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CRÍTICA DE CINE

'Todo el dinero del mundo': Ambición sin mesura

23/02/2018 - 

VALÈNCIA. A Ridley Scott seguramente le va a costar que la opinión pública no identifique su última película con la drástica decisión de eliminar al actor Kevin Spacey de todo el metraje después de que este fuera señalado por acoso sexual tras destaparse el escándalo de Harvey Weinstein. ¿Era realmente necesario? El miedo a que la industria de Hollywood y el público rechazara la película por estar protagonizada por un supuesto agresor sexual fue el detonante para que se llevara a cabo uno de los movimientos más surrealistas de la historia del cine, sobre todo si tenemos en cuenta que faltaban tan solo un mes para que se estrenara la película. 

Sin embargo, esto no parece haber afectado a la consideración de la cinta dentro de la temporada de premios si tenemos en cuenta que el actor que sirvió de apresurado reemplazo, Christopher Plummer, ha sido nominado a los BAFTA, a los Globo de Oro y a los Oscar, convirtiéndose en el intérprete con más edad de los premios, 88 años. Hasta el momento la más longeva había sido Gloria Stuart por Titanic, con 87 años seguida de Emmanuelle Riva por Amor, de Michael Haneke, con 85. El propio Christopher Plummer ya había batido otro récord al ganar el Oscar con 82 por su estupenda interpretación en Begginers, que supuso su renacer cinematográfico. 

No sabemos cómo hubiera sido la interpretación de Kevin Spacey, seguramente más sibilina y malévola, pero lo cierto es que Plummer ha logrado componer un imponente personaje al meterse en la piel del magnate John Paul Getty.

Todo el dinero del mundo narra la historia del secuestro del empresario petrolero en los años setenta cuando se encontraba en Italia. En la madrugada del 10 de 1973, Paul Getty, de 16 años, volvía de una fiesta con unos amigos en el barrio de Trastévere, en Roma cuando un coche se paró a su lado y lo metió a la fuerza en su interior. Era un blanco fácil, un joven que vivía una vida bohemia totalmente ajeno a las altas esferas en las que se situaba su célebre abuelo. A pesar de su fortuna, J.P. Getty se negó en reiteradas ocasiones a pagar el rescate por motivos “personales”, a pesar de que la suma resultaba absolutamente insignificante para él, 17 millones de dólares. Por esta razón, el secuestro de alargó más de lo debido. Cinco meses de calvario para Paul y su familia que culminó con la famosa oreja cortada y enviada por correo. Una escena que, por cierto, alcanza ciertos niveles de gore en la película al ser plasmada de una manera inesperadamente gráfica. 

Ridley Scott sabe sacarle todo el partido al secuestro a ritmo de thriller. Casi podríamos decir que se trata de una película de acción por la fisicidad que desprende en cada momento. No hay lugar para el descanso, los personajes se encuentran siempre en movimiento, en especial la madre de Paul, Gail (interpretada por Michelle Williams) y el emisario enviado por el abuelo para controlar la situación (antiguo espía de la CIA), J. Fletcher Chace (Mark Walhberg). Scott imprime su habitual músculo y profesionalidad a cada una de las escenas, aunque en ocasiones da una sensación de conjunto desarticulado, como si le faltase cohesión interna entre sus diferentes partes. 

Resulta inevitable relacionar la película con el modelo de cine mafioso italiano que puso de moda Gomorra, aunque el estilo de Scott no tenga absolutamente nada que ver con el de Matteo Garrone y sí más con el de Scorsese a la hora de adentrarse en las entrañas de una organización criminal, en este caso la calabresa. Sin embargo, su acercamiento no deja de tener un punto caricaturesco lamentablemente habitual en los cineastas americanos que se acercan a otras culturas y no saben cómo describirlas sin caer en el trazo grueso. Sólo hay que ver la forma en la que nos muestra a los integrantes de temida Ndrangheta, sucios y roñosos y al personaje de Cinquanta, interpretado por un francés, Romain Duris que tiene que esforzarse en poner el acento del sur de Italia característico de esta región con resultados algo cómicos.

Sin embargo, a Scott lo que de verdad parece interesarle es la figura totémica de J. Paul Getty como símbolo del poder absoluto. A través de él accedemos a las partes más oscuras del ser humano que tienen que ver con la ambición y la absoluta falta de empatía y sentimientos con respecto a los demás seres humanos que les rodean, ya sean o no de su familia. El dinero como símbolo de un capitalismo atroz que pervierte todo lo que toca. La avaricia como espejo de una sociedad que ha perdido cualquier tipo de escrúpulos. En ese sentido casi podríamos considerar que estamos frente a una película de terror con un terrible villano de la función. Plummer dota al personaje de esos matices lúgubres que lo emparentan con el cine gótico, como si fuera un monstruo encerrado en su castillo, filmado con planos ampulosos y grandilocuentes que no hacen sino subrayar el carácter pérfido de un hombre que terminó consumido por su propia codicia y por sus delirios de grandeza. 

Todo el dinero de mundo funciona sobre todo como reflexión en torno al poder y a la integridad moral de aquellos que lo ostentan. La cuestión es, ¿al fin y al cabo no es reflejo del Hollywood y del propio Scott cuando decidió borrar a Kevin Spacey? Como dice el Christopher Plummer en la película: “El dinero es lo único que importa”. Amén.

 

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