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FESTÍN EN EL AÑO NUEVO CHINO

Qué comer en el Año del Perro de Tierra

Y la respuesta no es perro. Nos adentramos en la liturgia gastronómica de la celebración de la Fiesta de la Primavera aka Año Nuevo Chino 

Por | 16/02/2018 | 5 min, 34 seg

Atrás queda el Año del Gallo de Fuego, que según el horóscopo es signo de tiempos rígidos y autoritarios. China y el mundo entero se preparan para dar la bienvenida al Año del Perro de Tierra, un noble animal que nos augura la consecución de los buenos deseos y los objetivos que nos marquemos. El Perro es símbolo de apoyo, protección e inteligencia que cuenta con la protección de las estrellas huagai y suija, esenciales para triunfar en entornos laborales, pero id con cuidado, mis queridísimos Piscis, Gallos y Perros, que de los éxitos nacen las envidias más ponzoñosas y no es un buen año para alardear de nómina.

 Desde el día 8 del mes presente las familias chinas están sumidas en una vorágine festiva: fuegos artificiales, limpieza exhaustiva del hogar para alejar los malos espíritus del año anterior, reuniones con amigos y horas de preparativos en la cocina bajo la atenta mirada de Zao Shen, el más importante de los dioses domésticos, cuya imagen preside las cocinas tradicionales chinas de leña.

El Dios de la cocina es una suerte de Virgen de los Desamparados coja -en chino el instrumento que se utiliza para atizar el fuego se llama ‘pierna de Zao Sehn’, buscad la pasional historia de su amputación- que supervisa la realización de las jiaozi (饺子), un tipo de dim sum casero que aquí conocemos como gyozas por influencia nipona. Estos dumplings son uno de las bocados más consumidos durante la ‘Nochevieja’ china, su forma evoca para algunos de los consultados un antiguo lingote llamado tael, cosa que viene a decir que la buena fortuna está al caer. Para otros son como semejantes a unas grandes monedas de plata china rollo tapacubo, que junto a largos tallarines conforman el plato ‘hilos de oro -por la pasta, en varios sentidos- y monedas de plata’.

«Tiramos muchos fuegos artificiales y petardos por el dios de la riqueza, todo está decorado con colores llamativos, que representan la buena suerte. Hay entre 20 y 30 platos, mucha comida. En el pueblo mis abuelos crían pollos de carne tierna, ¡muy tierna! Mucho más buenos que aquí. Cocinamos el pollo entero con setas secas y castañas. Me he olvidado de cosas... hace mucho que no voy al pueblo de mi familia» El que habla es uno de los jóvenes chinos que trabajan en la pastelería china Tiramisú, en la calle Pelayo, y probablemente ‘pueblo’ sea una ciudad con 4 millones de habitantes, como dato. 

La República Popular China tiene 9,597 millones km², un vasto territorio con una extraordinaria variedad gastronómica que, como cuentan en el Instituto Confucio, comparte en todas las provincias una fuerte cultura tradicional que se asienta en los pilares de la familia y la comida.

Diferencias regionales: mientras que las adictivas empanadillas chinas son más propias del norte, en el sur son más de nián gao (年糕), traducido como ‘pastelito pegajoso’ o ‘pastel del año’, una masa de inapetente arroz glutinoso que se cocina hasta que solidifica y que a veces se aromatiza con agua de rosas o pasta de judía roja. La versión chinesca de los mochis.

 En Guangxi, terreno colindante con Hong Kong, se entregan al azúcar para endulzar el nuevo año; los rollitos de primavera (plato de la primavera, 春盘) salen de la carta de chino chungo occidentalizado en Jiangsu, donde son muy apreciados y representan el duro trabajo y las buenas cosechas; los mongoles comparten con nosotros la tradicional pata de cordero al horno aderezada con lo que encuentran en sus gélidas tierras, mientras que la etnia daur compite para ver qué familiar se puede meter más pastelillos de arroz amarillo al vapor entre pecho y espalda. Los cuñados se lo pasan fetén.

En un bar de L’Olivereta la tímida voz de Yuhong, Jessy de nombre occidental, se intenta hacer oír entre los gritos de niños eslavos, chinos y españoles que ven Peppa Pig en la televisión. Con ayuda de un programa de traducción, el Google chino y palabras sueltas en inglés explica los básicos de la Fiesta de la Primavera: «hacemos una comida muy grande, cada comida es un significado de suerte. Uno de los platos más importantes es el pollo, el pollo pone la suerte, mejora el status de la familia entera, la familia se sube al pollo. Para que los estudiantes consigan mejores notas y vayan a una buena universidad hacemos albóndigas, gambas y mucha carne».  Para abrir boca, «patas de pato o de pollo, sopa de pollo. Oreja, rabo y lengua de cerdo».

La voz yú (pescado) tiene una pronunciación igual que excedente (), y tanto aquí como en Pekín los excesos a final de año gustan. Según el sinófilo Juan Diego Fernández Rosado, uno de los pescados más consumidos durante los fastos es la carpa, animal del que cuenta la leyenda que remonta el curso de los ríos para convertirse en un portentoso dragón, al igual que los chinos se esfuerzan en superar todos las obstáculos para mejorar en el business y atraer la prosperidad. El pescado se sirve siempre con la cabeza, que debe estar orientada al comensal mayor. Otra emplatado opta por conservar la cabeza y la cola hasta el cambio de año con la finalidad de ‘tener cabeza y cola’ (有头有尾, yǒutóuyǒuwěi), un cap i pota para recordar que hay finalizar lo que se empieza.

El final dulce del festín pantagruélico lo compone el fa gao (发糕), algo así como magdalenas cocidas al vapor y reventadas en cuatro pétalos que simbolizan la prosperidad. En la opción healthy, dátiles rojos que provocan enigmáticas muecas y risitas en Yuhong/Jessy que pone empeño en decir que no son como los dátiles de aquí; manzanas, cuyo concepto evoca a la expresión sano y salvo, o mandarinas con protuberancias, un fruto que también atrae a la buena fortuna. Y nosotros tirando las mandarinas bordes.

Que Cai Shen os traiga un bienaventuranza y enriquecimiento en este Año del Perro de Tierra.

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