. A los que todavía tiene en la mente la encuesta realizada por Seeking Arrangement les confirmaré que sí. Que las mujeres rubias, asiáticas, atléticas, con títulos universitarios y practicantes de yoga comen sano y se preocupan por la calidad del café que beben. A mi alrededor además también yacen jóvenes atractivos con pinta de estudiantes de la Sorbona, músicos de la Berkeley, chicas morenas tatuadas, parejas que se miran y comparten confidencias en voz baja. 

La tosta de aguacate con brotes, queso parmesano, huevo poché y zanahoria morada despierta en mi boca papilas gustativas que hace años se declararon en huelga. El pan de centeno lo compran en el Horno Valencia, ubicado en la calle Sueca. Los huevos son ecológicos y provienen del Mercado de Ruzafa. La fruta y verdura se las sirve un productor local. Ahora Van Morrison entona “Brown Eyed Girl” y me siento vegano, rubio, asiático, adolescente, elástico, atlético, presente, francés, inglés, americano, estudiante, amante, lector de Henry Miller, propietario de un gato, de una buhardilla, de una personalidad profunda pero a la vez sencilla. ¿Puede una tostada transformarte?, me cuestiono. Me responde Bukowski. “A veces miro mis manos y me doy cuenta de que podría haber sido un gran pianista o algo así. Pero, ¿qué han hecho mis manos? Rascarme las pelotas, firmar cheques, atar zapatos, tirar de la cadena de los inodoros, etc. He desaprovechado mis manos. Y mi mente

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