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CARTAS DESDE BOLONIA 

Museos, revistas, laboratorios: la fascinante transformación de las bibliotecas públicas

Nuevos tiempos, nuevos lenguajes, nuevas prácticas. Las bibliotecas están sabiendo leer el cambio cultural. No rehúyen lo digital, sino que lo incorporan como espacio de posibilidades donde actualizarse, y donde visibilizar, revitalizar y democratizar todo nuestro patrimonio. Los resultados son extraordinarios

15/01/2018 - 

VALÈNCIA. Contra los apocalípticos de la modernidad, en ocasiones Twitter se convierte en un espacio apasionante y encantador. Entre debates, polémicas y últimas horas, algunas instituciones culturales afrontan los nuevos tiempos aprovechando los nuevos lenguajes tecnológicos. Si el público no viene, deberemos salir en su búsqueda, esa parece su filosofía.

La Biblioteca Nacional de España parte del hashtag #taldíacomohoy para hacerse un hueco entre las lecturas y diatribas del día. En su Time Line aparecen con cuentagotas tuits sobre efemérides o celebraciones que merecen la pena ser recordadas. El 12 de enero de 1832, Mesonero Romanos comenzó a escribir sus “Escenas matritenses” en la prensa de la época, dando comienzo a un género como el costumbrista, característico de la ciudad moderna y de la literatura del siglo XIX.

En esta ocasión, la cuenta de la BNE se convierte en un museo digital efímero, en el que aparecen las portadas de algunos de los artículos, datos de interés sobre el autor acerca de sus viajes o sus proyectos políticos, información sobre el mundo periodístico de la época (Larra, Espronceda, etcétera) o sobre el arte de los grabados en la prensa del momento. De repente, tenemos ante nosotros textos, diarios, mapas, imágenes y una serie de enlaces para profundizar en el mundo decimonónico, todo al alcance de unos pocos clics.

El interés de sus publicaciones no es nada desdeñable. El esfuerzo por conectar con un mundo nuevo y con nuevos lectores es encomiable. La Biblioteca Nacional tiene en cartel una exposición sobre la “cartografía de lo desconocido”. Que las bibliotecas existen como espacios culturales no es nada nuevo; sin embargo, que ese espacio cultural se expanda más allá del lugar concreto donde se sitúa la biblioteca, multiplica su capacidad de agente cultural.

 

La novedad reside en que también nosotros, desde casa, podemos transitar por esos mapas. A través de vídeos, imágenes y noticias, podemos rastrear mapas de todas las épocas, en blanco y negro, a color, con monstruos, mares, espacios trazados con tiralíneas, pueblecitos pintados con casas blancas y rojas. Testimonio de un mundo pasado. Testimonio de la conquista de un espacio atrapado para quien recorre con la vista y con los dedos el papel. O la pantalla.

El patrimonio no es solo un vestigio del pasado que merece nuestra reverencia, sino la referencia sobre la que seguir alimentando y enriqueciendo nuestra cultura. Esto lo ha entendido a la perfección la BNE, que tuitea con información sobre sus fondos mientras en Televisión Española emiten el Ministerio del Tiempo, o aparecen series históricas como La Peste o emiten películas como 1898 sobre la pérdida de las colonias en Filipinas. Interactuar con un público que observa, que habla y que participa. Colocar el debate cultural en el centro del espacio público.

 

En esta línea, uno de los últimos proyectos más interesantes y más innovadores, es la cuenta chefBNE. Entrar en ella significa atravesar el umbral de la casita de chocolate de Hansel y Gretel. El proyecto se encarga de recuperar recetas documentadas en los fondos de la biblioteca y elaborarlas en la actualidad. De este modo, podemos leer la receta de los macarons tal y como se elaboraban en 1747, y saber que desde el siglo XVI se elaboraban ya en el País Vasco. O podemos entender la revolución que supuso el chocolate en la repostería española a lo largo de los siglos. Siguiendo la etiqueta #comiendohistoria podemos ver recetas y creaciones siguiendo los manuales antiguos. Maravilloso.

Hay ciertas lecciones que nos reconcilian con la vorágine: en medio del mundo digital, hay un material atractivo y fecundo que actualiza nuestro mejor pasado, que nos lo convierte en contemporáneo. El trabajo de la BNE es encomiable a nivel histórico, gastronómico, patrimonial o cultural. Si surgió en el siglo XVIII como almacén de una vasta cultura con que asombrar al mundo y legitimar su dominación sobre otras naciones ‘inferiores’ (algo muy ilustrado y muy borbónico), en la actualidad realiza el camino contrario: salir de sus columnas y sus escalinatas, inaccesibles para muchos, y volcarse en la conquista de lectores, curiosos y generaciones nuevas.

 

Laboratorios en Valencia, Vila-Real y otras bibliotecas

La Biblioteca Pública de València, que lleva el nombre de la historiadora Pilar Faus, se sitúa en la intersección del barrio de Sant Francesc y Velluters, es decir, zona noble y barrio chino. En su entorno, tanto el MUVIM como el Colegio de Arte Mayor de la Seda completan un triángulo cultural rodeado de parques, terrazas y cafeterías. Un lugar luminoso y privilegiado en la ciudad.

El edificio de la Biblioteca del Hospital es un ejemplo de patrimonio al servicio del ciudadano, no privatizado, no demolido, no reconvertido en oficinas o supermercados. Como agente cultural, mantiene una agenda repleta de presentaciones, charlas, exposiciones, tertulias literarias, cuentacuentos o encuentros con escritoras o especialistas, entendiendo que una biblioteca de referencia hoy en día es un agente revitalizador de la vida cultural del barrio, no un mero contenedor de libros o un lugar silencioso para el estudio.

Las posibilidades de expansión son múltiples. La Biblioteca Pilar Faus mantiene una tímida presencia en internet: en Twitter, dinamizando su agenda cultural o la de otras instituciones; o en Facebook, mucho más nutrida, anunciando las actividades de la semana, advirtiendo de las novedades que llegan al catálogo o enlazando eventos de interés.

En este sentido, la Biblioteca de Vila-Real supone un ejemplo de activismo cultural en redes. Más allá del barrio están los píxeles. Su labor le han valido diversos premios nacionales, como el Premio de buenas prácticas entregado en el VII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en 2014, o el Premio al mejor servicio digital en bibliotecas públicas en 2016.

 

La razón del premio digital reside, entre otras cosas, en su activa presencia en redes, no solo enlazando contenidos de interés y creando vínculos entre instituciones, sino también generando contenidos propios. La revista Tesoros digitales contiene dossieres temáticos en los que la literatura se mezcla con la historia, con la ciencia, con la puintura o con el cine. Uno puede rastrear las islas, o el vino, o las vampiresas, o las femmes falates, o la Primera Guerra Mundial a través de sus textos, que enlazan fragmentos de obras clásicas, fotografías históricas, cuadros, films, etcétera.

Los dossieres ofrecen panorámicas temáticas a partir del patrimonio online y en abierto que ofrecen otros portales, otras bibliotecas y que ayudan a generar conocimiento, a modo de pequeñas exposiciones en línea. Por supuesto, la web da cuenta de las novedades que llegan a las bibliotecas de Vila-Real, y el Twitter propone lecturas interesantes de artículos relacionados con la cultura, pero lo más relevante son los artículos temáticos, así como los textos rescatados de Stefan Zweig, Emilia Pardo Bazán, Vicente Blasco Ibáñez o Edith Wharton. Como si fuera una biblioteca.

Al entrar en contacto con el mundo educativo, las posibilidades se multiplican. Los centros escolares han encontrado en las bibliotecas un aliado fantástico más allá de las aulas. No solo es el lugar donde sacar libros o trabajar en grupo, sino donde mostrar al municipio los proyectos llevados a cabo en el instituto o en el colegio y donde aprender a ser agente cultural en el barrio.

Las bibliotecas públicas de Benitatxell, Mislata, Llíria, la Pobla de Farnals Almenara, Burjassot, Guadasuar o Carcaixent han recibido en los últimos años sendos premios María Moliner por su actividad en el ámbito de la animación lectora. Talleres literarios, booktrailers o proyectos musicales fueron el fruto de la colaboración entre la escuela y la biblioteca que ayuda a entender la literatura como algo mucho más humano que una mera disciplina académica.

Nuevos tiempos, nuevos lenguajes, nuevas prácticas. Las bibliotecas están sabiendo leer el cambio cultural. No rehúyen lo digital, sino que lo incorporan como espacio de posibilidades donde actualizarse, y donde visibilizar, revitalizar y democratizar todo nuestro patrimonio. Los resultados son extraordinarios.

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