LLEGAN LOS VINOS NARANJAS 

Sobre vinos y mirindas

Hoy vamos a pintar la vida de color. Podría ser de un rosa muy rosa, de un azul eléctrico o de un verde de futuro. Pero no. Es otro. Uno de nuestros preferidos últimamente, por qué no decirlo, el naranja. Ese de lejanos mundiales, atardeceres madrileños y gloriosos refrescos. El mecánico, el chinorris, el de amigos que valen millones. El que dibuja esos vinos tan especiales con los que pensamos disfrutar de un buen rato como hedonistas que somos.

| 26/05/2017 | 5 min, 12 seg

Ese de lejanos mundiales, atardeceres madrileños y gloriosos refrescos. El mecánico, el chinorris, el de amigos que valen millones. El que dibuja esos vinos tan especiales con los que pensamos disfrutar de un buen rato como hedonistas que somos.

Vino naranja, ¿y eso qué es lo que es? Pues después de un tiempo preguntando por aquí y por allá seguimos casi en las mismas. Diríamos que hay tantas definiciones como elaboradores que los hacen. Están los que aseguran que deben ser vinos embaujados, preciosa palabra que, aunque creemos que no existe, significaría que han realizado toda la fermentación en contacto con las pieles. Hemos llegado a escuchar que simplemente son los que no llevan sulfuroso… Así que vamos a simplificar y llamaremos vinos naranjas a los de uva blanca que han pasado un tiempo con sus hollejos tomando ciertos tonos que van desde el dorado pálido hasta un intenso mandarina. A partir de ahí cada maestrillo tiene su librillo. Unos lo mantienen macerando sólo unos días, otros un año, algunos lo dejan oxidar… para gustos el tema del día, oiga.

Lo que parece más claro es que su origen, como el de muchos vinos naturales, se sitúa en Georgia, donde los lugareños, que quede claro, por mucho vino que tomen hablan georgiano. Ni eslovaco ni esloveno. Pero dejémonos de clases de lengua y geografía y entremos en materia. Que esto va de beber con la mente abierta y con la diversión por bandera.

Comenzamos el peregrinaje de cítrico color en Alicante con el Tinajas de la Mata 2014 (Bodegas Bernabé Navarro). De justo tanino, mineral y herbáceo combina bien con ensaladas, esta vez con una de alcachofas, tomate y mejillones. Porque una de las peculiaridades de los naranjas es que en muchas ocasiones van bien con los clásicos enemigos del vino como algunas verduras y el vinagre.

Un imprescindible en esta selección, aunque sólo sea por el nombre (que no)  es Orange 2014 (Bodega Cueva by Mariano). Aquí nos situamos en Valencia, en la Denominación de Origen de Utiel-Requena. Las uvas tardana y macabeo  se alían para dar un sorprendente resultado con olor a fresas. Pulcro, suave y pulido se bebe como el agua. Un riesgo que asumimos con gusto combinándolo con usuzukuri  de mero del Mediterráneo y un discreto aliño de ponzu.

De medida ejecución es el gallego CosPés 2015 (Forjas del Salnés. Vinos Atlánticos), un albariño que fermenta y se mantiene con sus hollejos en fudres de roble durante 12 meses. Un blanco límpido, atractivo y con encanto. Con el mismo que el del pez rubio, que vamos a tomarlo en caldereta.

En la italiana Emilia Romagna conocemos al travieso Dinavolino 2014 (Denavolo). Chisposo nombre para un vino de uvas malvasía, marsanne y ortrugo que trae recuerdos de pálidas flores y frutas con huesecillos. Sedosa textura y ajustada potencia que lo hacen muy versátil para comer, por ejemplo, con un plato típico de la zona: una deliciosa tarta salada de remolacha y espinacas llamada erbazzone.

Brincamos de los Apeninos a los Vosgosen busca del peculiar Vind’Alsace. Gewurztraminer 2015 (Ginglinger Jean &Fils). Fragancia de intensidad casi agotadora. Una tormenta apabullante de  pomelo con esos amargos que abren el apetito. Inmensa personalidad que nos encanta aunque lo advertimos, no es apto para todos los públicos. Nos lo tomamos con una tarte flambée, esa especie de pizza de la región, con muchísimo queso munster.

De vuelta a España, en Cuenca, tenemos este Aire en el Patio 2015 (Vinos Cano Zarco), un vino de uva airén con un año de maceración en castaño de 600 litros. Voladora potencia que al entornar los ojos se convierte en un tinto y que acompañamos de unos ricos zarajos.

Algo parecido le ocurre al Alba 2016 (Vinos Ambiz) de la Sierra de Gredos. Un albillo que aunque sólo pasa dos días con las pieles tiene la fuerza de un toro. Con él nos vamos al campo a comer un puchero de alubias de El Barco con bien de chorizo. Muy fino, oye.

También de la variedad albillo real, esta vez en compañía de la godello, es el zamorano Berretes Orange Wine 2015 (Bodega Rodríguez Morán). Un vino que fermenta en contacto con sus hollejos y que se muestra corpulento y redondo. Grato trago con un rotundo arroz a la zamorana.

De tierras castellanas a la Andalucía del Pedro Ximénez con el que hacen este Medicapa 2014 (Viñedo y Bodegas Marenas). Un vino de la Sierra de Montilla con un punto dulce equilibrado gracias a una linda acidez. Ideal con algo picante como una sopa vietnamita Bunbo Hue, que muy de Granada no es, pero nos apetece.

Y terminamos en el norte de Cáceres, en antiguos territorios del Reino de León, con un vino que aún no ha salido pero que verá la luz muy pronto. Muy muy pronto. Es el Antier Tradición (Viñedos Históricos de Sierra de Gata) elaborado con las variedades ojo de liebre y verdejo serrana, macerado con sus pieles, con crianza oxidativa en hormigón y mezcla de añadas. Aromas a fruta y escarcha con sabor a tradición cartesiana y compleja pitarra. Forofos de tomar este blanco viendo jugar a nuestro equipo favorito con un bocadillo de morcilla de calabaza y un chorrito de aceite de oliva local.

A partir de aquí, prueben y elijan. Hay para todos.

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