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¿DE QUÉ BARS, NANO?

Los Malagueños (The Malaguians)

Los Malagueños es un clasicazo de las cenas de clase; creo que, de hecho, para empadronarte en Valencia tienes que haber vivido una o más cenas de clase en algún momento de tu vida en ese bar

Por | 03/07/2020 | 4 min, 32 seg

Si además ya tienes edad de hacer ruido al levantarte, posiblemente has coincidido con alguno de los camareros clásicos. 

Había uno mayor, con el pelo negro betún, que se parecía un poco a Al Pacino, y que llevaba la camisa siempre muy abierta (con sus consiguientes medallas de oro, por supuesto). Luego había uno que todavía está por allí y que iba siempre súper acelerado. Era muy majo y corría entre las mesas. Todo lo hacía muy deprisa e iba tan a toda hostia que, a veces, derrapaba. Ese era el camarero derrapón. Luego había un chaval jóven muy muy pálido y otro que siempre estaba metiendo ficha a las mesas de chicas. Pero mis favoritos eran los primeros.

Hoy he vuelto a Xúquer, más viejo y más sabio, a ver si todavía está en el árbol la raba que eché en la cena del Máster de 2009. 

Por fuera todo sigue igual, por dentro han hecho un poquito de remodelachione. La barra de metal sigue, pero antes había azulejo blanco y ahora es más Leroy Merlin. El detalle decorativo más pintón es un reloj-abanico con pájaros y flores de clara influencia chinorri que está en la pared tras la barra. Esa influencia creo que viene porque ahora lo lleva una pareja de Málaga, provincia de Pekín.

Entro, apoyo codo y pregunto lo clásico.
- Hola, ¿qué es lo más bueno que tenéis?

Y el camarero me responde:
- Yo, ja, ja.

Empiezo a pensar que debo cambiar la manera de preguntarlo. El tipo me indica que hay una carta (varios folios sueltos sin grapar) en una mesa cerca de la entrada. Que le eche un ojo a ver. 

Total, que bocatas, platos combinados, tapas sueltas, lo que viene siendo un classic bar. Nos decidimos por un magro con tomate, unas puntillas y… Oh,… ¿Qué es esto? ¿Qué ven mis ojos? ¿Alcachofas, nano? ¿En junio? ¿Qué clase de loca alquimia es esta?

Vuelvo a la mesa e inicio una danza de seducción para llamar al camarero. El camarero pasa de mi culo de un modo que deja muy claro quién pilota la nave. Al cabo de unos minutos viene a tomar nota, yo le pregunto si lo de las alcachofas es realidad, y me dice que cree que sí, pero que me lo mira. De cervezas pedimos tres dobles de Mahou de tirador, y las sacan con unos cacaos tostados.

Hace un solecito muy agradable y la terraza va llenándose poco a poco de gente que se empuja bocatas y menús del día a la par. Nosotros estamos teniendo una conversación acerca de que a mi colega le han llamado “equidistante” en Facebook. 

Llega el magro. Abundante tomate, pimiento verde y trozos de carne, todo ello sobre una balsa de aceite rojo que se ve healthy, prácticamente fit, realfooder. La carne pelín seca pero, venga, tira que te va. Mientras me lo como, además de ir con cuidado porque gotea y voy de blanco, tengo una visión mía de hace unos años, comiendo morro y bravas en una de las mesas de dentro. Suena el tema de “Aquellos maravillosos años”y yo estoy con el chaval que decían que era Marilyn Manson, pero luego no. 

Estábamos rematando el magro cuando llegaron las puntillas. Llevaban un pegotito de mayonesa al lado, y el limón que debe llevar toda buena fritura. El rebozado recuerda a una tempura, diría que es casero o, si es congelado, es un buen congelado. La puntilla un poco más sosa, le faltaba puntillor

Pasan los minutos y la ausencia de alcachofas en el horizonte va haciéndose palpable. 

- Perdona, ¿al final cómo está lo de las alcachofas?
- Ah, perdona. Que no, que no hay, lo siento.

Qué manera de jugar con los sentimientos de la gente. Chafón por alcachofa. Alcachafón. Cuando me repongo, decido entrar a echar un vistazo a la barra para pedir algo más. La banda sonora la pone un canal de fútbol que tienen puesto en la tele, y dos tragaperras diciéndose “Premiooo” la una a la otra. En el suelo veo a un filólogo muerto con la carta en las manos, se la quito y leo “champiniones”, “escarrat” y “Haway”.

Tras un chequeo superficial, me decido por una especie de ensalada veraniega, con tomate, cebolla, pimiento, huevo, atún y aceitunas, aunque las albóndigas no tienen mala pinta. Cuando llega a la mesa nos la ventilamos a gusto porque está fresquita pero, desde luego, no es una tapa estrella. Son cosas crudas cortadas juntas.

Bueno, pues con una cerve más y un café, salimos a 27 pavos y pico entre tres. Qué quieres que te diga, nano. Normal, un poco de indiferencia, todo podía haber sido mejor, pero también peor. Equidistante.

Goza de amplio aparcamiento.

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