'week-end' retrata cinco de los seis establecimientos que sobreviven en españa

Instantáneas desde el autocine: Gala Font de Mora traspasa el umbral de las pantallas más populares

26/05/2020 - 

VALÈNCIA. Advertencia: este artículo va a romantizar un espacio cultural. Va a ser así porque bien lo merece, y porque no se ha hecho tantas veces. Es por la noche, los coches llegan de una carretera secundaria que nace o acaba en la costa. Tras pasar por una ventanilla, una especie de peaje, se descubre un gran terreno de tierra con una pantalla grande como de altar. Los coches se colocan cerca de unos postes que son altavoces. Algunas personas se quedan dentro de su coches, otras sacan sillas plegables para verla al aire libre, otras acuden -con más o menos interés en la pantalla- a la cafetería. Es un cine sin butacas ni acomodadores ni escaleras con filas infinitas; pero cuando empiece la película, habrá igualmente un halo de luz, y también oscuridad, y en la pantalla sucederán cosas.

“El proyecto nace, en realidad, de la casualidad. Estaba en El Saler haciendo fotos al atardecer para un proyecto fotográfico cuando decidí entrar en el autocine para ver qué pasaba. En cuanto hice las primeras fotos, me di cuenta que tenía que explorar a los autocines en profundidad”, explica Gala Font de Mora sobre su proyecto Week-End, que presenta la librería y fotogalería Railowsky. Son más de una veintena de fotografías las que componen esta serie, hechas en cinco de los seis autocines que siguen funcionando en España. Un viaje onírico y romántico a estos lugares “olvidados” y “pictóricos”.

Caer en la nostalgia ha sido imposible: “mientras hacía las fotos no me daba cuenta, pero conforme el proyecto fue evolucionando, me di cuenta de que mis recuerdos de la infancia están muy ligados tanto al cine como a la noche, y que estaba plasmando cierta nostalgia porque el vínculo tan fuerte que siento con el cine”, comenta la fotógrafa. Sin embargo, el proyecto camino mucho más allá que una simple nostalgia, es la prueba documental de las sociologías, cambiantes y variopintas, que se reúnen en los autocines. “Cada autocine es diferente y su público es diferente y no se comportan igual. En València, la gente se queda más en sus coches, mientras que en Alicante o en Dénia, la gente sale más y parece casi un cine de verano”, relata.

Fotos: GALA FONT DE MORA MARTÍ

La Comunitat Valenciana cuenta con tres de los seis autocines que funcionan actualmente, y esta extraña situación podría doblar su número. Alicante contará, al menos, con uno más. La imagen mental de los autocines suele estar muy asociada a cierta decandencia, o a la nostalgía que responde a la estética americana y a las citas que se supone que tenían otras generaciones anteriores. Pero la realidad es muy diferente, Carles Miralles abrió su Drive-In hace casi 41 años. Su plan era abrir en verano y cerrar en octubre. La demanda era tal que nunca lo ha podido hacer, lleva más de cuatro décadas funcionando sin descanso.

¿Cuál es la fórmula del éxito de unos cines que han sobrevivido a todas las revoluciones propuestas como amenaza definitiva de las salas? En primer lugar, obviamente, el precio de la entrada, que suele ser muy asequible y con la posibilidad de una sesión doble. Pero en segundo lugar posiblemente ser la intimidad: “Los autocines funcionan porque su público son, mayoritariamente, parejas y familias. Y el ocio de parejas y familias mueven el mundo”, opinaba Miralles en una entrevista a este diario en el 40 aniversario del Drive-In. Ahora, el coronavirus les ha dejado un margen de más de un mes para ser los primeros cines de España en abrir. Ninguna otra sala estará abierta, al menos, hasta el 26 de junio. “Vuelven a estar de moda”, dicen algunos titulares, y la verdad, es que si nunca han estado de moda, tampoco lo han necesitado.

Volviendo al proyecto fotógrafico, es justo este aspecto de visibilizar y explicar cómo y por qué los autocines siguen en pie en 2020. Lo hace a través de las personas que lo habitan: el público, desde sus coches o fuera de ellos, y sus trabajadores y trabajadoras. “Es muy interesante esa insistencia en ser espacios diferentes, con unas normas y unas posibilidades que no tienen el resto de cines”, apunta la autora de la serie. Ahora, encara un nuevo proyecto: el de retratar cómo ha cambiado todo con el giro mágico que ha dado a partir de las medidas de distanciamiento a partir de esta crisis sanitaria. Volverá a los autocines para captar lo que ocurre en los coches, en las sillas plegables, en las cabinas. Algo importante tiene que pasar alrededor de un halo de luz que se va expandiendo conforme llega a una pantalla para que la gente lo quiera tanto.

La advertencia estaba hecha: el artículo iba de romantizar un espacio cultural.

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