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MITOS (IN)FUNDADOS

Lista de alimentos que provocan ‘mono’

El deseo de una onza de chocolate tras la cena, la necesidad de una bolsa de patatas sentado ante el televisor, la voracidad por zamparse una hamburguesa cuando el hambre aprieta. Tus instintos devoradores tienen un origen poco ancestral que a la industria alimenticia le viene estupendamente

Por | 21/10/2016 | 5 min, 37 seg

VALENCIA. ¿A qué eres adicto? ¿Seguro que a nada? ¿Ni siquiera al primer café de la mañana? ¿Y qué hay de WhatsApp? ¿Adicto a usar siempre una crema? ¿Y a comer palomitas cuando vas al cine? Todos tenemos nuestros vicios, algunos más confesables que otros. Pero cuando la necesidad pasa al plano nutricional, sobre todo en relación a un ingrediente concreto, se empieza a esbozar la idea de la adicción a la comida. Los estudios científicos en torno a este precepto se encuentran en un punto muy incipiente, pero su realización se ha disparado exponencialmente en los últimos años.

“Oficialmente los expertos que tratan las adicciones, los psiquiatras, no reconocen en su manual de diagnóstico de trastornos mentales (DSM–V) esta posibilidad”, explica Luis Jiménez, autor de Lo que dice la ciencia para adelgazar y del blog con el mismo nombre. Sin embargo, desde hace años existen propuestas de herramientas desarrolladas por expertos que se muestran convencidos de que algunos alimentos son capaces de provocar un fenómeno parecido al del tabaco o el alcohol. “También se están encontrando indicios a nivel neurológico y fisiológico que señalan puntos en común”, precisa.

Así que ya tienes algo más de lo que preocuparte: es posible que seas un adicto. Tanto si te pirras por las chucherías, como si llenas el plato de salsa de bote o deliras por las barritas de chocolate. Porque, como era de esperar, la lista de alimentos que provocan ‘mono’ viene encabezada por los productos ultraprocesados. Digeribles, sabrosos y poco recomendables.

Dudas razonables

Vale, vale, vale... ¿cómo de grave es esto? Vaya por delante que en el apartado de abuso de sustancias, que es como los expertos denominan a las adicciones, no se incluye nada relacionado con los alimentos. “Según los manuales de diagnóstico, solo la cafeína, y por descontado el alcohol, son capaces de crear un abuso”, precisa Jiménez. Ahora bien, los efectos que puede llegar a desencadenar un producto alimenticio concreto recuerdan mucho a los de otras sustancias adictivas, y esto lleva a replantearse su existencia. 

Pues yo solo siento deseo de snacks, refrescos, comida rápida...  "Todos estos alimentos desencadenan sensaciones muy rápidamente, haciendo que segregues neurotransmisores que provocan placer", explica el experto. Es por ello que la barrita de chocolate va directa a tu cerebro, donde no dejas de imaginarla, idealizarla, desnudarla... Pero cuidado, porque si esto sucede de forma repetida y durante muchos años, se puede generar una alteración neuronal y crear dependencia. Antes de preguntarte si existe la adicción a algún alimento saludable, replantea la definición de este término. En otras palabras, "el tomate es muy saludable, pero si te pones hasta arriba a diario, es probable que te genere problemas".

 ¿Y qué pasa con el chocolate? Los pocos estudios que han analizado los alimentos más deseados rinden pleitesía al chocolate, ese dulce protagonista de los sueños más felices. "Parece que es un alimento por el que nos sentimos profundamente atraídos, puede que por su sabor y su combinación de ingredientes", cuanta Jiménez, quien sin embargo establece una diferenciación: "El chocolate se usa en multitud de dulces y los hay mejores y peores, con una amplia diversidad de formulaciones que influyen en sus efectos".

Al menos entrará en juego la genética. Entre muchos otros factores. "Algunos estudios han señalado la existencia de genes que codifican receptores de neurotransmisores, pero son demasiado preliminares como para poder sacar conclusiones firmes", indica el experto. También hay informes que apuntan que la adicción en las personas con sobrepeso, medida con la escala YFAS (Yale Food Addiction Scale), es bastante mayor. "Los resultados oscilan entre el 10% y el 20%. También entra en juego el factor cultural porque, dependiendo de lo que uno haya comido a lo largo de los años, el cerebro necesita tiempo para programarse", añade. Las diferencias entre mujeres y hombres siguen estando en duda. 

Y esto... ¿tiene cura? ¡Meeec! Ahora es cuando las alarmas se disparan. Si los tratamientos para superar las adicciones a sustancias como las drogas son muy complejos y deben ser diseñados de forma personalizada por especialistas, mucho más remota es la cura de una dependencia aún no probada. " Que yo sepa, no hay expertos con experiencia en hacer tratamientos contra el sobrepeso con este tipo de enfoques. Es lógico, ya que todavía no está aceptado ni desarrollado", constata nuestro mentor, antes de alejarse con disimulo.

Vamos con la lista

Aunque Luis Jiménez es cauto en cuanto a los resultados de estos primeros estudios, "puestos a generalizar y de mayor a menor intensidad", los alimentos más deseados son:

1) Chocolate, dulces, bollos, galletas, helado y postres

2) Snacks, patatas chip, aperitivos de maíz y patata, galletitas

3) Pizza, precocinados-rebozados

4) Bebidas azucaradas

5) Pasta, pan blanco y arroz

¡Oh, Dios! ¿Entonces soy un adicto?

La respuesta a esta pregunta nunca es sencilla. Existen listados de síntomas generalistas, así como el citado cuestionario YFAS de Yale para las adicciones alimenticias en particular. Su contenido es bastante extenso, por lo que Jiménez incluye una versión reducida de este último en su libro El Cerebro Obeso. Atendiendo al mismo, soy adicto si... 

  • Me encuentro a mí mismo consumiendo ciertos alimentos sin hambre.
  • Me preocupo por reducir ciertos alimentos.
  • Me siento débil o cansado de comer en exceso.
  • Paso tiempo con sentimientos negativos por comer en exceso.
  • Tengo síntomas físicos de abstinencia, tales como la agitación, cuando reduzco el consumo de ciertos alimentos (sin incluir bebidas con cafeína, como el café o la cola).
  • Sigo consumiendo los mismos tipos o cantidades de alimentos a pesar de los problemas emocionales y/o físicos relacionados con mi forma de comer.
  • Comer la misma cantidad de alimentos no reduce las emociones negativas ni aumenta las sensaciones placenteras de la manera que solía hacerlo.
  • Mi comportamiento con respecto a los alimentos me crea malestar.

"En definitiva, podría valorarse una adicción cuando se piensa casi continuamente en comer, de forma que dificulte llevar con normalidad el resto de actividades, y cuando se pierda con frecuencia el control al comer", concluye Luis Jiménez.

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