Adolfo López y David van der Veen, de Fandi, y Mariola Marcet

El resurgir de los 'souvenirs' valencianos

Abre sus puertas La Postalera, un espacio en el Casco Antiguo de València que se suma a la liga de pequeños comercios que recuperan y reivindican el producto local con un factor determinante: el diseño. En su caso, se especializan en el típico souvenir. Aunque, precisamente, tratan que no sea eso, típico. Con este proyecto de Fandi.es –Adolfo López y David van der Veen–, que cuenta con la interiorista y divulgadora de sostenibilidad Mariola Marcet, se termina con el destino fatal de los ‘recuerdos de’ en altillos, también con su condición de ‘pongos’ en las casas. Estos imanes, postales y bolsas de tela que celebran los clichés valencianos han nacido para gustar

20/03/2019 - 

VALÈNCIA. Posiblemente en no pocos altillos valencianos descansen gorras de Terra Mítica y alguna camiseta que reza un rotundo Recuerdo de Benidorm. No serán pocas las neveras en las que podamos encontrar imanes de todo tipo de destinos, o los restos de estos, después de décadas de constantes caídas al vacío. Es decir, al azulejo de la cocina. Precisamente, en un contexto de reclamos turísticos vía luces de neón y “por qué no decirlo, souvenirs muy cutres” creció Mariola Marcet (Alicante, 1981), natural de la ciudad levantina de los rascacielos, interiorista de profesión y divulgadora de consumo responsable por vocación. O quizás fuera al revés. De ahí a la respuesta afirmativa cuando sus amigos Adolfo López (Albacete 1980) y David van der Veen (Rotterdam, 1989) le propusieron encargarse del interiorismo de su nuevo proyecto, La Postalera, un establecimiento donde los clásicos souvenirs se convertirían en objetos de diseño. Dicho de otro modo, una iniciativa que reúne diseño, sostenibilidad y la modernización de unos objetos, los recuerdos típicos de viajes, “un tanto maltratados”, como dice Marcet.

Los artífices de la idea son Adolfo, que lleva diez años al frente del estudio de fotografía, vídeo e ilustración Fandi.es, y David, ilustrador que proviene del sector de la publicidad y que hace un tiempo recaló en la empresa de su ahora socio. “Trabajamos en pleno centro de la ciudad y durante muchos años hemos visto pasar oleadas de turistas visitando el Casco Antiguo. Muchos de ellos compraban objetos que, bajo nuestro criterio, no cumplen, ni de lejos, con el recuerdo que nos gustaría que se llevasen de aquí”, y así surgió la idea de crear este espacio, para el que se inspiraron en tiendas internacionales como Zalo (Grecia), The Vienna Store (Austria) y Teletorn Souvenir Store (Estonia). No es tanto un espacio de productos de siempre de marcas y empresas tradicionales –como sí lo es su vecina Simple o, a unas calles, Sebastian Melmoth– como un paradero de objetos indudablemente asociados al turismo –imanes, postales, tote bags...– sometidos a una renovación, diseño mediante. Hasta ahora, en València se podía encontrar una muestra de estos nuevos souvenirs en Poppyns o Gnomo, pero podría decirse que La Postalera es la primera especializada al completo en este resurgir. Sin embargo, sienten que todos van a una. “Los negocios locales nos apoyamos, intentamos entre todos mostrar la importancia que tiene todo el trabajo tras los pequeños comercios. Cuidar la estética tanto del producto como del establecimiento también forma parte de la ciudad. Enseñar lo mejor de Valencia está en nuestras manos”, exponen, en acuerdo, Adolfo y David.

“Trabajamos en pleno centro de la ciudad y durante muchos años hemos visto pasar oleadas de turistas que compraban objetos que, bajo nuestro criterio, no cumplen, ni de lejos, con el recuerdo que nos gustaría que se llevasen de aquí” (David y Adolfo, ideólogos de La Postalera)

Por supuesto que la tendencia global de apoyar, incluso reivindicar, todo lo local tiene mucho que ver. Glocal, según los expertos en marketing. La ecuación la completa una reciente obsesión de la moda por rescatar –y cubrir con una pátina de lujo– los souvenirs: de Chanel con Cuba, donde celebró un desfile histórico en 2016 que se acompañó de una serie de camisetas que bien podrían haber salido de una tienda de recuerdos, a Dolce & Gabbana, que lanza colecciones de pañuelos estampados con clichés italianos, incluso una línea de pasta. En La Postalera, Adolfo y David acogen productos de creativos y empresas locales en sus estanterías. “Contamos con algunos artistas valencianos como Cecilia Plaza, Lina Vila, Diego Ortola, Jota Jurado y los chicos de Closca, con su preciosa botella”. Eso, recalcan, por ahora, pues están abiertos a ampliar su repertorio con más talento de la terreta. Pero el punto fuerte de su espacio es aquél que explica el nombre del proyecto. Y que tanto entusiasmó a Mariola, que tendría que imaginar la distribución del espacio. “Me gustó que se pudiera escribir la postal que habías comprado y enviarla sin salir de la tienda, porque recuerdo que en verano envié una desde Italia y primero tuve que buscar un kiosco para comprarla, después, ir a una cafetería a escribirla y, por último, buscar una oficina de correos para enviarla. Por eso, para La Postalera, diseñé la mesa con el cartel que dice Let’s write, animando a escribir la postal allí mismo, y localicé el buzón que ahora se encuentra en el establecimiento. El sello se compra ahí mismo y tienen un servicio de recogida. Me parece una idea completísima”. “Sabemos de sobra que hay muchas cosas en estos tiempos que se nutren de la nostalgia, lo tangible tiene algo que todavía sigue vivo en nuestras mentes”, aporta Adolfo.


Muchas de las postales están diseñadas por David, que ilustran escenarios como el Micalet o el Cabanyal, elementos como los azulejos, la cúpula de la Iglesia de San Nicolás o fachadas antiguas; también falleras y falleros y, sí, naranjas, paellas… “Me dejo aconsejar por los chicos del estudio. Adolfo intenta bocetar –a su manera– las ideas que le surgen en momentos de creatividad y luego me los trata de explicar. Pero València es preciosa y la inspiración me viene sola cuando paseo por sus calles. Haber vivido fuera me ha dado una visión muy diferente. Siento que la ciudad está floreciendo”, concede. Cuentan que en las primeras semanas con la persiana subida la afluencia se ha repartido equitativamente entre turistas extranjeros y del resto de España, pero también locales. “Hace unos días vino una familia griega e hicieron fotos para escribirnos una reseña de tanto que les gustó el local. Los propios comercios de la calle también están muy contentos, nos beneficiamos los unos a los otros al crear más movimiento en el barrio”, añade David. En la inauguración, celebrada el 7 de marzo, sirvieron horchata, fartons, agua de València, Cerveza Turia, altramuces… Un catering que no se estudia ni enseña en las escuelas de catering, pero que es pura representación de lo de aquí. “En los últimos años se tendía a degradar lo nuestro. Lo de fuera siempre se veía mejor. Hay un cambio real de percepción y de valores, y este espacio es un ejemplo”, valora Mariola.

“En los últimos años se tendía a degradar lo nuestro. Lo de fuera siempre se veía mejor. Hay un cambio real de percepción y de valores, y este espacio es un ejemplo” (Mariola Marcet)

Por su parte, esta interiorista ha aportado no solo su expertise a La Postalera, sino también su sensibilidad medioambiental. Divulgadora de consumo responsable en la moda con su proyecto Upcyclick, partió de que el espacio, que anteriormente era una tienda de ropa, está protegido, por lo que no podía realizar obras. No obstante, para ella fue un punto positivo, pues el proceso sería más ágil dado que, cuando recibió la propuesta, tendría únicamente un mes y medio por delante para desarrollar todo el trabajo. “La suerte es que es un espacio abierto y muy bonito, con las bovedillas, vigas y pilares vistos. Supe que tenía que ser modular y flexible para adaptarse a los diferentes productos, a excepción de la zona de las postales y las láminas que sería su especialidad. Lo diseñé pensando en que el mobiliario fuera atemporal y que se pudiera usar de nuevo en caso de cambiar de local o de actividad. Además, hemos reutilizado piezas que ya existían: lacamos unos buzones antiguos y los usamos de expositores, la pata de la mesa está hecha con piezas metálicas de otro mueble, el buzón para enviar las cartas es de segunda mano, la lámpara del rótulo exterior es vintage, el sofá fue rescatado por Adolfo de la calle... Por último, el rótulo exterior ha sido elaborado a mano por un artesano de Manises y las lámparas de cuerdas son de una empresa valenciana cuyos valores son de máximo respeto por el medio ambiente y el ahorro energético. Esta idea giraba en torno a dignificar el souvenir, que tan mal imagen tiene, pero por el camino dignificamos mucho más”, concluye.

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