CLOS TERRÉS

Es tiempo de terrazas en Valencia

Verano, es tiempo de terrazas, hielos y tapas al sol (y a sombra). De prensa del día, camisetas de algodón, dedos fríos y sal en la nuca

29/07/2016 - 

El verano es -debe ser- terraceo, rastros de arena en los brazos y un libro gastado. La prensa del día, camisetas de algodón, dedos fríos y sal en la nuca. Escotes (sí, ¿qué pasa?), mucha carne a pie de calle y miradas de reojo allá donde no llega la prudencia; al verano (para qué engañarnos) sólo se le puede llamar verano en una hamaca, en un chiringuito, en una terraza.

Porque sí, ya me lo sé: los atardeceres en el Templo de Debod en Madrid y el aperitivo a media mañana, pateando Rue Saint-Honoré, la ría de Bilbao (qué bonita, en verano) y Vondelpark en Amsterdam, sin más timing que lo que dicte el corazón. Pero… ¿algo mejor en el mundo (perdonen el chovinismo) que el verano en Valencia? Las primeras terrazas, las copas de vino y la paella sobre la mesa, con el Mediterráneo de fondo...

Es posible que Valencia no sea Sigtes ni Málaga (las dos regiones se disputan la estupidez del primer chiringo en el mundo) pero de terrazas, precisamente de terrazas no nos quedamos cortos. Terrazas gastronómicas, terrazas donde dar rienda suelta al sagrado oficio de l ´esmorzaret y terrazas donde, sin más, clavarte un buen bocata entre pecho y espalda. ¿Mis favoritas? Aquí van, sin ton ni son:

La primera en la frente: ¿Qué hacemos con Veles i Vents? Nos gusta (joder, nos gusta mucho) el edificio diseñado por David Chipperfield; nos gusta mucho la actitud y la experiencia de la familia de Andrés (Javier, Cristina y Jorge, los cachorros de Dolores Salvador) un matriarcado único en esto de la gastronomía española, de Loles fue la primera étolie Michelin de Valencia, para ‘Ma Cuina’ allá por el 82. Mucho ha llovido. Todo pinta bien para que la terraza de esta nueva Sucursal y de la arrocería La Marítima sea un espectáculo; y sin embargo (seamos honestos) no deja de preocuparnos el entorno. ¿Será que sí esta vez? Ojalá.

Tonyina fue restorán de la semana en Guía Hedonista y luce una orgullosa Estrella, pese a (así es) no tener cocina. No importa, lo que sí importa es que la cocina de Román Navarro no pretende nada más (ni nada menos) que hacer feliz al comensal —siempre platillos al centro, sin miedo a la fusión ni presión por epatar a nadie. Y por lo que estamos aquí hoy; esa fabulosa y minúscula terraza que tanta vida ha dado a la zona Aragón. 

¿Más terrazas? Vamos con la artillería pesada: la terraza interior de Komori en el Westin; para mí: la joya de la corona de las terrazas gastronómicas en Valencia. A la altura de Sacha en Madrid o Vivanda de Jordi Vilà en Barcelona, Komori es un oasis en las noches de Valencia (mejor, de noche). Nacho Honrubia dirige de la orquesta y Andrés Pereda oficia como sushi man en este vástago del grupo Kabuki en el que sería imposible encontrar mesa en cualquiera de las ciudades de arriba.

Otra terraza imprescindible: Aduana. De lo más nuevo (el edificio de Chipperfield) a lo más castizo del Cabanyal: el bar Aduana sigue en pie desde los años cuarenta siendo más o menos lo que siempre fue —un bar portuario. Echamos en falta un punto más de excelencia en el producto, especialmente teniendo en cuenta dónde están, pero al menos sigue intenta su alma más marinera. Que no la pierda.

Terrazas, piel y unos hielos

Porque no todo iban a ser experiencias gastronómicas, ¿no? Terracear también es una cerveza helada y unos cacaos del Collaret. Terraceo también es una horchata epistolar en Daniel (para qué andarnos con experimentos, si existe Daniel…) o una tarta de queso en la terraza de La Más Bonita en la Patacona: ellos han re-inventado el barrio. Terraceo también es un libro bajo el sol del olivo del Café Lisboa o un bocata de calamares frente a los Viveros en Kiosko La Pérgola, viendo pasar el tiempo y la zozobra.

¿No lo notan? Ya está aquí. Verano. Terrazas.