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LA CIUDAD Y SUS VICIOS

Fidel Castro ya puede comer paella: abre en Cuba el restaurante valenciano La Barraquita de La Habana

 Un idilio entre cubanos y valencianos acaba convirtiéndose en el primer restaurante tradicional valenciano en la capital de la isla, inaugurado poco después de la visita de Obama a Cuba

30/04/2016 - 

VALENCIA. “Un pequeño rinconcito del Vedado con sabor y raíces de Valencia”. Cuba y el mundo están rompiendo el hielo y pruebas traigo. Tras el paseo cubano de la suegra de Obama, del propio Obama y el concierto hiperbólico y gratuito de los Rolling Stones, un nuevo elemento capital contribuye a derribar la celosía de decenios de bloqueo. Y ese elemento es… la paella.Obama, los Rolling y la irrupción de la paella coincidieron en el tiempo en una improvisada santísima trinidad.

El viernes 15 de abril, en una ceremonia íntima pero populosa en la que se desconoce si Paquito el Chocolatero retumbó en el hilo musical, La Barraquita de La Habanaabría sus puertas. Todo un hito -mudo y apenas revelado- de colonización valenciana por el mundo. Igual que los argentinos datan -en versión de Hernán Casciari- el momento en el que tomaron las riendas de España justo cuando La Lechera sacó al mercado leche condensada con sabor a dulce argentino, el país de los valencianos comienza a aprovechar las rendijas de la historia para colar persistente su gastronomía totémica.

La Barraqueta de La Habana es el primer restaurante made in Valencia en Cuba. Una manera de ampliar los sabores internacionales de la isla, escribía la prensa local. “Reitero, el estilo casero, el propio de cualquier hogar valenciano, será la nota distintiva”, deslizó el cronista de la revista Progreso Semanal.

 Una implantación en territorio Cuba fruto del idilio entre dos mundos. Uno de sus impulsores es Alejandro González-Coya, cubano casado con una valenciana. Del desembarco gastroideológico participan conocidos de la ciutat como Rodrigo y Eva Fernández, habitantes de ambos lados que han querido que un rincón de l’Albufera germinara en el Vedado (“un homenaje a la tierra que me acogió”). El administrador de La Barraquita -regla local- es un cubano, Rodrigo Reyes. Aunque el principal sustrato de esta barraca es Tania, la mano que mece los fogones y cuyos arroces -se dice, se comenta- mejorarían buena parte del pull gastronómico de las Arenas.

La Barraquita, en su primer mes, ha sido lugar de acogida de la comunidad española en la capital, recibiendo hace apenas unos días a convidados como los Space Elephants, el multitudinario grupo valenciano de música electrónica. “Inolvidable… de la terreta a La Habana”, opina un comensal reciente. También una vía introductoria de la dieta valenciana ante los isleños. Las primeras reseñas, en cambio, han ensalzado “una receta autóctona de Valencia” como “la carne sobre hojas de col”. El Jesús Terrés del periódico Granma deberá resolver el entuerto. ¿Qué son esas hojas de col con cosas?

 Una dificultad en La Barraquita: los ingredientes, los componentes esenciales de la paella, no pueden importarse desde su tierra de origen, sino que deben ser adquiridos en los comercios de propiedad estatal. A pesar de eso, confirmó poética la prensa de Miami el día de su estreno, “prima mucho el interés por sortear las dificultades”.

Esta Casa Carmela versión La Habana desprende estética de choza marinera, con azul costero, forja, ventiladores amarrados al techo y fotografías, muchas fotografías pendiendo de las paredes. Son obra del fotógrafo valenciano Joel Moreno y, como su imagen de marca, ceden el protagonismo al paisaje de l’Albufera, colmado de sol, bucólico perdido. El encuentro repentino con El Palmar en plena “calle 19 esquina a 12” de la Plaza de la Revolución.

El sueño que llevaban rumiando esta célula reivindicativa de valencianos quiere ir más allá y una de sus ambiciones es que la población isleña encargue paellas a domicilio, un servicio a punto de lanzamiento. La colonización cultural era esto. El Antic Nou Canal Nou ya tiene aquí un programa por hacer.


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