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HISTORIAS DE CINE

Grande en Uruguay: A propósito de Jane Austen, ese fenómeno de nuestro tiempo 

A la espera de ‘Love & Friendship’ de Whit Stillman, Hollywood presenta la innecesaria ‘Orgullo + Prejuicio + Zombis’; la fiebre cinematográfica por la autora británica sólo tiene 20 años pero no ceja 

1/04/2016 - 

VALENCIA. Es una verdad universalmente aceptada que Jane Austen (1775- 1817) es una de las autoras más valoradas por el cine. También que es una de las escritoras más revisadas, imitadas, copiadas. Forma parte del mainstream y su mención es una referencia infalible. Desde que en 1940 se rodara Más fuerte que el orgullo, con Laurence Olivier como el impenetrable Darcy y la bella Greer Garson como Elizabeth Bennet, parece que las adaptaciones de Austen se han ido sucediendo de manera periódica, principalmente en la pequeña pantalla, hasta convertirse en habituales durante las últimas dos décadas. De ahí que no sea extraño que el infame Seth Grahame-Smith se aproximara a ella para, a rebufo de una de sus obras más célebres, construir una fantasía inane. En 2009 publicó Orgullo + Prejuicio + Zombis, una bobada tan nutritiva como un paquete de patatas fritas que formaba parte de los lanzamientos de Quirk Books, entre los que se encuentran otras versiones impresentables como Sentido y sensibilidad y monstruos marinos. 

Satisfecho con los ingresos de su collage, Grahame-Smith alcanzó años después las más altas cumbres de la miseria con la no menos necia Abraham Lincoln: Cazador de vampiros. Las cosas de Hollywood, a algún ejecutivo adicto a la Coca Cola Light y el gimnasio le debieron parecer muy divertidos los libros de Grahame-Smith y en 2012 le produjeron la adaptación de su novela sobre Lincoln cazavampiros, dirigida por Timur Bekmambetov, cineasta de origen kazajo venerado por los oligarcas rusos. El desperdicio de dinero que fue Abraham Lincoln: Cazador de vampiros no debió ser bastante y desde Sony decidieron centrarse en la novela de 2009 de Grahame-Smith e impulsar el proyecto Orgullo + Prejuicio + Zombis, en el cual estuvo a punto de participar como protagonista Natalie Portman y de dirigirla David O. Russell, lo que hace poner muy en duda el criterio de ambos.

La maquinaria hollywoodiense no paró y tras cambios de director y protagonista, nadie tuvo el sentido o la sensibilidad de detenerlo y es por eso que llega este viernes a las carteleras españolas este film hijo de un sistema en el que lo único que importa son cuatro peniques más. Con la aquiescencia de Portman, ya sólo como productora, Burr Steers pergeña como guionista y director un largometraje de esos que se ven y se olvidan y que protagonizan unos sufridos Lily James y Sam Riley como Elizabeth Bennet y Darcy, respectivamente. Algún chiste, algún guiño, y poco más. Como bien señalaba Keith Uhlich en The Hollywood Reporter: “Es una verdad universalmente aceptada que la mayoría de la gente hace cualquier cosa para conseguir dinero”. Y esta película es un ejemplo de ello.

Al margen de las razones que han permitido que se realice con profusión de medios este subproducto (28 millones de dólares de presupuesto, que se dice pronto) y cuya única utilidad clara es pagar la hipoteca de los chalets con piscinas de sus artífices, lo que parece indudable es que Austen es vista como un valor seguro hasta para el productor más miope. Así, que volviendo a la primera frase, imitando el inicio de Orgullo y prejuicio se podría pues decir de nuevo que es una verdad universalmente aceptada que Jane Austen es una de las autoras mejor tratadas por el cine. Lo que sucede es que, como bien sabía Austen, todas las verdades universalmente aceptadas tienen muchos matices. En su caso, por ejemplo, no fue siempre bien recibida; no al menos desde el principio. Porque Jane Austen no era ni mucho menos una autora a la que Hollywood le hubiera prestado especial atención. Para hacerse una idea, basta señalar que la primera película sobre su obra, la antes mencionada adaptación de 1940 protagonizada por Olivier y Garson, tomaba como punto de partida una exitosa versión teatral… de 1922. 18 años pues mediaron entre las tablas y la pantalla. 

La primera persona que creyó en Jane Austen como material cinematográfico fue Harpo Marx. Sí, el mudo de los hermanos Marx. En virtud de su buena relación con el magnate de la Metro Goldwin Mayer, Irving G. Thalberg, Harpo le envió un telegrama a Thalberg tras ver en 1935 en Filadelfia la adaptación de Orgullo y prejuicio que había realizado Helen Jerome para teatroLadino, remataba el telegrama con un mensaje que sabía que a Thalberg le interesaría: “Sería fantástico para Norma”. Norma era Norma Shearer, la mujer de Thalberg, y acababa de ser nominada al Oscar por cuarta vez (ya había ganado uno y aún sería nominada dos veces más). 

Si bien la novela era ya de dominio público, Thalberg compró los derechos de la obra de teatro y ordenó a los equipos de la MGM que se volcaran en el proyecto. Como Darcy se seleccionó a Clark Gable. El rodaje debía empezar en octubre de 1936. Thalberg murió el 14 de septiembre de ese año de neumonía y aquello paralizó el proyecto. Meses. Años. En agosto de 1939 se anunció que George Cukor dirigiría la película en Inglaterra con Robert Donat como Darcy. Hitler invadió Polonia. La película volvió a Estados Unidos, Shearer abandonó el proyecto y fue a parar a Vivien Leigh, quien propuso a su entonces novio Laurence Olivier como Darcy; el último en llegar, el único que se quedó. Al final el protagonismo recayó sobre Garson y Olivier y el director fue el artesano Robert Z. Leonard, un cineasta hoy prácticamente olvidado, quien fue el encargado de poner imágenes al guión de Aldous Huxley y Jane Murfin. A regañadientes, tal y como contaba en sus memorias Confesiones de un actor, Olivier participó en una película que consagraría su estatus como héroe romántico. Alabada por la crítica, la película ganó un Oscar pero no es, ni mucho menos, el origen del reconocimiento audiovisual a Austen. El éxito de la película no hizo que se intensificaran las versiones sobre su obra.

No. La fiebre aún tardaría en llegar. Si bien Austen era una autora con un gran número de seguidores entre los amantes de la literatura, los llamados janeitas con devotos tan firmes a lo largo de la historia como Rudyard Kipling, Virginia Woolf o Edmund Wilson (“a Jane Austen merece la pena leerla entera; hasta sus fragmentos son admirables” decía Wilson), la novelista ocupaba un discreto segundo plano en las preferencias de los argumentistas de cine. Austen sólo era una presencia habitual en la pequeña pantalla. Incluso TVE se atrevió y se realizaron adaptaciones de novelas como La abadía de Northanger, Emma o Persuasiónprotagonizada por un jovencísimo Juan Diego. Pero el machismo de los productores (el cine era y sigue siendo un mundo controlado por los hombres) y los prejuicios de muchos de ellos la redujeron a mera inspiración para seriales. Había películas, sí, y se pueden citar casos como la alusión indirecta de Jane Austen en Manhattan (1980) de James Ivory, o versiones tan especiales como Metropolitan (1990) de Whit Stillman, en la que se adaptaba de manera sutil Mansfield Park. Rarezas.

Todo saltó por los aires en 1995. Fue entonces cuando coincidieron una serie de la BBC y dos películas de éxito muy diferentes entre sí que han marcado un antes y un después en la recepción en la cultura popular de la autora de Orgullo y prejuicio. La primera en abrir fuego fue la más peculiar adaptación de todas: Emma, trasladada a la pantalla grande por Amy Heckerling con el título de Fuera de onda. Protagonizada por Alicia Silverstonese presentaba como una comedia juvenil contemporánea en la que se combinaban los modales previctorianos con el Beverly Hills de los noventa, descubriendo singulares similitudes. La película llegó a los cines estadounidenses en julio de 1995 y tuvo tal éxito que con el tiempo se llegó a realizar una serie de televisión. Revisión inteligente del mundo de Austen (nada que ver con la superficialidad de Orgullo + Prejuicio + Zombis) Fuera de onda, descubrió el potencial de la escritora para muchos al lograr una taquilla de más de 56 millones de dólares sólo en Estados Unidos. 

Más incontestable aún si cabe fue el éxito que obtuvo la miniserie de la BBC que adaptaba Orgullo y prejuicio. Considerada como una de las mejores producciones televisivas de la historia, ocupa el número 26 en el ranking de IMDB. La miniserie, rigurosa, trabajada, se estrenó en septiembre de 1995. Dirigida por Simon Langton, contaba con un excelente guión muy teatral de Andrew Davies y estaba protagonizada por Jennifer Ehle como Elizabeth Bennet y Colin Firth como el señor Darcy, posiblemente el mejor Darcy hasta la fecha. Nominada a cuatro Emmys, ganadora de uno, la miniserie sentó las bases de la famosa versión de 2005 de Joe Wright, la protagonizada por Keira Knightley

Finalmente, a principios de 1996 llegó a los cines estadounidenses la adaptación de Sentido y sensibilidad dirigida por Ang Lee. Nominada a mejor película, el largometraje se beneficiaba del guión de la actriz Emma Thompson, quien durante diez años se afanó en construir un libreto que sintetizara todo el espíritu de Austen. Con un reparto en estado de gracia en el que cabe citar además de Thompson a una pasional Kate Winslet, Hugh Grant encantador y no epatante, Alan Rickman en una de sus mejores interpretaciones, y secundarios tan brillantes como Hugh Laurie, su éxito en taquilla con más de 134 millones de dólares recaudados en todo el mundo supuso un aldabonazo espectacular para la causa janeita y la confirmación definitiva de que Austen había encontrado su público casi dos siglos después de su muerte. Cuando Emma Thompson recibió el Óscar por el guión adaptado, resumió durante su discurso de agradecimiento la situación con una ironía muy austeniana. “Hace unos días estuve de visita en la tumba de Jane Austen y fui a la catedral a presentar mis respetos y contarle sobre los resultados en taquilla... Y no sé como hubiese reaccionado en una tarde como ésta, pero espero que ella sepa lo grande que es en Uruguay”.

Fue tal el éxito de todos estos trabajos que el programa Entertainment Weekly eligió a Jane Austen como Entertainer of the Year, la revista People la declaró como uno de los personajes más intrigantes de 1995 y en 1996 Vanity Fair proclamó que el escritor más en boga en la industria del audiovisual no era John Grisham o Michael Crichton, sino Jane Austen. Los janeitas habían alcanzado por fin el reconocimiento. Kipling estaría orgulloso. A partir de entonces se sucedieron sin solución de continuidad las producciones que tomaban como punto de partida un texto de Austen, convertida para el público femenino en una suerte de respuesta inteligente a universos tan masculinos como el de los trekkies, los fans de Star Trek; más interesante sin duda. 

La entonces en boga Gwyneth Paltrow protagonizó una simpática adaptación de Emma en 1996, a la que sólo lastró lo reciente que estaba Fuera de onda. Una más que notable adaptación de Persuasión para la BBC estrenada en julio de 1995 por la cadena británica, con Amanda Root como Anne Elliot y Ciarán Hinds como el capitán Frederick Wentworth, fue comprada por Sony Pictures y llegó a los cines de todo el mundo como si fuera una película (en España se estrenó en enero de 1997) proporcionando taquillas millonarias. En 1999, la cineasta independiente canadiense Patricia Rozema se aproximaba a Mansfield Park con una versión protagonizada por Frances O'Connor y Jonny Lee Miller e incluso hubo versión de Bollywood: Bodas y prejuicios (2004). Pero aún faltaba el gran golpe.

Con Jane Austen instalada como un referente continuo, en 2005 llegó la susodicha versión de Joe Wright con Keira Knightley como protagonista. Acompañada por un reparto en el que sobresalen Donald Sutherland y Brenda Blethyn como los señores Bennet, un más que correcto Matthew Macfadyen como señor Darcy, y secundarios como la bella Kelly Reilly, la versión de Wright tuvo la virtud de ser un epítome de cuanto se había realizado hasta la fecha. Con una celebrada banda sonora de Dario Marianelli y una planificación de manual, conseguía transmitir la magia de Austen, su crítica a las costumbres de su época y la arrogancia de los ricos, así como su rebeldía ante las leyes británicas que provocaban que las mujeres de clase alta estuviesen condenadas a matrimonios infelices con individuos deleznables como única fórmula para progresar social y económicamente (de las mujeres de clase baja ya ni hablemos) o mantener siquiera su estatus. Si bien se permitía licencias, demasiadas por los gustos janeitas, esta versión de Wright sólo por su secuencia del baile en Meryton ya merece un hueco en la historia del cine.

Estrenada en Gran Bretaña en septiembre de 2005, la ITV vio que el filón Austen era inagotable y en noviembre de ese mismo año anunció no una sino hasta   tres nuevas adaptaciones de la obra de la escritora. En concreto, el responsable de contenidos dramáticos Nick Elliott ordenó que se pusieran en marcha sendas versiones de Mansfield Park, La abadía de Northanger y Persuasión, convencido de que cada generación debería tener su versión de Jane Austen de referencia. Elliott percibió claramente que las críticas y postulados de Austen seguían siendo válidos y que, además, tenían razón de ser. En una sociedad que presumía de haber alcanzado cotas de igualdad nunca antes logradas, todavía quedaban muchas diferencias por superar. Al tiempo, se ponían en marcha proyectos basados en la vida de la novelista como La joven Jane Austen (2007) con Anne Hathaway encarnando a la escritora o Jane Austen recuerda (2008), con Olivia Williams interpretando a la autora con ironía y desparpajo. Dentro de esas revisiones del mundo austeniano también cabe recordar producciones como Conociendo a Jane Austen (2007), adaptación del libro de Karen Joy Fowler del mismo nombre en el que se combinaban los elementos esenciales de sus principales novelas incluyéndolos como parte de la trama. Dirigida por Robin Swicord y protagonizada por Maria Bello, Emily Blunt, Kathy Baker y Jimmy Smits, narraba las vivencias de un grupo de lectura de novelas de Austen que descubrían cómo sus vidas se iban pareciendo a las obras que leían. Y, cómo no, también ha habido nueva versión de Bollywood, en este caso de Emma, Aisha (2010), tan deudora de Austen como de Fuera de onda.

Inspiradora en la sombra de novelas como El diario de Bridget Jones o la serie Crespúsculo, comedias como En tierra de Jane Austen (2013) de Jerusha Hess que ironizaba sobre la devoción janeita a partir de una novela de Shannon Hale, y que podría haberse titulado Las mujeres también pueden ser frikis, así como diferentes series de televisión han hecho que el nombre de Austen siguiera presente en la cartelera y la pequeña pantalla hasta la llegada de esta aberración con forma de chiste que es Orgullo + Prejuicio + Zombis. Un desperdicio que a buen seguro será olvidado cuando llegue la nueva película de Whit Stillman, Love & Friendship. Stillman, quien ha reunido de nuevo a Kate Beckinsale y Chloë Sevigny con las que trabajó en The last days of disco (1998), adapta en esta ocasión la novela Lady Susan tomando el título prestado de otra obra de Austen.

Love & Friendship, que se estrenó el 23 de enero de este año en el Festival de Sundance, y que después pasó por el Film Festival de Rotterdam, iniciará este abril su carrera festivalera con paradas en Sarasota, Atlanta y San Francisco, previa a su estreno en mayo en Estados Unidos y Reino Unido. Todavía no hay fecha para España. Con una estupenda Beckinsale, el largometraje de Stillman pondrá de manifiesto la perenne magia de Austen, más allá de la enfermiza idolatría o la visión superficial, con un personaje insólito y rompedor como el de Lady Susan que visto hoy sigue siendo moderno y muy divertido. Como apuntaba Harold Bloom en El canon occidental, “Austen sobrevivirá incluso en los malos años que nos esperan, debido a la extrañeza de su originalidad y a la visión individual de nuestras perdurables necesidades, que sólo la literatura puede satisfacer”. Por ahora ha sobrevivido a un ataque zombi. Y, como diría Emma Thompson, sigue siendo grande en Uruguay.

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