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SILLÓN OREJERO

'Siegfried' integral: el cómic de Alex Alice que compitió con Wagner

Autor de novelas gráficas de aventuras de carácter épico, Alex Alice consiguió con su adaptación libre de Siegfried, el compendio de Wagner de la mitología y leyendas germanas, alcanzar la cumbre del cómic contemporáneo apelando al viejo estilo

30/10/2017 - 

VALÈNCIA. El pasado mes de julio Norma ha publicado la edición integral de Siegfried. Alex Alice, su autor, es de a los que se les quiere de forma especial. Su primera obra, El tercer testamento, publicada por Glenat, no consiguió cautivarme por el guión. Pero los dibujos de Alice eran espectaculares. Abadías, con sus pasillos y pasadizos, castillos en montañas nevadas, el Toledo medieval... Cada página era una sorpresa en esta historia de la inquisición y los evangelios perdidos de los esenios, pero por las viñetas, como digo. Lo que no quita que fuera una obra de gran éxito y que le situó como dibujante de referencia.

Su último trabajo, El castillo de las estrellas, de la que Norma ha publicado dos números, es maravilloso. Esta vez no hay elementos esotéricos y si ciencia ficción en sentido estricto. La historia gira en torno al éter, una sustancia cuya existencia quedó descartada por la teoría de la relatividad de Einstein, pero que los autores dan por válida a modo de ucronía. El resultado se comparó con una mezcla de Miyazaki y Julio Verne.

Sin embargo, la que realmente me dejó marcado es lo que hizo entre medias. Sigfried, una adaptación de El cantar de los nibelungos, poema medieval que reunía leyendas y mitología de los pueblos germánicos. Un libro que se cocinó y escribió él solo, sin ayuda de ningún guionista.

La lectura de la edición íntegra del tirón la hice poniéndome de fondo la ópera de Wagner, una de las más populares de la historia, y por momentos llegó a estorbarme. Tan atrayente y absorbente es el Siegfried en viñetas que me gustaba más que la música.

Hubo una película que a los niños ochenteros nos dejó patidifusos. El Excalibur de John Boorman. El periplo del rey Arturo, con sus hadas, su triángulo amoroso con Lanzarote, las peleas y el sexo con armaduras, todo en general en esa cinta, incluida la banda sonora de Carl Orff -que escuchábamos por primera vez en nuestra vida- te elevaba varios metros por encima de la butaca del cine. En estas viñetas, la sensación es semejante. La armadura blanca de Valkiria brillando en la oscuridad de una charca, mientras habla con la bruja, desprende la misma magia que las escenas esa peli. Por cierto, que a Jesús Fernández Santos, crítico de cine de El País, también le estorbó Wagner. 

Star wars a la germana

Aquí tenemos a un nibelungo que hace el papel de lo que en la cultura popular actual se identifica fácilmente con un "Yoda". Se llama Mime, el tío vive en mitad de un oscuro bosque y cría a un hombre, un humano, que le sirve de ayudante en su profesión: herrero. Entretanto, Odín se enfrenta a Fafnir, pero no puede hacerlo en su terreno, por lo que hace falta un enviado, un elegido, el señalado por una profecía.... etc... que es él: Siegfried.

Todo transcurre rápidamente, mientras Valquiria habla con la bruja pitonisa, por lo que tenemos un circo de tres pistas con lo que ocurre, lo que ocurrió y lo que ocurrirá, que narrativamente es espectacular. La bruja le dice a Valquiria mientras le revela el futuro: "el precio es que no podrás cambiarlo". Y así es, y aún así, te sorprende igual. La epopeya, además, tiene ciertos toques de humor naif. Su autor dijo en una entrevista que era una forma de marcar el contrapunto con la grandeza de los dioses.

Deicidio

Porque el último tomo, El crepúsculo de los dioses, lo que ocurre es que el protagonista nada menos que limpia la Tierra de criaturas celestiales. Es una cosa tan apoteósica como el final del Incal, con el añadido de que el guión que ha llegado hasta ahí es apasionante, no una suma de despropósitos aleatorios made in Jodorowski. La premisa al menos no es surrealista como los delirios del chileno, es contundente y las páginas se tragan tus ojos desde las primeras palabras:

Los dioses inmortales gobernaban el Universo.
Todo lo vivo temía su poder.
Todo lo que vive, a excepción de una criatura.
Un niño.

La obra es romanticismo puro. Quien debe velar por la ley, su propia ley, Odín, está atormentado por ello. Valquiria no puede controlar sus sentimientos. Siegfried lo que aprende durante una especie de catarsis es la predestinación. Convencerse de que debe encontrar su destino y cumplirlo.

Son todo planteamientos vitales que han puesto el mundo patas arriba una y otra vez, pero si usted no olvida que alguna vez ha sido niño, gozará con la historia. Con su carrusel de emociones primarias en escenarios formidables y cuidadísimos. No en vano, se trata de mitología nada más, no hay que confundirla con la realidad como hace tanto frustrado. De hecho Alice, quizá porque es francés, tampoco se deja cautivar del todo por el engañoso brillo del romanticismo y se reserva ciertas críticas veladas a estos comportamientos.

Puede ser un tópico, pero los planteamientos de Alice son los de la gran escuela del cómic, la franco-belga. La de las grandes aventuras, de las historias que se te quedan grabadas para siempre. El autor, consciente de hasta dónde llega su talento, ha declarado en alguna ocasión que a lo que aspira es a aprovechar al máximo todas las posibilidades que ofrece el papel como contraposición al cómic digitalizado, que no digital. Es ese viejo mundo que se resiste a morir gracias a artistas como él.

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