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València a tota virolla 

En la reconciliación de los QR: los códigos pintura para València

Sobre cómo la ciudad podría aprovechar la fiebre de las ventanas emergentes para desplegar un menú de obras. De Alameda a Plaza España

6/02/2021 - 

VALÈNCIA. Ahora que, después de retozar en la inutilidad de los códigos QR, de depreciarlos, descubrimos que nos son útiles, nos abren ventanas, nos impiden tocar lo que no debemos… ahora es cuando la ciudad se ha convertido en una suerte de QR gigante en el que el plano se funde con la carga de datos en red. Un laberinto de información reemplazando los caminos propios de nuestros andares.

Es justo también ahora, cuando los planes se arremolinan en el sumidero, cuando la ciudad debería incluir, en esta ruta por el silencio, impactos que cubran la vertiente pop-pup de un momento único para las urbes. Grandes ventanas emergentes coloreadas de QR para que solo con acercar el terminal más cercano se active la visión de esa artista que deslumbró justo en ese punto, justo aquí donde yace la idea. 

De la mano de un puñado de anfitriones del arte, hacemos el primer simulacro para imaginar una València repleta de cicatrices artísticas, necesitada de que nos acerquen el encendedor para iluminarlas.

El Código QR entre la Pagoda y los Jardines de Monforte

El catedrático de Historia del Arte, Javier Pérez Rojas, se inclina en este enclave por reflejar la pintura Carnaval en la Alameda, una de las creaciones que más a fondo he estudiado de Pinazo y por la que siento una especial predilección”. Cuando Pinazo, en lugar de pintar, parecía estar grabando un largo plano secuencia. “Tiene un enfoque casi cinematográfico más que fotográfico de la dinámica y vitalista escena”. Pérez Rojas se ha detenido ante esta obra miles de veces: “es como un caleidoscopio de la complejidad del artista. Es una creación muy moderna y desafiante con la visión represiva del carnaval, siendo una de las primeras pinturas que muestra una secuencia de la vida festiva en un espacio confluyente de la Alameda. Es una pieza que resume con precisión la pluralidad integrada de la diversidad plástica que el artista desarrolla”. 

El Código QR en el subsuelo de la Plaza de España

Otro día hablaremos del desaprovechamiento de las estaciones como plataformas para la inspiración, anegadas casi en su totalidad por fines únicamente comerciales. Quizá para reparar esa carencia, la comisaria artística Isabel Puig se fija en la obra que María Tinaut emplazó en el metro de Plaza de España, a modo de un suspiro, casi en sí misma una ventana emergente: “descubrí la obra en un recorrido rutinario entre galerías. Su realidad formal nos invita a imaginar un cielo azul claro en las entrañas de la ciudad, —en ese escenario 100% antinatural e impersonal que suponen los pasillos del metro—. La idea de transformación que emana de esta pieza me fascina, su sencillez en la factura y la potencia de su conceptualidad, un equilibrio complejo en un mundo fagocitado por las imágenes que lo definen. Las palabras Days of Clear Blue Skies completan esta instalación que nos invita a rozar la mano de Félix González-Torres a través de su escritura, de su trazo. Adoro estos encuentros fugaces entre la contemporaneidad y la cotidianidad que se dan en nuestra ciudad”.

El Código QR del Mercat Central

Posiblemente al artista Luis Lonjedo le gustaría, en su encuentro con el Mercat Central, poder reproducir algunas de las visiones que de él han tomado nombres como Mariscal. En concreto, su obra Vista del Mercat Central de Valencia desde la calle Vell de la Palla. Dice de ella, Lonjedo: “me cautiva la frescura, la  inmediatez, la simplificación y el dinamismo de la imagen sugerida, que  recoge la idea de una calle viva sin recurrir a mostrar el tránsito de la gente. Se refleja el fluir del tiempo a través de lo cotidiano y una aparente sencillez en su proceso de creación. El dibujo elude los detalles y estructura una  composición abierta marcada por una diagonal ascendente, dando continuidad al edificio. El espacio vacío de la izquierda equilibra con maestría el conjunto, dejando que respire esta escena tan representativa de nuestra ciudad”.

El Código QR de Las Arenas

Que Renau no sea palpable, que no emerja de entre el paso por su ciudad, podría parecer un olvido. Que ni tan siquiera se le pueda percibir por Las Arenas, es directamente una desmemoria puntiaguda. Su obra del Balneario Valencia y su piscina luminosa, su trampolín en apariencia el lugar fundacional desde donde cada uno de nosotros en algún instante deberemos lanzarnos al vacío, genera una larga sombra en la visión moderna de la ciudad. Su cartel, de 1932, podría funcionar 90 años después igual de bien como soporte gráfico para streamers de nueva hornada, prueba de que Renau imaginó el futuro muy pronto.

El Código QR del Puente de San José

De Pinazo a Pinazo. El arquitecto José Ignacio Casar Pinazo rememora cómo Ignacio Pinazo Camarlench captó en, Bajo el puente de San José, una València que, siendo la misma, tras el mismo puente, ya no existe: “Recorrer la ciudad como un observador inquieto; descubrir actividades y encuadres inusuales; establecer el relato de la cotidianeidad; retratar la simbiosis entre la escala humana y la monumental; testimoniar infraestructuras hoy transformadas. Esta obra de pequeño formato ofrece una perspectiva inusual que habla de un cauce con agua, sin duda distinto al actual, y de una bóveda que protege a cuatro o cinco hombres que, con importantes sombreros, discuten o asienten durante las últimas luces del día.

El puente de san José fue intensamente transformado en 1906: se ensanchó su tablero sobre unas bóvedas yuxtapuestas, aguas arriba y aguas abajo, a las que pintó Pinazo, apoyadas sobre los tajamares. Y, además, se trasladaron las esculturas de Ponzanelli al museo de Bellas Artes; para acabar sobre el puente de la Trinidad en 1945, coincidiendo con la nueva ubicación del museo en el colegio de San Pío V”.

El Código QR de la Casa dels Bous

Igual no sería buena idea incrustar QR con las obras de Sorolla, porque de inmediato se reproducirían en cualquier flanco. Pero si en algún lugar debiera estar el código pintura de Sorolla, sería al paso por La Casa dels Bous, donde se vería el Regreso de la pesca, la obra, expuesta en Orsay, que representa a la mediterránea el espíritu del navío pictórico de Turner, El «Temerario» remolcado a su último atraque para el desguace. El eterno regreso, el eterno último servicio a la causa. Que la ciudad, en sus límites de costa, siga esperando la vuelta de sus pescadores, sería una buena manera de dar la cara al mar. Otra ventana emergente por abastar. 

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