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Sección oficial de La Mostra de València

'Magdala': Damien Manivel retrata los últimos días de María Magdalena

26/10/2022 - 

VALÈNCIA. Tras su estreno en Cannes, Magdala ha llegado hoy a la sección oficial de la Mostra de València de la mano de su director, el francés Damien Manivel. Una recreación del personaje bíblico de María Magdalena que el cineasta capta en el ocaso de su vida, retirada del mundo, viviendo en sintonía con la naturaleza, y rememorando a su amor perdido, el mismísimo Jesús.

La idea de abordar la figura de María Magdalena, ha explicado el director tras el pase de su película en los Cines Babel, surgió cuando estaba montando su anterior película Les Enfants d'Isadora en el que la reputada bailarina, coreógrafa y actriz afroamericana Elsa Wolliaston levanta los ojos al cielo: “Le encontré un acento místico y me dije que tenía que hacer una película con ella sobre lo sagrado. Primero pensé en la figura de la monja para descubrir después que era la santa la que me interesaba. El viaje de María Magdalena plantea la cuestión del exilio, la fe, la contemplación mística y, sobre todo, el amor loco”.

Las pinturas, poemas y las leyendas de la Edad Media fueron fuentes de inspiración para Manivel para plasmar la esencia de su protagonista: “Hay pocas representaciones de una María Magdalena anciana. Hay, sin embargo, una magnífica escultura de Donatello, donde ella está demacrada, con sus ropas hechas jirones. Lo que me animó como cineasta fue soñar con lo que podría haber ocurrido en ese bosque. ¿Cómo se alimentaba, dormía, observaba el mundo a su alrededor y en qué pensaba?”.  La película es, por tanto, “una ensoñación sobre su ermita y más concretamente sobre los últimos días de su vida. Hay muy poca documentación sobre ella. Sólo sabemos que pasó treinta años allí y que cuando murió, los ángeles la llevaron al cielo.  No es mucho, así que deja espacio para mi trabajo como cineasta”.

Más allá del tema religioso, para el cineasta francés María Magdalena sigue siendo una figura de plena actualidad: “Ella dice no al mundo, elige terminar sus días, sola, en la naturaleza. Su radicalidad es intemporal, podría ser una respuesta a la época actual. Ella me fascina y me inspira en la práctica de mi arte”.

En Magdala los recuerdos y visiones de su protagonista se representan literalmente: “Quería filmar artesanalmente e ingenuamente milagros. He visto cuadros en los que los santos ofrecen literalmente sus corazones. Es una imagen tan clara que quería permitirme lo mismo cinematográficamente. Muy pronto tuve en mente la imagen de la resurrección del pájaro. Vi un pájaro pequeño, diminuto comparado con el enorme cuerpo de Elsa, y pensé que había algo que se movía en esta relación de proporciones”.

Para Manivel, hacer una película significa tener al menos dos proyectos, “un proyecto de superficie que debe ser sentido, personal, y debajo de esta superficie, debe haber un segundo proyecto más secreto que mantenga viva mi emoción”. En ‘Magdala’ filma a un personaje bíblico que está vinculado a una herencia  y ofrece al mismo tiempo “una muerte cinematográfica a Elsa Wolliaston”, su proyecto secreto: “He trabajando con ella durante trece años, filmándola y todavía quiero filmarla. Lo más importante para mí era darle un papel principal que fuera digno de su talento y poder. Necesitaba darle ese regalo. Y a cambio, ella me dio uno enorme también”.

Respecto al personaje de Jesús, el cineasta asegura que hizo un casting y encontró a Saphir Shraga, que inmediatamente le impresionó: “No está muy presente en la película porque consideraba que no debía aparecer mucho. Y mantuvo una cara, una mano, una sonrisa brillante, una voz. Intenté capturarlo como un hombre como tú o como yo. María Magdalena y él son dos personas de carne y hueso que que se aman". En este sentido, era esencial para mí filmar la huella de lo que eran el uno para el otro entre sí al reunirlos para la escena del río. ¿Es el recuerdo de María Magdalena, su sueño? Quería filmar la forma en que se miran el uno al otro, el contacto sensual de sus manos manos unidas, la simple belleza de sus cuerpos desnudos a la luz del sol, el silencio antes de que un destino trágico los separe.

Respecto a la muerte de María Magdalena, Manivel, lo hizo de una manera muy concreta: “Para que el espectador sintiera que la muerte puede suceder pacíficamente, que sólo es el tiempo el que pasa, que a pesar el dolor, no es tan grave. Y al mismo tiempo, quería que esta muerte fuera grandiosa, brillante y dulce. El hecho de que se haya desarrollado en una cueva cambia todo, nos devuelve a la pintura”.

En comparación con otros directores, Manivel concibe la escritura como un proceso en curso: “Yo ya tengo imágenes en mi cabeza porque he estado preparando el rodaje durante muchos meses, pero mi placer como director es llegar al lugar de rodaje sin saber lo que voy a hacer, descubrir, por ejemplo, un árbol con una forma particular, mostrarlo al equipo y crear una escena con ese árbol en ese momento. Sé por experiencia que lo que me sorprende siempre me gusta más que lo que he escrito. escrito. Si un detalle, una luz o un gesto accidental me llama la atención, modificó la escena para integrarlo. Todo se inventa constantemente, en el presente”.

Frente a las posibles reacciones de los creyentes, el cineasta asegura que con esta película intenta alcanzar una sensibilidad ligada a cosas muy simples, muy materiales, como el cuerpo, la vejez, el sufrimiento, y también a cuestiones más interiores, como la espiritualidad, la soledad, el exilio, el duelo, el amor apasionado: “No sé si soy creyente, no me planteo la cuestión de esta manera, pero estoy convencido de la presencia de María Magdalena y del hecho de que, a través de Elsa, he intentado captar una parte de esta presencia. Es lo que hizo Donatello en su escultura. Lo que hace Rilke cuando escribe un poema. Intentamos captar cosas. Hay un espíritu, eso es seguro, y puede ser captado por fotografía, por la pintura, por un poema o una película".

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