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crítica

Offenbach hipnotiza en Les Arts

25/01/2022 - 

VALÈNCIA. Valió la pena el cambio experimentado en Les Arts, -por asuntos covid al parecer-, eliminando de un plumazo una de las funciones de Los cuentos de Hoffmann, en más adecuado ajuste de lo programado, lo que ha llevado a contar con más y mejores ensayos, y a economizar medios, restando, además, riegos pandémicos. No hay mal que por bien no venga, con independencia del ya tradicional soslayo de la información veraz desde del coliseo del Jardín del Turia.

Pero con independencia de ese estilo, impropio de un ente público, en cualquier caso valió la pena dicho ajuste, porque además de lo ganado, lo mejor es que finalmente se logró servir unos cuentos de altura que dejaron fascinados, obnubilados, e hipnotizados a los aficionados que llenaban la sala principal del Reina Sofía.

La música de Jacques Offenbach, ya lo dijo César Evangelio en La Agricultura, -le recomiendo acercarse a esas interesantes charlas previas-, es de bulliciosa sonoridad. El francés, de origen alemán, compuso infinidad de comedias musicales entre pantomima, vodevil y opereta, repletas todas ellas del atractivo de la moda de música fluida, banal a veces, de melodías ampulosas, rítmicas, y pegadizas, muy deseadas por su público, que lo admiró en la época del imperio francés del XIX como un verdadero número uno. 

Quiso a la postre el compositor acercarse a la ópera, y lo hizo justamente para terminar su carrera, sin poder terminar Los cuentos, igual que le pasara no solo a la propia Antonia, sino también a Puccini con su princesa china, y a Mozart con su réquiem, tan inadecuadamente trufado en los últimos tiempos.

Una locura especial y enigmática

En cualquier caso, y a pesar de todo ello, y de los subsiguientes retoques, ajustes, versiones, mutilaciones, y remodelajes, -clic, clac-, Los cuentos de Hoffmann, existen, y como hija de la opereta moderna, es también destartalada, de bulliciosa sonoridad, …y más que de bulliciosa y extravagante complejidad dramática. Como resultado de la plenitud de su estilo, Jacques Offenbach crea una ópera de ensueño, fantástica, fantasmal, grotesca, y de difícil asimilación. Para la ocasión, el compositor, experto en comedia frívola, tomó el tema de los autores teatrales, -y finalmente sus libretistas-, Barbier y Carré, e introdujo al poeta alcohólico protagonista Hoffmann como narrador, quien transita toda la obra a la deriva por su loco deseo de amor, transformado en tres, a través de sendas aventuras, a cual más siniestra, patológica, oscura, e infernal, ante las que sucumbe. 

También el público sucumbió el domingo a la confusión buscada por los autores, que fusionan situaciones habituales con las fantásticas. Esa intención es parte de la esencia de Los cuentos, de manera que disfrutó a pesar de ello, y precisamente por ello. A ese punto fue conducido también por la acertada visión del regista, Johannes Erath, quien plasmó de manera contundente lo especial, singular y enigmático de la obra. Su idea es moderna, de calidad, y de especial interés por su adecuación al tema.

Erath y su equipo tratan de contribuir y aportar a la obra, opción abandonada por tantos registas. Con una clara implicación operística, ofrece un trabajo muy desarrollado y preciso hasta la plena fusión con la música. Con uso de gran número de recursos, crea un escenario para lo estrafalario, chocante, desordenado y esperpéntico de la historia, reflejando la enfermiza obsesión por el enamoramiento inalcanzable del protagonista, en contraposición al amor positivo apuntado al final en exaltación del arte. 

Para el caso de los protagonistas con cuatro personajes, realiza un tratamiento unitario del vestuario, enfatizando la idea de la unidad de lo que representan, dibujándolos así con éxito. Atiende especialmente la dualidad entre la musa y el diablo, así como al permanente sufrimiento del protagonista, invitando al espectador al acercamiento. Espejos, oscuridad, grises, proyecciones, cristales, perspectivas, sombras, reflejos. El oxímoron de la luz oscura lo materializa magistral Erath en su creación, que es atenta y acertada para la construcción de una realidad misteriosa.  

Más misterio

Llevó la batuta el muy experimentado Marc Minkowski, que se encontró con un extraordinario conjunto, -uno de los triunfadores de la noche-, al que supo sacar brillo, color, intensidad, dinamismo, y precisión. Y también y sobretodo, delicadeza y control del volumen. Ese es el misterio y el acierto. El buen aficionado tomó nota del detalle, y de cómo lo consiguió el director francés, acostumbrado a tratar orquestas de corte barroco. Quizá sea por ello, porque del barroco hay mucho que aprender. 

De la sensibilidad del maestro se impregnó la orquesta de la casa, que es poderosa y rica, pero no por ello, sino más bien por ello, debe estar en la dulzura y la poesía. Minkowski, didáctico, claro, meticuloso, y expresivo, atento a los solistas, coordinó genial al conjunto, del que supo extraer una permanente sonoridad sutil y heterogénea, para regalársela al público y al arte. El francés fue más efectivo que estiloso y elegante, volviendo a mostrar su peculiar movimiento corporal y singular uso del brazo izquierdo. 

Otro regalo fue, aunque ya es costumbre, el que los de Francesc Perales brindaron. El Cor de la Generalitat Valenciana acometió a la perfección cada momento, por complicados que fueron, con volumen, sonoridad, y ajuste, desde el foso en el prólogo, hasta el concertante final. Vaya la sensibilidad de los tenores en esos piano del inicio, y vaya rotundidad por el contrario, en los momentos fortísimo.

Bien comprometido y exigente es el doble rol de Musa y de Nicklausse, atendidos con mucha profesionalidad e inteligencia por la mezzo soprano Paula Murrihy, quien mostró dentro de la corrección ser resolutiva. Su timbre es expresivo, pero exento de dulzura y brillo. Su instrumento tiene carácter, pero carece de graves, sutileza y finura canora.

La aclamada Pretty Yende, laureada en el Operalia del gran Plácido Domingo, es un lujo que pueda estar en Les Arts. Abordó los cuatro papeles que el autor dedica a su cuerda, y que constituyen los personajes objeto de los anhelos amorosos del protagonista. Es una soprano soberbia a pesar de su juventud, de color y cuerpo líricos, capaz, sin embargo, de abordar más de lo que ahora acomete. A pesar de eso, o quizá por ello, hizo un entero estupendo. Su Olympia fue excelente, cantando con alma una marioneta exenta de tal entidad. Fue una Antonia obsesionada de gran factura canora, una Giulietta delicada y brillante, y una Stella compacta para terminar.

El instrumento de la sudafricana está dotado de un caudal canoro bellísimo, de fácil producción y de llegada impoluta. Quizá esa sea su mejor virtud: la de la claridad y limpieza sonora.  Es una cantante muy completa, de gran musicalidad, y de muchos recursos, virtudes que complementará con una presencia en tablas más centrada, para un futuro que le espera sin límite.

Más creíbles sobre el escenario se mostraron los protagonistas masculinos. El barítono bajo Alex Esposito dejó boquiabiertos a todos cuando de su boca salió el sonido squillante y timbrado para los cuatro personajes del mal: Lindorf, Coppélius, Miracle, y Dapertutto. Dispone de un instrumento muy capaz, con excelente colocación, y enorme sonoridad gracias a la eficaz utilización de los resonadores. Así, sus notas llegan al oído del espectador como si le estuviera cantando al ladito, como me hizo ver Javier Monforte.

El italiano, a pesar de su juventud se muestra sabio, dominando la escena, y haciendo un canto efectista, con su voz impactante, cruda y cortante, que es modélica para estos personajes del alter ego, a pesar de cierta falta de rotundidad en los graves y alguna dificultad en agudos por momentos. 

El otro ganador del concurso de Plácido Domingo presente en el Palau de les Arts fue el esperado John Osborn. Con su voz limpia, homogénea, compacta, y sólida, dejó claro por qué es hoy uno de tenores líricos más buscados por los mejores teatros del mundo. Hoffmann es un papel de severa dificultad y permanente presencia sobre el escenario, de alta exigencia teatral, que el estadounidense abordó con disciplina y sabiduría, siendo el triunfador entre los cantantes.

Dio gusto escuchar su bellísimo timbre gentil, emitido con facilidad, y con buena dosis de volumen. Puede discutirse su colocación más a la cabeza que a la máscara. También decirse que sus agudos podrían estar más libres para mejorar el vibrato, los armónicos y el color. Pero nadie puede negar que se trata de un tenor de altura, de corte y estilo clásico de los que no abundan, que sabe sacar gran sensibilidad de su máquina infalible y robusta, y que su técnica infalible le permite discurrir por la obra aportando un canto lucidor, sensible, sabio y homogéneo.

El numeroso grupo de coprimarios completan un elenco de una obra para no perderse. Todos ellos demostraron gran profesionalidad, poseer voces de muchas cualidades, de buen brillo y robustez en general, y de un encuentro sobre las tablas muy eficaz, que vuelve a hablar, sin duda, del trabajo de Johannes Erath.

El reto de encontrar los auténticos significados del arte, tiene con Los cuentos de Hoffmann un gran recorrido y espacio abierto, aparte de la discusión sobre la conexión más o menos encontrada entre la inspiración y la propia partitura grande del rey de la opereta francesa moderna, que poco a poco va adquiriendo su forma definitiva. 

Sea como tenga que ser, de momento, Les Arts ha apostado por una obra tan extraña como majestuosa, una de las clave de la historia de la ópera francesa, -a pesar del rompecabezas-, y la ha presentado con gran acierto. También con acierto, mucha fantasía esperpéntica, y extravagancia, Los cuentos de Hoffmann hablan nada menos que del amor sublimado en el arte, y también por ello, hipnotizado, deslumbrado, y quizá en una nube, -como Hoffmann-, el aficionado despidió la noche con aplausos entusiasmados. 

FICHA TÉCNICA

Palau de Les Arts Reina Sofía, 23 enero 2022

Ópera LOS CUENTOS DE HOFFMANN

Música, Jacques Offenbach

Libreto, Jules Barbier y Michel Carré

Dirección musical, Marc Minkowski

Dirección escénica, Johannes Erath

Orquestra de la Comunitat Valenciana

Cor de la Generalitat Valenciana

Hoffmann, John Osborn.  Musa, Nicklausse, Paula Murrihy 

Olympia, Antonia, Giulietta, Stella, Pretty Yende

Lindorf, Coppélius, Miracle, Dapertutto, Alex Esposito

Andreas, Cochenille, Frantz, Pitichinaccio, Marcel Beekman

   Crespel, Luther, Tomislav Lavoie. Spalanzani, Moisés Marín

Hermann, Wilheim, El capitán, Tomeu Bibiloni

Schlémil, Isaac Galán. Nathanael, Roger Padullés

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