BODAS, BAUTIZOS Y CABALLOS

Ideal, La Hípica es ideal

Si como yo habéis invertido todos vuestros ahorros en una mansión neoclásica de cinco acres pegada al Elizabeth River, podéis pasar la ola de calor en la piscina de La Hípica de València

3/07/2020 - 

En el Anuario Hedonista de 2018 escribí que si me fuera a casar con un descendiente de terratenientes de la Bahía de Chesapeake, entre Maryland y Virginia, Estados Unidos, llevaría a mis futuros suegros a Aragón 58. Es el lugar para que se pusieran en la onda europea —los montaditos de steak tartar convierten a cualquiera— y se olvidaran de los crab cakes. Eso para cenar, que por la mañana les habría organizado una pequeña reunión familiar en la terraza superior de La Hípica, «tu masía en el centro de Valencia», como reza el eslogan oficial. 

«Theodore, Margaret, a vuestra derecha podéis contemplar la piscina en forma de pisada de equino, rodeada por un cuidado jardín tropical. Al fondo están las pistas de tenis y paddle. Justo debajo de nosotros, el servicio de cafetería completo. Si giráis la cabeza completamente, Margaret, querida, cuidado con las cervicales, por favor, podéis ver cómo los jinetes entrenan para el próximo campeonato de saltos. Se disputa el trofeo regional».  

A caballo entre un salón de bodas y una piscina pública

Del restorán de la hípica se decía que salía la mejor paella de verduras de la ciudad. Se decía cuando la paella de verduras no era la reina de los bares culturales de Benimaclet. De hecho, quien hizo la valoración gastronómica sabe más de solomillo que de platos compostables. Actualmente la carta consta de entrantes ligeritos, arroces y pescados y carnes con salsas al gusto de Escoffier. Recordadme que no deje que Theodore pida solomillo al roquefort, que tiene el colesterol por las nubes.

Bodas, bautizos, comuniones, fiestas de mayoría de edad, confirmaciones, prebodas, despedidas de soltera/o, quinceañeras, jubilaciones, reuniones de negocios, reuniones familiares, reuniones de amigos, reuniones de ex compañeros, encuentros, graduaciones, conferencias, charlas, tertulias, cumpleaños, babyshowers, eventos, presentaciones, jornadas, cursos, talleres, simposios, —esto parece la figura retórica de acumulación de Las cosas de Georges Perec—  convenciones, asambleas, aniversarios, bodas de plata, bodas de oro, bodas de litio, enlaces, fiestas, celebraciones, guateques, soirées, convites, banquetes, veladas.  «La Hípica es lo que se dice un espacio polivalente. Muy amplio pero muy acogedor. Es un lugar único por su emplazamiento. Es un pulmón, es ideal. Es una hípica, un espacio de deportes y un lugar de celebración y un jardín alrededor de una piscina. Lo que viene a ser un chalet muy grande para que la gente venga a disfrutarlo y lo tienes para ti cuando es tu celebración». El departamento de eventos lo cuenta fabulosamente: «La Hípica es ideal». 

La Hípica ya no es La Sociedad Hípica

De La Hípica te esperas un portero uniformado con el pelo engominado y el mentón en el décimo piso. Un San Pedro de los clubs sociales que conoce a los miembros por su nombre y título nobiliario. Pero en el menú del restaurante de La Hípica no hay conejo a la cazadora ni largas tardes de tertulia burguesa. Crees que vas a ver a un Bill Shoemaker con casco, botas, espuelas y fusta bebiéndose un julepe de menta, pero lo que hay son familias con niños pequeños en la piscina, una escuela de verano y clases de equitación, tenis y fútbol 7.

En 1997 el Ayuntamiento de València sacó a concurso público la gestión de la hípica —los terrenos pertenecen al municipio. La empresa familiar Fila Cero Producciones se hizo con el centro, que desde los años 50 hasta finales de los 90 fue gestionado por la Sociedad de Agricultura y Deportes. El Club Hípico estaba integrado en la Real Sociedad Valenciana de Agricultura y Deportes. En palabras de la sociedad (o sea, el Casino de Agricultura de Valencia): «siendo presidente Don Alfredo Gómez Torres, se creó la Sección Hípica de la Sociedad y, mediante acuerdo con el Ayuntamiento, en 1964 se firmaba la cesión municipal de los terrenos para el ejercicio ecuestre y actividades recreativas, lo que dio lugar a un espléndido periodo de treinta años en que se promocionó el deporte hípico y se organizaron numerosos concursos nacionales e internacionales». 

La hípica era cosa de aristócratas, militares (el Ejército construyó las primeras instalaciones hípicas de la calle de Jaca) y miembros de la burguesía. Antes de la construcción, los concursos hípicos se realizaban en el cauce del río. Ojalá caballos y runners compitiendo en el carril central. 

«La gente tiene esa sensación de que esto no es público, que no se puede entrar, pero es totalmente accesible. Todo el mundo puede celebrar eventos, comprar bonos para la práctica deportiva y hacer uso de las instalaciones. También del restaurante. Es cierto que debido a que ha sido siempre un club privado es la idea que lleva la gente, pero a partir de 1999 iniciamos una nueva andadura para dar una oportunidad a los valencianos de acceder a la equitación». Hípica para el pueblo

Ni mi futuro marido ni yo montamos, pero el aperitivo frente a la piscina decidiendo el color de la casa de invitados ha sido i-d-e-a-l.