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DIVERSIDAD DESDE LAS FALLAS

Los ninots infantiles, sin pin parental

La exposición del ninot suele ser un botón de muestra de la creatividad fallera, pero también es un test para conocer hacia qué lado de la balanza se posiciona la sociedad y la cultura popular en causas tan candentes como el feminismo, la diversidad sexual o la lucha contra el bullying en las aulas. Hoy, los ninots clamarían casi al unísono contra el pin parental

20/02/2020 - 

VALÈNCIA. Los ninots presentados por los artistas a la exposición del ninot para lograr el indulto del fuego han sido —tradicionalmente— un reflejo del contexto sociocultural. Plasman el posicionamiento mayoritario y amable ante polémicas públicas y asuntos que preocupan a la ciudadanía. Este año, sobre todo en las categorías más modestas, predominan nuevos asuntos de concienciación ciudadana, en torno al cambio climático, el cuidado de los mares, la violencia machista, el bullying y también una defensa férrea del colectivo LGTBI. Las excepciones más reaccionarias han acabado relegadas al ostracismo por los creadores y artistas falleros.

Se podría llevar a cabo análisis desde muchos prismas. El de la estética es muy amplio y daría para un exhaustivo estudio. Hace un tiempo, según explicaba el catálogo razonado de los ninots indultats del museo fallero, coordinado por Gil-Manuel Hernández bajo el título de L’Indult del Foc, “uno de los motivos más recurrentes en la estética fallera era el contraste entre la caricaturización de los personajes masculinos y la estilización de los femeninos”. Esto ocurría hace dos décadas; hoy la afección y la estilización formal es común al tratamiento de todas las figuras, al hilo de las nuevas sensibilidades hacia la masculinidad y la feminidad.

Pero adentrándonos en materia temática, la evolución ha sido drástica en cuanto al encaje de la diversidad sexual. Hasta hace no muchos años, el afeminamiento o la pluma servían como arma para fusilar de caricatura agresiva y parodia a los personajes más conocidos por visibilizar su orientación sexual. Este discurso no se ha erradicado del todo; y en esta edición se pueden contemplar varias figuras que juegan a unir en matrimonio a parejas de hombres para hacer chistes; e incluso veremos alguna referencia forzada a políticos. En varias ocasiones aparecen Pedro Sánchez y Pablo Iglesias unidos en el altar; un recurso que, inocentemente, deriva de una visión arcaica de los pactos de gobierno y de la propia institución del matrimonio, desprendiendo connotaciones de un rol perverso de posesión.

El caso más acentuado del simbolismo y la conceptualización de los afectos en los ninots se da en el caso de la exposición infantil. Más de una decena de piezas hacen referencia a la diversidad sexual, y un puñado más se hacen eco de problemas derivados de la intolerancia al colectivo, como el bullying. Es el caso de la figura presentada por el artista Ramón Solaz para la falla San Vicente de Paúl-Diputada Clara Campoamor; un niño pájaro emerge de un cascarón, una pizarra repleta de pintadas acerca del miedo que se sufre durante la infancia cuando existe cualquier tipo de exclusión. Reza el lema Mira cómo vuelo, haciendo alusión también a la canción de Miss Caffeina, que justamente habla de soltar lastre para ser más libres.

La aparición de temas acerca del bullying, la unión de parejas de mismo sexo o la desexualización de algunos ninots, ayudan a educar al público en nuevos paradigmas, a los que forzosamente deriva la estética fallera

Otro ejemplo de contemporaneidad en los mensajes aparece en la escena infantil diseñada por David Ojeda para la comisión Doctor Sanchis Bergón-Turia. En esta aparecen dos figuras con sexos y géneros intercambiados, bajo el claim de Mi deseo es…, una clara defensa de la libertad para identificarse con los rasgos propios de cada género. Irá a parar a una falla titulada Crea tu mundo, y la presentación del proyecto estuvo apadrinada por el colectivo Lambda y la delegación de Solidaridad de la Junta Central Fallera, sumándose a esta iniciativa para colaborar a normalizar la transexualidad desde edades tempranas.

También podremos encontrar un homenaje a Javier Valiente, conocido en las redes sociales como Falles Revolution; y que abanderó al colectivo fallero desde la carroza de la concejalía de Fiestas en la pasada manifestación valenciana del Orgullo LGTBI. Se convirtió en un palleter en defensa de la diversidad, y ahora se traslada a una escenografía infantil para popularizar su mensaje de tolerancia entre los más pequeños. Es obra de Santiago Muñoz para la falla Alta-Santo Tomás.

En otros casos, los ninots nos acercan a los modelos de familia. La escena compuesta por los artistas Servior & Priol para la falla Primado Reig-San Vicente de Paúl exhibe a un niño jugando a una casa de muñecos, con habitáculos donde se ubican diferentes modelos de parentescos: del modelo monoparental a la pareja de padres gays y madres lesbianas, completando una escena que da pie a una comprensión mucho más abierta que el patrón heteropatriarcal de familia, tan divulgado por producciones de animación infantil, y que los artistas repitieron hasta la saciedad en fallas destinadas a ser leídas por parte de niñas y niños. Romper el cliché es necesario, y este año hemos visto muchos intentos.

Se produce una diferencia importante entre las figuras de categorías medias, entre las que aparecen los ninots a favor del colectivo LGTBI, frente a los de la sección Especial, que se centran en retratar a la familia tradicional para ganar votos.

El feminismo como movimiento histórico y global también guarda un espacio importante en esta muestra. Algunas representaciones más directas piden el fin de la violencia de género mostrando la cruel realidad: el número de muertes por esta lacra terrorista tan generalizada en nuestra sociedad, y que ya se ha cobrado 1.044 vidas desde que se contabilizan datos (2003). Así, el feminismo aparece también de forma abstracta en piezas como la de la falla Ripalda-Sogueros, del artista Vicente García Pastor; una anatomía de mujer compuesta por textiles cosidos en patchwork plasma la diversidad de estereotipos femeninos y su evolución libertaria al paso de las épocas; mientras con su mano frena la discriminación.

Como siempre hay excepciones, marcadas por ninots que se burlan de la figura de la mujer y trasladan clichés propios de épocas anteriores a la democracia. Pero lo importante es que la balanza ha cambiado radicalmente de pesos en los últimos años. Aun así, para una apreciación sociológica de calado alrededor de esta muestra de ninots, habría que dedicar espacio a varias figuras que representan a la mujer subordinada por dinero, que utilizan la expresión ‘salir del armario’ con cualquier motivo, o feminizan al hombre con la pretensión de reducir su prestigio social. Esta vez, eso sí, no ha aparecido ningún ninot de prostituta por el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe; una señal de que uno de los estigmas sociales más habituales en la ridiculización fallera está perdiendo valor en la bolsa del humor.

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