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1ª EDICIÓN

Distopías, fantasmas, experimentos y dragones: viaje al interior del Golem Fest

Fotos: ESTRELLA JOVER
3/12/2018 - 

VALÈNCIA. En ocasiones, la realidad se queda pequeña. Es entonces cuando necesitamos otros universos que nos permitan mirar más allá. Escenarios futuristas, épica a golpe de hechizo, criaturas sobrenaturales y gritos de ultratumba. La fascinación como motor vital. En ocasiones, es necesario salpimentar nuestros relatos personales con el asombro ante lo desconocido. De esas fuentes bebe el Golem Fest, el encuentro multidisciplinar de terror, fantasía y ciencia ficción que celebra en el Centre del Carme su primera edición del 7 al 9 de diciembre. La iniciativa pivota sobre la literatura, pero en él también encuentran cobijo el cine, el cómic, las series y los videojuegos.

La idea partió de la agente literaria, editora y promotora Susana Alfonso, quien se confiesa “forofa” de las historias de miedo. Hace años, quedó prendada por el festival Celsius 232 de Avilés y quiso poner en marcha un evento similar a orillas del Mediterráneo. Para organizarlo, decidió formar equipo con Juan Miguel Aguilera, diseñador y escritor, y José Luis Rodríguez-Núñez profesor de escritura y fundador de Bibliocafé. Fueron ellos quienes le propusieron abrir la cita a otros lenguajes narrativos. Primer evento valenciano de estas características, la querencia por abarcar distintos campos se ha convertido en el rasgo definitorio de la programación. “Soy muy fan de la Semana Negra de Gijón, que empezó siendo de novela noir, pero luego se fue expandiendo a la ciencia ficción, la fantasía y la novela histórica. Esa idea me caló porque consigue atraer a un público más heterogéneo. No estás predicando solo a gente ya convencida, algo que suele pasar en estos festivales, donde estás siempre dando vueltas a lo mismo. Preferíamos abrirnos a todo tipo de creadores”, explica Juan Miguel. Se proclama así una guerra de guerrillas a la endogamia y la cultura entendida como un compendio de rígidos compartimentos estancos.

Susana Alfonso. Fotos: ESTRELLA JOVER 

Expandir su actividad a Castelló y Alacant queda como asignatura pendiente para la próxima edición. “El proyecto es bastante ambicioso, tocamos tantos campos que englobamos a varios festivales en uno. Si conseguimos suficiente ayuda, se puede convertir en un referente no solo nacional, sino incluso internacional”, apunta Susana. La iniciativa, que cuenta con un presupuesto de 16.000 euros, aspira a consolidarse como nueva cita anual en una urbe que ahora mismo bulle en su propio caldo de propuestas culturales. Coincidiendo con su bicentenario, Frankenstein será una de las estrellas del encuentro. De hecho, entre las más de 60 actividades preparadas, se hallan las presentaciones de la plataforma Hijos de Mary Shelley y del volumen colectivo de relatos e ilustraciones Frankenstein resuturado (Alrevés, 2018). Mesas redondas -con ponentes como Ian Watson, Paco PlazaJosé Carlos Somoza o Jesús Cañadas-, talleres de escritura y proyecciones son algunos de los puntos fuertes del cartel.

Crear vida, creerse Dios

El imaginario popular nutrido en los derroteros de lo fantástico cuenta con un buen puñado de referentes. Entre todos ellos, el gólem, ese ser de la mitología judía creado a partir de barro que protagoniza un poema de Borges, se alzó como icono del festival. Y no fue por mera casualidad o capricho. “Quería huir de los nombres más trillados, como Drácula, y, además, encontrar un término que aglutinara los elementos que tratamos: un vampiro, por ejemplo, limitaba mucho más el concepto. El gólem es un clásico y para mí habla también de todo lo que se puede llegar a construir desde la nada”, sostiene Susana. “Es un personaje que está a caballo entre lo que parece ciencia ficción, terror y magia. Aborda, además, un tema eterno que está presente en los tres campos que tocamos: darle vida a lo inanimado, enfrentarte a la responsabilidad de jugar a ser Dios. Esa idea está por ejemplo en obras muy posteriores, como Blade Runner o El Señor de los Anillos”, señala Juan Miguel. “Es un reflejo de estos géneros, que lo que buscan es que el lector o el espectador sigan sintiendo ese impacto por lo diferente”, señala José Luis Rodríguez-Núñez.

José Luis Rodríguez-Núñez. Foto: ESTRELLA JOVER 

En esta búsqueda de la fascinación continua, el programa del festival se ha marcado ciertas metas. “Uno de nuestros objetivos es potenciar a los autores valencianos. Nos gustaría animar a alguna editorial local a crear un sello especializado en este tipo de literatura”, apunta Susana. Hacer cantera y acercar ciertos personajes a las nuevas generaciones es otro de los anhelos con los que arranca Golem. Por ello, cuentan con un bloque específico destinado al público más joven. Y es que, si aquí hay hueco para todo tipo de productos, también lo hay para audiencias de distintos tamaños. Se trata, al fin y al cabo, de lograr esa ansiada diversidad. “Queremos aproximar estos géneros a todas las edades con actividades en las que puedan participar. Deseamos acercarles a productos de calidad, estén de moda o no. Ahora Juego de Tronos es el emblema de serie exitosa de fantasía, pero esperamos que acaben descubriendo sus antecedentes hasta llegar a los orígenes del género”, expone Rodríguez-Núñez.

“Creo que es muy importante promocionar a las creadoras”, destaca Aguilera. Y es que, como sucedía con otros muchos terrenos, durante años, la ciencia ficción se ha asociado con autores masculinos, la testosterona parecía imprescindible para lograr éxito y reconocimiento. Sin embargo, Juan Miguel apunta a un viraje que va al compás de la actualidad: “el punto de vista que ha aportado la mujer ha sido la salvación del género en Estados Unidos: lo ha revolucionado y lo ha sacado de esos círculos cerrados de escritores a los que no les importaba la calidad de la obra ni los personajes, sino que simplemente querían hablar de naves espaciales”. Este giro de guion aparece recogido en la programación del evento, donde no solamente intervendrá la aclamada Elia Barceló -pionera de estas temáticas en nuestro país- sino que también servirá como presentación en sociedad de Artemisa, un colectivo de autoras centradas en este campo.

Más allá de “gnomos peleándose con espadas”

Golem aspira también a difuminar las etiquetas que rodean a estas ficciones y que a menudo las reducen a obras ‘de monstruos y marcianitos’ sin mayor recorrido o relevancia. El pobre Asimov se revuelve en su tumba; estaréis contentos, ¿no? “Es una cuestión de marketing. Cuando llegas a las librerías casi te exigen que tengas esa etiqueta para saber dónde deben colocar los ejemplares. Pero hay novelas que tocan muchos palos, ¿dónde la metes, es necesario ser tan exigentes? Eso lo que hace es dañar a la obra”, explica Susana. “He visto a muchos autores que tocaban este tipo de literatura y lo hacían con la boca pequeña, como de tapadillo”, sostiene Rodríguez-Núñez. 

Desestigmatizar estos géneros y reivindicarlos como creaciones de primer nivel son dos de las premisas que laten en la propia naturaleza del Golem Fest. “El público generalista los ve como piezas menores, han perdido prestigio y creo que se debe a la confusión con cierto cine muy popular de ciencia ficción. Pero 1984, Un mundo feliz o Crónicas marcianas son grandes novelas distópicas, no creo que nadie pueda hablar mal de ellas”, señala Juan Miguel, quien también apunta a la literatura latinoamericana, donde autores nada sospechosos de frivolidad como Borges o Cortázar “han entrado sin prejuicios en estos relatos. En realidad, La biblioteca de Babel es una historia de fantasía, pero al oír hablar del género la gente piensa en gnomos peleándose con espadas”. “Parece que se trate de algo que no es serio, que no es para adultos”, indica Susana. “Theodore Sturgeon contaba que en una charla le habían dicho que el 90% de la ciencia ficción era porquería, él les contestó que el 90% de todo es porquería. Hay muchas cosas que no valen la pena, claro, pero otras que resulta imprescindibles culturalmente”, implica Juan Miguel. Un descrédito que consideran especialmente implantado en tierras españolas: “le ha hecho mucho daño la etiqueta ciencia, hay muchos prejuicios al respecto”, añade el autor.

Juan Manuel Aguilera. Foto: ESTRELLA JOVER

De los juglares al streaming

Y de repente, lo inesperado. Ya sea en leyendas medievales o en películas en 3D; junto a la lumbre o frente a la pantalla del ordenador, la fascinación de los individuos por los universos mitológicos parece encontrarse en el propio espíritu del ser humano. Un rasgo inherente a nuestra condición de sujetos finitos. Ante la mortalidad, fantasía interminable. ¿De dónde surge esa pulsión por las realidades imaginarias? ¿Hasta qué punto la llevamos enraizada en el subconsciente? Juan Miguel lo tiene claro, la clave está en “el sentido de la maravilla. Por ejemplo, en el siglo XIV, tras el libro de Marco Polo, se crearon muchos volúmenes de viajes fantásticos porque la gente estaba ansiosa por encontrarse con lo extraño y exótico. Creo que es la esencia de nuestra civilización, el conocer algo que en principio es totalmente distinto a lo que consideras correcto, pero que acabas aceptando. Esa fascinación está en nuestros genes, igual que también está lo contrario: rechazar lo extraño. Hay muchas novelas de ciencia ficción en las que tienes que parar de leer para absorber todo el contenido, eso es lo que te engancha”. Otro concepto sobrevuela la charla: la libertad creativa. Frente a los corsés de los relatos realistas, aquí cada autor “puede construir un universo completo, una ciencia que no existe, un arte completamente nuevo…Eso solo puedes hacerlo en estos ámbitos de lo fantástico”, apunta Aguilera.

Los juglares ahora se llaman Netflix o HBO. Quizás por ello, arrasan las series que abordan esas realidades complementarias a la nuestra. Black Mirror, Stranger Things, El cuento de la criada o The Haunting of Hill House son algunos de los títulos que están marcando el tono del consumo audiovisual. “Las plataformas digitales han permitido que los usuarios tengan mucha más facilidad para acercarse a ese sentido de la maravilla desde el salón de su casa. Antes, por así decirlo, tenías que ser friki. Nosotros queremos difundir que la fantasía, el terror y la ciencia ficción no terminan con esas series, queremos que los espectadores acaben llegando a los libros”, explica el fundador de Bibliocafé.

Y en esta voluntad por lograr una audiencia amplia y abrir las puertas a la heterodoxia, Golem apuesta también por un campo tan demonizado por ciertos sectores sociales como es el de los videojuegos, “hoy en día, la industria nº1 del entretenimiento”, recuerda José Luis. “Buscamos integrar estos productos como una manera más de contar historias. Al final, los seres humanos somos esa tribu que se reunía en torno al fuego para escuchar relatos. Seguimos siendo los mismos, pero con más tecnología”, apunta. “Lo que no se puede es tener prejuicios ante las nuevas formas de narrar. Tenemos que conocerlo todo. A lo mejor a Golem viene alguien a quien solamente le interesan los videojuegos y acaba aficionándose a la lectura”, subraya Juan Miguel. Y es que, los mandos de una consola también pueden convertirse en una herramienta excepcional para bucear en las bambalinas de la cultura.

Cambian los vehículos de transmisión de contenidos, pero no los temas abordados: “que llevan siendo los mismos desde el principio de la literatura. Se busca tratar desde la ficción los grandes problemas del ser humano”, apunta José Luis. Y es que, aunque se vistan con los ropajes de la magia o los avances tecnológicos más epatantes, estos relatos están, a fin de cuentas, narrando quiénes somos hoy, qué rumbo están tomando nuestras sendas colectivas y qué es aquello que nos perturba o ilusiona. “La ciencia ficción no habla del futuro, sino del presente. No quiere predecir el porvenir, sino explicar la actualidad desde una perspectiva distinta para ver cómo va a evolucionar. El autor escoge un marco que le plantea una distancia, pero está hablando de su mundo, de lo que le rodea. Frankenstein abordaba la tecnología de la época, ahora Black Mirror hace lo mismo con cuestiones como las redes sociales. Lo que nos preocupa realmente es el ahora y hacia dónde nos lleva”, apunta Juan Miguel.

Salta así al terreno de juego el plano de lo simbólico, la representación de los temores mediante criaturas y fenómenos esperanzadores o amenazantes. Nombres ficticios para miedos cotidianos, el triunfo de la metáfora. “Cada época tiene sus picos temáticos. La Guerra de los Mundos refleja el sentimiento de culpa por lo que estaba haciendo el imperio británico en la India, en los años 60 había una fascinación por la idea de conquistar el espacio... Del mismo modo, desde hace un tiempo están de moda los zombis, que no son sino un reflejo de cómo nos asusta que venga una masa descontrolada formada por gente diferente a nosotros y nos arrebate nuestra forma de vivir”, explica el escritor.

El monstruo de barro comienza a dar sus primeros pasos ansioso por romper esos estigmas que emborronan sus renglones. Es hora de rendirse a las maravillas de esos otros mundos que nos observan desde la ficción. Es hora de rasgar las fronteras de la realidad y aventurarse hacia las rutas salvajes de la incertidumbre.

Fotos: ESTRELLA JOVER

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