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La Mostra de Pallassos de Xirivella cumple 25 años: "El ‘clown’ lucha una y otra vez contra el fracaso"

El director del festival, Vicente González San Francisco, repasa las claves de esta cita en la que imperan las narices rojas

2/11/2018 - 

VALÈNCIA. La risa como antídoto y liberación, la risa que exorciza, la risa que todo lo puede. La risa como arma y escudo ante las miserias cotidianas, ante esos pequeños fracasos que empañan las jornadas. La risa es sinónimo de dignidad. La risa siempre vence. Al menos, así lo creen los payasos. Y su empeño resulta contagioso. Para comprobarlo, solamente hace falta fijarse en nuestro entorno más cercano y echar un vistazo al pasado reciente. Xirivella, 25 años atrás. Los profesores de la Escuela Municipal de Teatro y el gestor cultural Vicente González San Francisco (conocido universalmente como San Fran) buscaban poner en marcha un evento que insuflara creatividad a las calles de la villa. Algunos de esos docentes habían comenzado a adentrarse en los mundos del clown, un universo que por aquel entonces apenas contaba con presencia en estos lares. ¿Por qué no apostar por esa senda tan poco transitada? Así nació la Mostra Internacional de Pallassos i Pallasses, que en 2018 cumple cinco lustros de vida convertida en un acontecimiento de referencia en el sector. Toda una travesía protagonizada por narices rojas, caídas hilarantes y una arrolladora voluntad de transformar la carcajada en un estilo de vida.

Con la nueva entrega del festival a punto de arrancar motores, hablamos con su director, San Fran, para conocer mejor los intríngulis de esta longeva cita artística que en 2018 cuenta con 12 compañías participantes y en la que Polonia ejerce de país invitado. Dejen a un lado sus tribulaciones: del 3 al 11 de noviembre los payasos se hacen con el poder, instauran la carcajada como bandera fundamental y reivindican la honorabilidad de su oficio.

-¿Qué evolución ha vivido el festival en estos 25 años de existencia?
-Hemos tenido bastantes vaivenes por culpa de la crisis económica, pero logramos mantenernos y seguir adelante. Tuvimos una época muy buena, con un presupuesto amplio y numerosas ayudas públicas. Luego vino un periodo crítico en el que mantener una programación de calidad era difícil. Ahora estamos en una fase de recuperación, estamos creciendo de nuevo y volviendo a experimentar momentos dulces. Visto con perspectiva, creo que perdurar es lo más importante. Perdurar es ganar. Hay festivales que aparecen y solamente sobreviven dos años, nosotros seguimos aquí.

- Desde la Mostra defendéis que el humor ‘payasil’ no tiene por qué ser ñoño o simplón, que también hay una corriente dentro del clown que juega a la transgresión, que se presenta como una sátira al poder o a los convencionalismos…
-De hecho, existen hasta compañías dedicadas a ello por completo. En la programación actual de la Mostra destaca una de las figuras más relevantes de esta tendencia: Leo Bassi, nuestro referente cuando se habla de transgresión. Todavía hay quien opta por propuestas algo adocenadas que siguen funcionando porque alguna audiencia no exige más. Pero nosotros sí exigimos más: nos gusta educar al público, hacerle llegar espectáculos críticos, incisivos y cañeros.

- En ese sentido, ¿cómo habéis realizado la selección de obras en esta edición?
-Tenemos dos criterios fundamentales: la calidad y la diversidad. Buscamos propuestas variadas que se dirijan a públicos diferentes: tanto familiar como adulto. Aspiramos a comunicar que los espectáculos de clown no tienen por qué ser solo para niños, que hay payasos cuyas propuestas artísticas van destinadas a un público maduro. Mucha gente asocia al payaso con la infancia o con los personajes de terror, nos gustaría poder acabar con eso. Por otra parte, el clown evoluciona, pero mantiene personajes como los payasos musicales o los excéntricos. Me parece muy bonito e importante que toda esa variedad pueda convivir bajo un mismo paraguas. A la hora de programar, también tenemos en cuenta la viabilidad, pues deben ser espectáculos que puedan realizarse en el teatro de Xirivella o en las calles del municipio, los dos entornos en los que programamos.

- Siempre se dice que la música es un lenguaje universal, ¿crees que el clown también lo es?
-Indudablemente, en estos 25 años hemos visto pasar a muchas compañías de payasos que no necesitan del habla, que conectan con el público a través de los gestos. Hay ciertas claves que llegan siempre a la audiencia: el humor, el fracaso que debe superar el payaso -ejemplificado en esos clásicos tropezones-, esa voluntad de volver a levantarse e intentarlo de nuevo. Todo eso es común al ser humano.

- En alguna ocasión anterior ya habías hecho hincapié en que el payaso lucha en el escenario contra el fracaso. ¿Hasta qué punto es uno de sus elementos estructurales como figura escénica?
- Los payasos abordan la lucha continua por superarse y transmiten ese deseo de no hundirse cuando las dificultades te avasallan. Su mensaje es que, ante los problemas, uno debe alzarse y decir: "esto es una prueba y tengo que tratar de llevarla a cabo con éxito". A pesar de los obstáculos lo vuelven a intentar una y otra vez sin perder la ilusión… y volverán a fracasar, pero no pasa nada. Es cierto que esa reiteración en los intentos produce risa en el espectador, pero también te transmite que no hay que afligirse o abatirse por no haber logrado un objetivo a la primera. Siempre hay que reponerse y acometer un nuevo empeño.   

Vicente González San Francisco  

-¿Cualquier tema puede ser abordado desde la comicidad de los payasos?
-En mi humilde experiencia, es así. Desde la óptica del clown se le puede dar la vuelta a cualquier tema y provocar la risa a partir de cualquier situación. Esa es la intención del payaso: que la gente comprenda a través de ellos que puede haber un mundo mejor.

- Tras tantas ediciones realizadas, ¿cómo de arraigado está el festival en Xirivella?
-Cuando viajo a otros eventos y digo que vengo de Xirivella, todo el mundo lo asocia con el universo de los payasos. Respecto a la población, año tras año ha ido calando y ahora tenemos un montón de iniciativas vecinales que han nacido a raíz del festival. Por ejemplo, Dones Clown, un grupo de aficionadas que realizan sus propias propuestas artísticas y colaboran con la Mostra. También tenemos al colectivo Més Riure, que organiza talleres de risoterapia. Incluso la Asociación de Comerciantes decora sus escaparates en sintonía con este encuentro, patrocina un Tren de la Risa y ayuda en el Esmorçar Solidari para PayaSOSpital.

-¿Consideras que esta cita es una forma de reivindicar que también hay propuestas culturales atractivas más allá de la capital valenciana, que no todas las iniciativas interesantes tienen lugar en la metrópoli?
-Por supuesto. Hemos observado que gran parte de nuestra audiencia viene de otros pueblos de la comarca, aunque también acude mucha gente de la ciudad de València. La urbe, en ese sentido, supone una competencia tremenda, ya que ofrece una cantidad de actividades culturales muy importante, ahora muchísimo más que hace unos años.

 

-¿Cualquiera puede ser clown o hace falta un talento innato para ello? ¿El clown nace o se hace?
-Desde mi punto de vista, y conociendo este mundillo, pienso que cualquier persona llevo dentro un payaso, simplemente hay que dejarlo salir. ¿Cuántas veces nos hemos reído de nosotros mismos o hemos hecho una tontería? Nosotros reivindicamos las tonterías, ¿por qué no? Bastantes problemas nos pone ya la vida como para no hacer tonterías de vez en cuando. Es cierto que el clown profesional exige una formación, pero cualquier persona que aplique en su vida una 'filosofía payasa' va a ser feliz y va a hacer más felices a los demás. Creo que la risa es muy sanadora y terapéutica. La risa es necesaria y resulta fundamental que la transmitamos. Pienso, por ejemplo, en Payasos Sin Fronteras o PayaSOSpital, que intentan mejorar la vida de niños que se encuentran en situaciones muy duras y complicadas. Sus integrantes, a menudo, son voluntarios que se dedican a otros oficios completamente distintos, pero se han formado como payasos y dedican a eso su tiempo libre.

-¿Dirías que el clown está aceptado como una disciplina escénica más o se percibe como un arte menor?
-Sin tirar las campanas al vuelo, me parece que cada vez está más reconocida y más aceptada. Pero a los programadores de los teatros les queda mucho por recorrer, este tipo de piezas no se exhiben lo suficiente. Desde aquí les digo que no se asusten, que los espectáculos de payasos funcionan muy bien y al público le gustan. 

-¿La sociedad conoce la amplia variedad que existe en el mundo de los payasos o aún se asocia esta figura con los personajes más tópicos y clásicos?
-Todavía queda mucho por hacer, sigue muy vigente el arquetipo de la nariz roja, la cara blanca y el "¿Cómo están ustedes?"…  Personajes como Los Payasos de la Tele eran fantásticos, pero han surgido muchos más artistas que emplean la técnica del clown con una estética y unos lenguajes expresivos muy distintos. De todas formas, si hablamos de la ciudadanía, nuestro objetivo utópico es que la palabra payaso deje de emplearse como un insulto, pues es una profesión muy digna.

-¿Cuáles son las grandes citas de esta edición?
- Yo recomendaría todo el programa, claro, pero si tengo que elegir unas cuantas, serían el show de inauguración de Guillem Albà & La Marabunta, lleno de música y gags; Manoretarium, títeres de madera que reproducen y homenajean a payasos del siglo XX; y, por supuesto, a Leo Bassi.


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